antipatriarcales, antifascistas, antiimperialistas

antipatriarcales, antifascistas, antiimperialistas

buscar

Síguenos en Twitter:

Insurrectasypunto es integrante de

Apostasía Colectiva en Argentina

Venezuela: Línea Aborto

Información Segura

Telef: 0426 - 1169496

 

México / Feminismo: Ampliar la acción ciudadana Imprimir E-mail
Lunes, 21 de Junio de 2010 03:28

 

Marta Lamas* / Fempress / Rimaweb

En la actualidad, en México, hablar de feminismo es referirse a un reducido grupo que denuncia la subordinación de las mujeres, que remacha con la perspectiva de género o que exige cuotas en los aparatos partidarios o en el Congreso.

El aspecto político del feminismo tiene más presencia en detrimento de su dimensión cultural. El feminismo, como pensamiento intelectual, como la integración de un discurso crítico cultural a partir de la diferencia sexual, no es un fenómeno sustantivo en mi país. Ahora bien, el feminismo político no es unidimensional; la diversidad de organizaciones, corrientes y orientaciones en su seno impide establecer etiquetas fáciles. Prefiero referirme a mi experiencia local e individual.

En la corriente a la que pertenezco ha habido una evolución de los formatos de organización y de las orientaciones estratégicas. Concretamente hay un paso de una visión de la política como territorio extranjero, o como una práctica masculina, a una reivindicación del juego político como algo necesario y propio. Muchas nos hemos vuelto reformistas, entendiendo reformismo como persistir en los objetivos radicales pero con métodos moderados.

Esto se expresa en la creciente profesionalización de la intervención feminista en la vida pública, vía las ONG o la participación en estructuras gubernamentales y partidarias. Hemos dejado de solo impugnar y denunciar las acciones del gobierno y de los partidos y hemos comenzado a dialogar con las autoridades o construir alianzas políticas. Esto es reciente. Apenas el movimiento se inserta en la dinámica política nacional vía el ejercicio ciudadano de sus militantes y de sus exigencias a participar en la formulación de políticas públicas. Ahora bien, una de sus manifestaciones vigentes sigue siendo "la política de identidad", que favorece que en los grupos se encaucen inquietudes políticas y vitales sin la necesaria separación entre hacer y ser. Hay activistas refugiadas en pequeños grupos sectarios, y también las integrantes de organizaciones más abiertas tienen actitudes mujeristas e identitarias. Esto produce dislocamientos discursivos, falsas oposiciones y confrontaciones personalizadas.

Estas dificultades para la construcción de una nueva configuración política se compensan con una especie de capacitación emocional, política e intelectual que obliga a dejar de ser víctimas e impulsa a pensarse como sujetos políticos. Visto así, el impacto político del movimiento es visible en la vida de muchísimas mujeres. Más allá de las discrepancias previsibles y absurdas, los objetivos generales del movimiento son retomados silenciosamente a lo largo y a lo ancho de México. Considero urgente y necesaria, y sé que es posible, la renovación de la dinámica política caracterizada por la conjunción del pensamiento mujerista con una política arraigada en la identidad.

Tal vez la principal lección aprendida por el movimiento feminista a finales de los noventa es la inexistencia de la unidad natural de las mujeres; la unidad tiene que ser construida políticamente. Esto ha erosionado en algunos grupos el pensamiento mujerista y, a su vez, ha revalorado la relación con las demás fuerzas políticas. Creo posible la reinvención del movimiento a cargo de las jóvenes, que viven otras expresiones del sexismo, que enfrentan otros problemas existenciales y que tienen otras aspiraciones. Las jóvenes inventarán el nuevo feminismo (tal vez con un nombre distinto).

A nosotras, más que inventar lo nuevo, nos toca autocriticarnos, terminar con tanta autocomplacencia y dirigir nuestros esfuerzos a un mejor registro y análisis de lo vivido, y desarrollar una interacción más sostenida con la filosofía política y las ciencias sociales. Para "trascender" lo que ha sido el feminismo, es necesaria más elaboración teórica, más rigor intelectual. En el movimiento en México casi no se discute por escrito, ni se analizan las virtudes ni los vicios de las prácticas que el movimiento impulsa, ni se escribe, ni siquiera informes o testimonios. La falta de un verdadero debate intelectual incide en la ausencia de autocrítica y de reflexión colectivas.

Las feministas, ilusionadas con la reivindicación de la igualdad o seducidas con la glorificación de la diferencia, han desarrollado un activismo extremo, donde ha sido menos importante obtener un logro político que compartir la sensación de pertenencia, comunicar al mundo sus creencias y disfrutar el placer indudable de la relación grupal. Creo que hay que dirigir la mirada haci a afuera y tener una decidida participación en los escenarios políticos nacionales, con nuevos estilos de intervención: integración a comisiones gubernamentales de trabajo, formación de instancias de consultoría a partidos, alianzas con funcionarias y políticas, para influir las políticas públicas, etcétera.

La reflexión debe ampliarse y profundizarse. Salir del ghetto feminista, ya no leer sólo a autoras feministas o a mujeres, sino incursionar en el debate intelectual vigente, en el que, en gran medida, los teóricos de punta debaten con el feminismo y conocer su dimensión. Entrar en las discusiones de la filosofía política, del derecho, de la política social. Hay que ir más lejos de la perspectiva de género, abordar la diferencia sexual, entendida como cuerpo e inconsciente, investigar los procesos de corporización y entrar a lo realmente crucial: la construcción del sujeto. La proliferación de programas de estudios, cursos, coloquios, publicaciones, foros e investigaciones sobre la mujer consolidan el discurso "mujerista".

Y a pesar de que recogen muchas preocupaciones y aspiraciones feministas, su reduccionismo y funcionalismo en general no alientan un pensamiento democrático radical. El signo del futuro parece ser la multiplicación de las diferencias y el surgimiento de nuevos antagonismos. ¿Cómo aceptar la diversidad sin que eso conduzca a fragmentaciones y enfrentamientos, sin caer en la política de la identidad? Estrategias debe haber muchas. Una es reconocernos como ciudadanas y armar nuestra reflexión y práctica políticas desde ahí, con una comprensión distinta de lo político y lo subjetivo.

La creación de identidades políticas democráticas requiere una reflexión sobre la diversidad y un cuestionamiento a ciertos principios identitarios excluyentes. Además, el feminismo, al poner la atención básicamente en "la Mujer", ha relegado la crítica a la materialidad de las relaciones sociales de explotación y ha dejado de lado un cuestionamiento más riguroso a ciertas estructuras de poder. Ahora bien, para desarrollar dentro de una política de izquierdas un feminismo radical- democrático es preciso abrir la política a nuevas identidades y nuevas prácticas políticas, favoreciendo coaliciones y alianzas y creando procesos de unificación para lograr objetivos para el conjunto de la sociedad. Y el desafío del siglo por venir se ubica precisamente en la tensión entre el reconocimiento de la diversidad y su superación en una acción ciudadana más amplia.

Al menos muchas personas que todavía creemos en la posibilidad de una política de izquierda pensamos posible la construcción de una coalición de diversidades, siempre y cuando se renuncie al esencialismo implícito en el reclamo identitario, se impulse una intervención más eficaz, más pragmática también, en la esfera pública, y se despliegue mayor creatividad en el ámbito cultural y más solidez en el terreno intelectual. Sólo así se podrá generar una fuerza política del feminismo. Esa es la gran debilidad del movimiento: su falta de fuerza. El movimiento no ha logrado coordinar a sectores de mujeres comunes y corrientes a luchar por lo que significa, práctica y políticamente, el sexismo; no se manifiestan las subordinadas, las discriminadas, las oprimidas; sólo se escucha la voz de sus defensoras, las feministas. Por otra parte, la apuesta por una política distinta implica algo más que impulsar los temas, demandas y cuestionamientos relativos a la diferencia sexual: es aceptar en el seno del quehacer político, en las organizaciones mismas, a la propia diferencia sexual.

El respeto a la diferencia es una reivindicación que produce otro proceso de inclusión de los hombres, no sólo discursivo, sino material. Y aunque una organización mixta introduce un vuelco en la concepción tradicional del movimiento feminista, habrá que ver cómo se organizan las jóvenes. Tejer nuevos vínculos sociales, reparar el tejido social con un sentido distinto, no corporativista, requiere una construcción diferente de un "nosotras" que resuelva de manera productiva la confrontación con el "ellas" y el "ellos". Este desafío, que refleja la tensión entre el reconocimiento de la diversidad y su superación en una acción ciudadana más amplia, es la necesidad más apremiante en el feminismo.

* Marta Lamas. Antropóloga mexicana, fundadora y directora de la revista &laqno;Debate Feminista», Directora de GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida), integrante del Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM. Editora y autora de &laqno;El género: la construcción simbólica de la diferencia sexual» (Edit. Porrúa, 1996).

Última actualización el Lunes, 21 de Junio de 2010 03:37
 
Joomla 1.5 Templates by Joomlashack