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Domingo, 03 de Mayo de 2009 23:19


Alejandro Wajner, médico cardiólogo

La visión realista de los médicos y el consiguiente modelo biológico casi mecánico del enfermar, lleva inexorablemente a una definición biométrica de salud. Estar sano empieza a dejar de ser una experiencia vital, como estar feliz, para pasar a ser una situación médicamente definida.

Así, el niño sano es aquel cuyas curvas de crecimiento se adaptan a la norma y cuyo pediatra/médico general certifica con un examen en profundidad la ausencia de anormalidades. Un niño sano no lo es por la definición de la madre y de la familia, sino por definición médica. En este ejemplo la “guerra” ha sido perdida por las abuelas. Sucede exactamente igual con el adulto, que es sano en cuanto encaja en los parámetros médicamente definidos.

La biometría alcanza cada vez más campos, incluyendo resultados bioquímicos y genéticos, y pruebas psicológicas. Los exámenes y chequeos se suceden sin pausa a lo largo de la vida y la revisión del niño sano es el primer peldaño en esta escalera de definiciones médicas que lleva incluso a reservar el diagnóstico de muerte también al médico (por más que en algún caso el muerto empiece a oler a putrefacto). Lo importante es la cifra del colesterol, de la glucosa, de la tensión arterial, de la  troponina, del perímetro abdominal, del peso o el coeficiente intelectual.

Uno está sano si las cifras se encuentran entre los valores definidos artificialmente como normales.
Desde luego, es imposible “morir sano”, es decir, dignamente, sin sufrimiento, sin “luchar”, sintiendo que ha llegado la hora. La muerte desequilibra toda la biometría y se vive como fracaso. La muerte rompe el halo mágico de las técnicas, y el duelo de los familiares se transforma de nuevo en enfermedad, en patología, como si no pudiera haber sufrimiento normal, desazón aceptada como parte del vivir. Tomar la mano del viudo o de los hijos se vuelve un acto indecente.

Lo que se da (y con el aprendizaje, los pacientes exigen) es un tranquilizante, no unas palabras; lo que se acepta es un medicamento no una mano afable. Aunque increíble, es esperable, si la salud es biometría que define el médico y si la silla ha perdido importancia, o sirve sólo para sentarse y no como medio que soporte una cierta terapia.

 
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