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El debate sobre Ávila TV Imprimir E-mail
Viernes, 09 de Septiembre de 2011 05:25

Insurrectasypunto

Se abrió el debate. Ayer Reinaldo Iturriza daba el parte definitivo de la muerte de Ávila TV. Hoy Orlando Romero Harrington le respondía que no estaba muerta, estaba de parranda. Con ustedes los artículos de debate.

Ha muerto Ávila TV

Reinaldo Iturriza

Ha muerto Ávila TV. Su muerte ha sido lenta, la agonía larga. El acta de defunción la firmaron antes de tiempo, cuando más se veía su pantalla en los barrios de Caracas (y la sintonía en aumento), cuando más la revolucionaba, y cuando sus trabajadores peleaban con más fuerzas para defenderla.

Hubo un tiempo en que todos hablaban de Ávila TV, así fuera nada más que para afirmar que les resultaba difícil entender lo que sucedía adentro. La revolución bolivariana tiene una deuda con sus trabajadores organizados y movilizados en asamblea permanente, que optaron por no ventilar públicamente sus conflictos internos y las sucesivas injusticias que debieron padecer. Pero esta demostración de carácter, disciplina y madurez política fue respondida con una feroz e implacable campaña de infamias que hoy perdura. La discusión sustantiva, sobre el tipo de televisión que es preciso hacer en tiempos de revolución, sobre cómo hacer una televisión juvenil, popular y revolucionaria, fue sustituida sistemáticamente, del lado de los enemigos de Ávila, por un coro de insultos e invectivas: malandros, desviados, pequeñoburgueses, anarcoides.

Reafirmo: lo que estaba en juego con la batalla de Ávila TV, mucho más allá de cargos y cuotas de poder, de la fama, la mala conducta o el trampolín para aterrizar en otros canales, era la posibilidad de continuar insurgiendo contra los cánones de la comunicación burguesa y contra los dinosaurios que ven en la pantalla un instrumento para bombardear a la gente de propaganda, que es otra forma de la alienación. Ávila había demostrado cómo insurgir, con el protagonismo de esos jóvenes que la izquierda sectaria y exógena ha despachado históricamente por pertenecer al lumpen.

Hoy día nadie habla de Ávila. La ya vieja leyenda negra de la televisora malandra y malhablada, fue sustituida por la leyenda de la Ávila ingobernable. Así, ha terminado de morir de mengua, aislada como leproso, estrangulada la poca organización que quedaba, sus últimos arrestos de vitalidad. Nadie quiere saber de ella, mucho menos los que aún conservan cuotas y cargos burocráticos.

Lo más grave es que nadie da la cara, nadie ofrece una explicación a los cientos de miles de jóvenes de los barrios que cuando todavía se animan a sintonizar la pantalla que alguna vez los sedujo, se encuentran con la misma programación de hace dos años. Porque, no se engañen: el problema está en la pantalla.

Ha muerto Ávila TV y su muerte es la victoria de los pusilánimes, los sectarios y los mediocres. Muerta, nada más que para engrosar las filas de unos medios públicos incapaces de acumular dos dígitos de audiencia.

Avila Tv no ha muerto. Estaba de parranda
Orlando Romero Harrington

(Respuesta a Reinaldo Iturriza y su artículo “Avila Tv ha muerto”)

Twitter: @orhpositivo_ 

Director de Imagen de Avila Tve

Ud. Podrá decir que lo que va a leer son las reflexiones de un recién llegado al canal Avila Tve, y probablemente tendrá razón. Pero al leer la columna letra emergente de Reinaldo Iturriza y en específico su contenido “Ha muerto Avila Tv” http://saberypoder.blogspot.com/2011/09/ha-muerto-avila-tv.html me siento obligado a intentar unas líneas que reflejen el desconcierto y la indignación que me produce la lectura.

Avila Tve es el único canal con perfil juvenil del Sistema nacional de Medios Públicos de Venezuela.  Sus inicios fueron caldeados al fragor de la batalla política, y nació con la intención de convertirse en una alternativa revolucionaria a la televisión privada.  Y ciertamente, llegó a tener presencia en el rating de televisión venezolana; lo interesante de este hecho, es saber porqué.

Según el Sr. Iturriza,  el acta de defunción de Avila Tve, se “firmó antes de tiempo”,   “cuando más se veía su pantalla en los barrios de Caracas (y la sintonía en aumento)”.  Asumo que con la expulsión de Iturriza de la Fundación,  se “firmó” la muerte del Canal. Y es que hay algo curioso con la gerencia pública; cuanto más traumática es la ausencia de un funcionario del ente, más reconcomio se destila. Sobre todo si el funcionario está convencido de la efectividad de su gestión.

Hay un estudio de rating de esa época.  Y lo que refleja es un hecho que merece ser comentado: de todas las producciones de Ávila Tve  para la fecha, las más vistas eran videos musicales con una proporción lastimera hacia las producciones del canal.  Entonces Iturriza, de qué producciones revolucionarias habla usted? Cómo explica que las alternativas que su equipo propuso, y que eran los estandartes de una nueva manera de hacer televisión se caracterizaran por exigir enormes sumas de presupuesto y resultar en novelas (eso sí: malhabladas) que nunca se realizaron? Es el “malandreo” una declaración de identidad que debe caracterizar a un canal juvenil, y esto es sinónimo de conexión con la juventud? Todo el barrio “malandrea”, Iturriza? Toda nuestra juventud “malandrea”, Iturriza? El estudio de rating demuestra que no hay que ser un genio para colocar videos musicales en pantalla y ganar televidentes.  Pero sí hay que ser brillante para establecer un sistema de contratación y gestión laboral signado por el amiguismo, por el clientelismo. Por trabajadores fantasma, espectros que se materializan los días que entregan los cesta tickets.  Seguro, ese es el “malandreo” al que se refiere en su artículo.

Usted menciona que “hubo un tiempo en que todos hablaban de Avila Tve, así fuera nada más que para afirmar que les resultaba difícil entender lo que sucedía adentro”.  No me queda la menor duda de la veracidad de sus palabras.  Me han bastado pocos meses para aproximarme a la complejidad de este canal.  Desde equipos extraviados de manera misteriosa,  contrataciones laborales exóticas y caprichosas,  diferencias lamentables entre cantidad de personal contratado y producción en pantalla,  actitudes personales que se escapan de cualquier definición ideológica y política,  instalaciones deficientes,  problemas presupuestarios y otras más que dan más sombra que luz.  No hay paz en el pasado, no hay paz en el presente, Iturriza.  Lo que queda por hacer es asumir el fracaso de un proyecto que se quedó en la reflexión y en la idea, y que se hizo cuerpo en la carne y en la desviación. Los intentos de “revolucionar la pantalla” nos han situado en el limbo.  Como una película surreal,  hicieron televisión que no vieron ni ustedes mismos.  Una especie de caja negra, ahumada ante la contraloría y escudada en una fraternidad y una conexión con el barrio.  El barrio los abandonó, Iturriza. Y con ellos,  las ganas de soñar una nueva televisión, las ganas de discutirla. Al final, todo fue más de lo mismo; nadie entendía, nadie entiende aún.

  Insisto. Ud. dice “nadie ofrece una explicación a los cientos de miles de jóvenes de los barrios que todavía se animan a sintonizar la pantalla que alguna vez los sedujo (hay un pequeño error de sintaxis aquí) se encuentran con la misma programación que hace dos años. (…) el problema está en la pantalla” . Y tengo el atrevimiento de preguntarle; Ud. vé Avila Tve? Es decir, usted ha visto el canal en la actualidad? Asumo que no. Porque de resultar lo contrario, usted es un mentiroso. Y me atrevo a más: Usted miente deliberadamente, calumniando a los trabajadores de este canal que día a día le meten el pecho a la pantalla,  y que en estos meses he visto poniendo todo lo que tienen apostando a la visión de los recién llegados como yo. Lo he visto con mis ojos, Iturriza. Los he visto cuadriplicando la producción que se hacía en sus tiempos. Los he visto conversando y discutiendo, aportando con su experiencia, volviendo a soñar, renacidos, repotenciados. He visto cómo el combate vuelve a su espíritu. Resumido, Iturriza. He visto esperanza.

El pensar una televisora nacida de las entrañas del pueblo, donde la pantalla sea una ventana a la realidad social de los eternamente excluídos y que constituya un polo de referencias culturales, sociales y políticas ante la avasallante guerra mediática internacional a la que está expuesta la Revolución Bolivariana pasa por asumir una identidad y una postura ideológica concreta. Nuestra identidad es el pueblo venezolano. Nuestra postura es socialista, bolivariana. Nuestro líder es Hugo Chávez Frías. Y nada de eso riñe con calidad, con innovación, con compromiso, con valores, con educación, con el despertar de nuestros jóvenes a la perspectiva histórica de ser los abanderados en la construcción de un nuevo mundo, más humano y más honesto.

Avila Tve es un bastión esencial de la Revolución Bolivariana. Es el espacio ideal para que los jóvenes de nuestra patria muestren al planeta entero la idiosincracia, la vitalidad, el orgullo y la pasión que envuelve el vivir dentro de un proceso histórico inédito, impensable en los tiempos en que Ud. y yo, éramos jóvenes.  Con esta gestión, la cual acompaño Avila Tv estrena 76 horas de producción interna y 56 horas de producción en vivo a nivel mensual, más que cualquier otro canal privado o público de la televisión venezolana (e inclusive, latinoamericana).  Y nuestras baterías apuntan a captar espectadores con un ímpetu inclusivo, expandido. Nuestros esfuerzos se asocian a darle el corazón al canal, a restaurarlo, a optimizar y buscar la calidad, a potenciar nuestras fortalezas, a sembrarnos con innovación y a mostrarle al mundo la belleza y la valentía, la inteligencia y la hidalguía de nuestra juventud, Iturriza.  Déjenos trabajar, compañero. La invitación es a usted y a los que usted representa, a apurar la marcha y a dignificar la labor de los que apuestan a este proyecto. Se acabó la parranda. Hora de trabajar.

 
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