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Estado español: Las soluciones drásticas que atemorizan a la izquierda oficial Imprimir E-mail
Lunes, 24 de Octubre de 2011 00:47

Manuela Trasobares. Mezzosoprano, pintora y escultora.

Manuela Trasobares para Insurrectasypunto

Manuela Trasobares resalta la insuficiencia de las medidas anti-crisis que se proponen desde los foros oficiales y saca a debate propuestas que se consideran tabú como la autarquía y la expropiación.

Se difunden por doquier análisis tanto de profanos como de eruditos que tratan de explicarnos las causas de la crisis. Pero ¿cuáles son las soluciones, las políticas a aplicar para superarla? ¿Acaso las desconocen o es que incluso desde la izquierda política oficial se trata de parchear la verdad?

El nuevo y flamante portavoz de Izquierda Unida, guapo, ario, licenciado, joven, se ha prodigado en diversos foros proponiendo subidas de impuestos a los ricos y la fundación de una banca pública que deje fluir el crédito directamente hacia las pequeñas y medianas empresas. Si bien es correcto el análisis de que la banca privada está acaparando la liquidez que le presta el Estado a bajísimos tipos con el fin de cubrir las pérdidas de su negocio y adquirir activos financieros a tipos más altos, lo cual estrangula el crédito a los particulares; este escollo es solamente una parte del grave problema económico en el que estamos inmersos. Incluso la banca pública debe asegurarse el retorno prestando solamente a proyectos que vayan a resultar rentables. Y ése a mi entender es el quid de la questión ¿en qué puede invertir hoy en día un empresario o un joven emprendedor sin encontrarse con la competencia brutal de las multinacionales, de los chinos o de los propios empresarios españoles que fabrican en China, en Malasia, en Tailandia, en Vietnam o en Marruecos?

¿Por qué el Estado permite la entrada de productos procedentes de estos países fabricados sin garantías laborales, medioambientales o sanitarias y por tanto a un menor coste de lo que pueden fabricarse en Europa? ¿ De qué modo va a competir con ellos una empresa local pagando sueldos decentes y cumpliendo la normativa de su sector? Es literalmente imposible y esta imposibilidad no olvidemos que es una de las causas fundamentales de la crisis, del abandono de fábricas y del paro. Sin embargo, ninguno de los partidos parlamentarios aborda esta cuestión, lo que me lleva a pensar que hay un complot maléfico para mantenerla fuera del debate político, probablemente por que son las grandes corporaciones bancarias y empresariales las mayores interesadas en el mantenimiento de la globalización a pesar de los estragos que causa en la sociedad.

No solamente el exceso de crédito y la burbuja de precios inmobiliarios nos han conducido a la crisis; sinó también aquellos factores económicos directamente relacionados con la libre circulación de mercancías y capitales: la deslocalización, la especulación, la especialización productiva. Este último factor ha sido promovido por la mentalidad imperialista con el fin de tener a los países dependiendo los unos de los otros y favorecer la implantación de negocios multinacionales. Los poderes fácticos están desmantelando la industria europea y trasladándola a otros continentes. Por ello quieren también destruir el estado de bienestar, por que ya no hace falta proteger al trabajador europeo, sinó abandonarlo a su suerte.

Propuestas y soluciones

Las políticas que cabe implantar y de las que nadie habla por ser tabú son de tipo autárquico, desarrollista de la economía interior y proteccionista. Si la globalización nos ha conducido a la crisis, cabe desecharla e imponer barreras arancelarias a la importación de productos procedentes de países que no están a la altura de nuestros sistemas fiscales o de protección laboral, sanitaria y medioambiental. El cierre de las fábricas de juguetes, de zapatos, de ropa, de muebles, de lámparas, etc. está causado por esta competencia desleal que hay que desterrar como primer paso para que la industria local resurja y con ella el empleo y el consumo. No todo es cuestión de crédito.

Por otra parte ya hemos visto el escaso compromiso social que muchos empresarios tienen con sus trabajadores y su país, desplazando sin contemplaciones el capital productivo allí donde más les conviene, tras haber hecho fortuna gracias a los trabajadores y a los consumidores del lugar donde fundaron su industria. ¿Qué contemplaciones cabe tener con estos señores que se van a otro continente dejando aquí un reguero de parados? Ninguna. Solamente cabe prohibirles el desmantelamiento de las fábricas, expropiarles y colectivizar sus medios de producción entre los trabajadores. La propiedad colectiva, que no pública, tiene grandes ventajas: fomenta la solidaridad entre los trabajadores, elimina la necesidad de altos sueldos para los ejecutivos y de beneficios para los accionistas, pone en primera línea de decisión a quienes más entienden el trabajo, los propios obreros, elimina la plusvalía y aumenta extraordinariamente la motivación y la responsabilidad.

La subida de impuestos a las clases altas es una medida meliflua e insuficiente
y que curiosamente ha partido de algunos ricos avergonzados de contribuir tan escasamente. Se impone como imprescindible un proceso ordenado y controlado de desamortización de las grandes fortunas y de las entidades bancarias que traslade la propiedad de las viviendas deshabitadas, las naves abandonadas, los campos sin cultivar y el dinero sin circular a los trabajadores de forma individual o en sociedades cooperativas.

Es evidente que hay que cambiar el sistema y para ello no veo otro modo que dotar de medios a quienes carecen de ellos, tras arrebatárselos a quienes les sobran y los utilizan para multiplicarlos de forma exponencial en los mercados financieros a costa de la miseria humana.
Es necesario que el trabajo vuelva a tener fuerza como factor productivo y generador de riqueza y que el poder de la especulación se diluya. Este transvase de la propiedad que propongo difícilmente se puede llevar a término por medios pacíficos o apelando a la buena voluntad de quienes hoy la ostentan. Bien habrá de venir respaldado por un cambio radical en la legislación, bien por una revolución social que, por los medios que sean necesarios sin descartar los violentos, obligue a claudicar a los poderosos.

Lo siento pero no creo en el poder de la razón para cambiar el status quo, los multimillonarios no atienden a razones, no valoran la calidad de otra vida humana que no sea la suya propia, no se ciñen a actitudes éticas, su fuerza radica en sus medios maléficos y solamente los desecharán si ven su propia existencia amenazada por la fuerza de una masa social crítica y dispuesta a conquistar su libertad a cualquier precio.

http://manuelatrasobares.blogia.com
Última actualización el Lunes, 24 de Octubre de 2011 02:21
 
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