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México: Ni derechos ni humanos Imprimir E-mail
Lunes, 24 de Octubre de 2011 03:02

Filmeweb 

¡Ah, qué difícil es hablar de derechos humanos en un entorno histórico tan complicado como éste, de verdad! Porque en este país es una materia cuyos efectos son muy relativos.

Por un lado, en medio de tanta violencia, se asesina a inocentes que no tienen nada qué ver en el asunto, pero cuando logran atrapar a los responsables para meterlos a la cárcel, alegan maltrato por parte de custodios y compañeros para hacer válidos precisamente esos derechos que ellos mismos privaron a sus víctimas.

Hoy se habla en medio de las coyunturas que tenemos derecho a la libertad, la salud, la educación, la libertad de cultos, la libertad de expresión, y un larguísimo etcétera. Pero en un país como México, donde las cosas están arrevesadas, esto no es regla general, y más cuando de palabra se dice una cosa y en los actos ocurre exactamente lo contrario.

Se habla de libertad de expresión cuando encarcelan a usuarios de Twitter y se asesina a tantos compañeros periodistas; se dice que hay un respeto a la diversidad de cultos cuando Felipe Calderón generaliza y dice que aunque sean judíos o musulmanes, todos los mexicanos son “guadalupanos”; se dice que hay derecho a la educación cuando se hace obligatorio el bachillerato pero hay millones de niños que sólo por el hecho de vivir en condiciones de pobreza extrema, no tienen ni para comprar un cuaderno y un lápiz y acudir a la escuela primaria; se habla de libertad cuando a los mexicanos nos da miedo salir de nuestras casas por temor a que nos quiten la vida.

Y no sólo eso. Grupos poblacionales enteros ven cómo sus derechos son violentados cada segundo que pasa, y lo peor es que no se hace nada al respecto. Así, las mujeres en Baja California y San Luis Potosí han perdido la libertad de decidir sobre su cuerpo en pos de proteger la vida desde la concepción, con la negativa de echar atrás iniciativas antiaborto en estas entidades, mientras que en el Distrito Federal este ya es derecho ganado.

Se habla del derecho a poder elegir libremente, cuando el colectivo LGBT a nivel nacional es discriminado a más no poder, y los cientos (o debiera decir miles) de asesinatos de homosexuales y lesbianas son tapados por las autoridades bajo el argumento de que TODOS son “crímenes pasionales”.

¿Y qué pasa cuando hay personas que entregan su vida en defender a los demás? Algunos consiguen cambiar, aunque sea un poquito, el entorno en el que viven. Otros tienen que enfrentar más trabas, pero hay casos especiales en que un acto de humanidad se convierte en una amenaza para ciertos sistemas y deciden que hay que acabar con él sin una razón aparente. Muchos de estos casos han llegado a la pantalla grande, en una especie de paradoja, puesto que, en afán de defender los derechos de los demás, hacen a un lado los propios sacrificando incluso su propia existencia.

Casos como el de David Gale, activista en contra de la pena de muerte que fue acusado de un crimen que no cometió y condenado justamente al castigo contra en que luchaba, y que llegó a la pantalla grande en 2003, con Kevin Spacey en la piel de este hombre (“La vida de David Gale”); o el de Harvey Milk, el primer homosexual declarado en ser elegido para un cargo público en la Unión Americana, asesinado por un contrario que recibió una pena menor a la merecida, y que en 2008 causó conmoción con una cinta emotiva que tuvo en el protagónico a Sean Penn (“Mi nombre es Harvey Milk”) son muestra de lo anterior.

Y en México también tenemos lo nuestro: basta recordar el triste caso de Digna Ochoa, abogada en pro de las causas justas que fue encontrada muerta el 19 de octubre de 2001, y que increíblemente las autoridades decidieron dictaminar su muerte como suicidio, hecho que inspiró la cinta “Digna hasta el último aliento”, de Felipe Cazals y estelarizada por Vanessa Bauche; y bueno, otra vez citaremos a “Presunto culpable”, pues además de ser una crítica al sistema judicial mexicano, también es un ejercicio de mostrar la lucha por la libertad de un hombre inocente injustamente encarcelado.

Es más, vamos un poco más allá. En este país ser “diferente” es motivo de delito violación a los derechos humanos incluida. ¿Se acuerdan de Jacinta, la indígena otomí que estuvo encarcelada por más de dos años por, supuestamente, haber secuestrado a dos agentes de la hoy extinta AFI, y que tuvo un juicio lleno de irregularidades? O tal vez recuerden más a Agustín Estrada Negrete, maestro homosexual que acusa al gobierno del estado de México (cuando Enrique Peña Nieto estaba al frente) de haber violado en forma flagrante sus derechos humanos.

Pero qué tal ahora que se supo que el famoso narcotraficante Edgar Valdez Villarreal, mejor conocido como “La Barbie”, se puso en huelga de hambre porque el señor se está quejando de maltrato en el penal del Altiplano, en el Estado de México. Y más cuando en diversos reclusorios de nuestro país se muestra que algunos reos viven a todo lujo, con pantallas de alta definición, baño propio, cocineta y otras linduras, mientras que en otros se ve cómo los reclusos están hacinados en cuartitos con invitados indeseables como ratas y cucarachas, y donde tienen que vivir con lo mínimo.

Eso cuando están encerradas las personas que realmente han cometido delitos. Porque también en este país la justicia está mal impartida. Hay muchas de ellas recluidas cuando en realidad su único delito fue haber estado en el lugar y momento equivocados, y terminan pagando penas injustas que desafortunadamente cambian su vida para mal (otra vez, ¿se acuerdan de “Presunto Culpable”?

Señores encargados de la CNDH: Defender los derechos humanos de cualquier persona que esté en México significa mucho más que poner a los integrantes de Bronco a mencionar sus “bondades”. Significa pelear realmente por justicia, y que se viva con libertad y dignidad, aspectos que en el México de hoy están más que olvidados, lo que nos da a entender que los derechos humanos en este país son todo menos eso: ni derechos ni humanos.

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