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Los CIE: Cárceles europeas para extranjeros Imprimir E-mail
Miércoles, 26 de Octubre de 2011 03:01

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Guani Rodríguez para Insurrectasypunto

Los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) son espacios de retención de extranjeros que se encuentran sin documentación o permiso de residencia en un país de la Unión Europea.

Estos centros se crearon inicialmente con el fin de que la persona en situación irregular esté ubicable para el momento de su deportación al país de origen, es decir “

evitar la incomparecencia del extranjero mientras se tramita su expediente de expulsión. Se trata, por tanto, de una medida privativa de libertad preventiva, que se adopta en el marco de un procedimiento sancionador administrativo”, por ello no se consideran legalmente centros de detención, sino lugares donde la persona espera la resolución de su situación legal.

Actualmente los países de la Unión Europea han aumentado paulatinamente el periodo de estancia de los extranjeros e incluso el estatus de irregularidad en su país, como es el caso de Italia, que le ha dado una posición de delito, al hecho de permanecer en su país sin permiso o no portar documentación. Cada país posee un número determinado de días para la retención de la persona, en España se acaba de subir a 60 días, en Italia son 180 días, etc. Una vez superado ese plazo si no se resuelve su situación legal, aún se desconoce el país de procedencia o existe algún acuerdo bilateral, la persona será puesta en libertad.

Todo esto forma parte de una directiva creada por la Unión Europea, para legalizar la persecución e internamiento de personas pertenecientes a terceros países y poder tener un marco legal para continuar con su discriminación sistemática. Al ser normativa europea debe transponerse a la ley de cada país, por lo que es de obligatorio cumplimiento. Esta es la Directiva de retorno o también conocida como “directiva de la vergüenza” que establece:

Retención de los inmigrantes sin documentos en centros de internamiento hasta un periodo de 18 meses; prohibición de regreso por un periodo de cinco años; la asistencia legal durante todo el proceso no será gratuita ni financiada por el Estado sino que se “puede” ayudar si el inmigrante lo necesita; se abre la posibilidad de recluir y expulsar a menores.

Estas medidas son vistas como un modo de seguridad por la Unión Europea, y para ejecutarlas tienen sistemas avanzados de identificación en todo el territorio Schengen, donde han construido sus “cárceles” para extranjeros. Muchas personas desconocen qué son o dónde están, ya que se establecen encubiertas en las zonas periféricas de sus ciudades, en antiguas comisarias u hospitales policiales, donde normalmente no pueden verse ni son de fácil acceso.

Hace tres semanas realicé mi primera visita a un CIE, en Aluche (Madrid), y aún no puedo quitarme de encima el hedor a injusticia que se respira en ese lugar. La tristeza y el desconcierto que tampoco se alejan de la cara de los visitantes y, mucho menos, de las personas que ahí se encuentran, privadas de libertad, encerradas como delincuentes.

Fui a visitar a un chico senegalés que se encuentra tramitando su posible estancia en España. Al pasar el primer control de la entrada, te encuentras con una improvisada sala de espera en la que se establece una lista de los números a visitar. Cada persona posee un número por el que es localizado. Luego llega un oficial que realiza el control de los documentos de identidad de cada visitante y comprueba los ‘números’ a visitar. Poseen ‘rigurosos’ mecanismos de entrada que se realizan meticulosamente: en primer lugar, se solicita visitar números, si la persona asociada a éste ha tenido una visita ese mismo día, no puede volver a salir. Las personas 'retenidas' en los CIE tienen derecho, tan solo, a una visita de treinta minutos al día. Esta primera parte ya me pareció insólita, yo decía: ¡no son delincuentes, sólo están esperando un proceso administrativo! Así obtuve de primera mano la evidencia de las mentiras políticas.

Después pasé a los cubículos de visita, todo parecido con una película o novela no es coincidencia. En cada cubículo la policía revisa meticulosamente los objetos que se desea entregar a la persona retenida: líquidos, dinero, ropa, geles de baño y desodorante (sólo si vienen en envases transparentes, excepto vidrio, con líquido transparente) como si de un motín químico se tratase. El policía explica las reglas del juego y te recuerda que tienes que marcar el número del teléfono que tienes a tu lado para hablar con la persona que vas visitar.

Tras unos minutos de espera llegan los extranjeros. Número a número son llamados y pasan a los cubículos, bajo la mirada expectante de todas las personas que se encuentran en esta sala. Abren una ventana panorámica separadora y le dan dos minutos de contacto (físico?) con su visitante, seguidamnte toda la conversación será con el teléfono que tiene cada cubículo. Inmediatamente, pasan al otro extranjero. Todas las personas que ahí se encuentran ven cómo llega cada inmigrante.

En los cubículos, un aspecto particularmente desgarrador es la marca de huellas de manos y labios en los cristales de las panorámicas.

Un momento significativo para mí en esta visita resultó ser el de una pareja de novios: él, 'retenido' en el CIE, rompe en llanto casi desenfrenado en el momento en que ve a su novia del otro lado del espejo. El policía le da sus escasos dos minutos de contacto, a lo que los amantes se lanzan en un fervoroso beso con tiempo limitado. El policía pide que se separen, y tras cerrar la panorámica, pone al chico contra la pared y le pide repetidas veces que abra la boca y saque la lengua, en busca de sustancias.

Esto es sólo lo que podemos ver las personas visitantes. Sabemos de revueltas en el interior porque se cierran las visitas o se restringe el tiempo de las mismas, pero no nos dejan saber lo que ocurre dentro, es un 'foso cerrado'. Sabemos y hemos visto que existe un constante abuso sobre las personas extranjeras y su derecho a la libre circulación, reconocido como derecho humano. El CIE no deja de ser otra cosa que una de las plasmaciones de la supuesta y autootorgada superioridad de ciertos Estados sobre otros. La desigualdad económica es la manifestación del poder del Estado sobre las personas en su territorio y, ¿por qué no?, la injusticia manifiesta que se esconde tras estos muros, que dicen, son temporales.

Resulta realmente devastador mirar a madres que no pueden tocar a sus hijas, parejas que no pueden besarse, policías que tratan a personas, -no números, como ellos pretenden-, que cometieron el “grave error” de desear un cambio en su vida, conocer, más allá de las fronteras de sus países de origen, la mejora económica individual o familiar en un mundo aplastado por las grandes potencias económicas, esas que nos venden lo que quieren pero sólo para comprarlo o verlo de lejos, porque si no tienes dinero y no eres blanco, no puedes aspirar a más.

El chico senegalés a quien fui a entrevistar-visitar me contó que ahí adentro, no tienen facilidades sanitarias, no realizan actividades, no cuentan con asistencia social, que no hay traductores, ni profesores, que carecen de lugares para practicar ejercicios, que no tienen asesoría psicológica alguna, que, en muchos casos, no hay papel ni gel de baño, que sólo pueden salir al patio durante treinta minutos al día, que no cuentan con un servicio médico adecuado y que, por supuesto, no pueden manifestarse contra las irregularidades que observan dentro del centro y el maltrato al que son sometidos; aspectos todos que se encuentran totalmente fuera de la ley, por lo menos en España donde se establece que la persona internada tiene el derecho de reclamar y contar con servicios de atención:

A recibir asistencia médica y sanitaria adecuada y ser asistidos por los servicios de asistencia social del centro […] Los internados podrán formular, verbalmente o por escrito, peticiones y quejas sobre cuestiones referentes a su situación de internamiento […] Dichas peticiones o quejas también podrán ser presentadas al director del centro, el cual las atenderá si son de su competencia o las pondrá en conocimiento de la autoridad competente”.

Este es el retrato que puede hacer una visitante. En este link pueden leer una historia reciente de un inmigrante colombiano que se encuentra en un CIE y que ha podido, con ayuda externa, escribir en este blog, en el que denuncia y describe el (mal)trato al que ha sido sometido, para que se conozca desde sus propias vivencias lo que ocurre adentro: www.reflexionesdel2651.blogspot.com

Es necesario que se comience a denunciar y hablar sobre estos centros, que son en realidad auténticas cárceles camufladas.

Última actualización el Miércoles, 26 de Octubre de 2011 04:04
 
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