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El Consejo Militar Egipcio promueve la lucha sectaria y masacra manifestantes Imprimir E-mail
Miércoles, 16 de Noviembre de 2011 02:29

 

Anarkismo.net 

La semana pasada, se les permitió a las bandas salafistas quemar y saquear por cinco horas una iglesia y las casas de algunos cristianos en la provincia de Aswan. En respuesta, los cristianos del Cairo, a los cuales se les unió un número importante de musulmanes, realizaron una vigilia pacífica afuera de la sede de la televisión estatal en la calle Maspero.

La respuesta oficial fue brutal: enviaron carros blindados para que arrollaran manifestantes a voluntad (como se aprecia en grabaciones) a la vez que disparaban contra los manifestantes. Además, el ejército cerró los canales TV25 y Al-Hurra porque estaban mostrando imágenes de la lucha en la calle Maspero, a medida que comenzaban a trasladarse hacia la plaza Tahrir. La respuesta popular, tanto de musulmanes como cristianos, fue enérgica y desafiante: valientemente lucharon con piedras y cócteles molotov la furia de 1.000 soldados armados hasta los dientes (más sus matones salafistas). En lugar de dejarse llevar al terreno del conflicto sectario, corearon que los “musulmanes y los cristianos son lo mismo” y “abajo el mariscal de campo”, en referencia a Tantawi. El resultado de los enfrentamientos del 9 de Octubre fue terrible: al menos 25 seres humanos fueron masacrados a sangre fría por el CSFA y más de 270 fueron gravemente heridos.

El consejo militar en Egipto, el CSFA, cada vez está más aislado de las masas egipcias. Otrora el pueblo cantaba en la plaza Tahrir, justo antes de la caída de Mubarak, que el pueblo egipcio y “su” ejército eran uno solo. Ahora, el abismo que los separa se hace más evidente: mientras el pueblo sigue sufriendo de la desigualdad, la pobreza, la violencia, las cortes militares contra la protesta, leyes de emergencia heredadas de la odiada dictadura, el CSFA está asegurando que la “transición a la democracia” no sea sino palabras vacías. Están haciendo todo cuanto esté en su poder para asegurarse que nada cambie. Puede ser que el pueblo haya tumbado al comandante en jefe en Febrero, pero todo su aparato represivo ha sido dejado intacto, y el rol de los militares, comandados por el general Tantawi, es asegurar que no se cuestione el status quo. Esta es la transición a la democracia promovida por los EEUU y las élites cívico-militares egipcias. Así que aunque el dictador se haya ido, pero todo sigue igual.

El pueblo, sin embargo, se está exasperando con el actual curso de los eventos. Estas semanas han visto demostraciones masivas y huelgas de estudiantes en Alejandría, trabajadores de la salud, profesores, trabajadores transportistas, quienes luchan por sus demandas más inmediatas, mientras que la comunidad de Tahrir ha vuelto a congregar miles de personas para exigir el fin de las leyes de emergencia, de las cortes militares y llamando a que renuncie el CSFA. El pueblo está dispuesto a defender su revolución. Y la respuesta del CSFA ha sido predecible: represión, violencia, mentiras, engaños, una auténtica guerra de desgaste en contra del pueblo.

Pero han ido más allá para mostrarse como legítimos continuadores del odiado Mubarak, agitando irresponsablemente el espectro del conflicto sectario entre musulmanes y cristianos. Vienen haciendo esto desde Abril, estimulando los ataques de una mezcla de salafistas (islamistas ultra-conservadores) y de baltagayyah (matones a sueldo del régimen) en contra de las comunidades de la minoría cristiana, como una manera de desviar la atención de los problemas reales que afectan a Egipto y como una manera de minar la necesaria unidad del bloque popular. Esperan, de esta manera, que la lucha colectiva de las masas egipcias se convierta en una guerra caníbal de credos religiosos. Desencadenan a sus perros para arrojarlos contra las iglesias y comunidades cristianas, les permiten operar en la más completa impunidad y luego se hacen los que no han visto nada. Esto demuestra las alianzas ocultas entre el régimen y los conservadores islamistas políticos, los cuales se han alejado claramente de la revolución para convertirse en defensores de última hora del status quo -junto a los tecnócratas y el ejército, las élites de los Hermanos Musulmanes están compartiendo el botín de guerra. Ellos ya han perdido a las dos almas del movimiento revolucionario –la juventud y las mujeres; junto a ellos, perdieron a todos sus elementos progresistas, quedándose sólo con el tóxico salafismo conservador. Ahora se dedican a denunciar a los manifestantes y a los revolucionarios desde la misma cama que comparten con el ejército. Con ellos están unidos en contra de la revolución, en contra del pueblo.

La semana pasada, se les permitió a las bandas salafistas quemar y saquear por cinco horas una iglesia y las casas de algunos cristianos en la provincia de Aswan. En respuesta, los cristianos del Cairo, a los cuales se les unió un número importante de musulmanes, realizaron una vigilia pacífica afuera de la sede de la televisión estatal en la calle Maspero. La respuesta oficial fue brutal: enviaron carros blindados para que arrollaran manifestantes a voluntad (como se aprecia en grabaciones) a la vez que disparaban contra los manifestantes. Además, el ejército cerró los canales TV25 y Al-Hurra porque estaban mostrando imágenes de la lucha en la calle Maspero, a medida que comenzaban a trasladarse hacia la plaza Tahrir. Al mismo tiempo, la televisión oficial utilizaba un lenguaje sectario, definiendo a los manifestantes como “agitadores” y pidiendo al pueblo defender a “su” ejército de estos revoltosos “cristianos”. Estos llamados irresponsables fueron tomados como excusa por los matones salafistas que cumplieron su rol de banda paramilitar del CSFA, a la más clásica manera de Mubarak.

La respuesta popular, tanto de musulmanes como cristianos, fue enérgica y desafiante: valientemente lucharon con piedras y cócteles molotov la furia de 1.000 soldados armados hasta los dientes (más sus matones salafistas). En lugar de dejarse llevar al terreno del conflicto sectario, corearon que los “musulmanes y los cristianos son lo mismo” y “abajo el mariscal de campo”, en referencia a Tantawi. El pueblo egipcio ha demostrado que pueden convertir este intento de agitar el sectarismo en un combate frontal en contra del gobierno militar, quienes están recurriendo a tácticas desesperadas para conservar su poder y algo de su marchita legitimidad.

El resultado de los enfrentamientos del 9 de Octubre fue terrible: al menos 25 seres humanos fueron masacrados a sangre fría por el CSFA y más de 270 fueron gravemente heridos. Los enfrentamientos continuaron el día 10 de Octubre afuera del hospital donde se encontraban los mártires. El gobierno ha respondido con el secuestro y el arresto de varios militantes y activistas sociales. Pero cada nuevo día el pueblo egipcio entiende con mayor claridad que su enemigo no es quien tiene una creencia diferente. Su enemigo está ahí, es esa clase dominante parásita que ha secuestrado la revolución popular y su Estado, el cual aplasta la libre iniciativa de las masas, la cual floreció de manera inspiradora en los comités populares que florecieron después de Enero.

  • Nos solidarizamos con las víctimas, porque cada uno de sus mártires es uno de los nuestros;

  • Denunciamos la agitación irresponsable del sectarismo por parte de las autoridades militares;

  • Denunciamos el secuestro de la revolución por los gángsters de Tantawi;

  • Denunciamos esta terrible masacre que muestra al mundo entero la verdadera cara del CSFA;

  • Llamamos a la unidad de las masas egipcias para que destruyan los últimos vestigios del régimen de Mubarak para así poder inaugurar la nueva vida.


    Tamer Mowafy & José Antonio Gutiérrez D.
    10 de Octubre, 2011

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