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Clarisse, la discriminada de las discriminadas Imprimir E-mail
Sábado, 04 de Agosto de 2012 16:11

 Esteban Morales Gallardo / Furias

Clarisse es una muchacha haitiana de 23 años que conocí por mi trabajo. De piel morena y bastante alta, aparenta bastante más edad de la que tiene lo cual me hace deducir que la vida que ha llevado no ha sido fácil ...

Clarisse es una muchacha haitiana de 23 años que conocí por mi trabajo. De piel morena y bastante alta, aparenta bastante más edad de la que tiene lo cual me hace deducir que la vida que ha llevado no ha sido fácil y, casi por una extraña afinidad, me siento tentado y, sin pensarlo, le pido una entrevista, la que, sin pensarlo, título: “Clarisse, la discriminada de las discriminadas”. A continuación dejo un extracto de ella.

¿Cuéntame, hace cuanto tiempo llegaste de Haití?

Llegué en el 2009, como en agosto, a la casa de una familia que nos ayudó mucho al principio pero que, debido a problemas de salud del señor, tuve que dejar atrás para partir a hacer mi vida sola junto a unos amigos que me hice acá también de Haití.

Hablas muy bien el español, ¿dónde lo aprendiste?

Lo aprendí en República Dominicana. Estuve internada allá pues mi madre murió cuando era pequeña y mis hermanos me llevaron a la caridad y estuve hasta los 16 allí.

¿Cómo era tu vida allá, que te llevó a venir a Chile?

Como todos los chicos de allá, éramos muy pobres. Yo venía llegando de San Cristóbal (República Dominicana) y me quedé en casa de mi hermana. Pero allá la gente no me quería y me quería ir. Luego, junto con mi primo Florián, fuimos a una iglesia y ellos nos ayudaron a venir para acá. No teníamos donde ir y nos dieron comida, casa y un lugar donde llegar acá en Chile. Nos costó mucho venir acá pero extraño mucho mi país.

¿Cómo ha sido tu vida acá en Chile?

Me ha sido dura. Primero muchas veces, por mi color de piel, por ser diferente y todo eso me pensaban puta y eso me dolía mucho ¿sabes? cuando mi primo no estaba, me sentía muy sola y no tenía plata para nada. Tan solo pasaba el hambre con agua y un poco de pan. Un día estaba por la Estación Central y una señora miró que yo lloraba le dije que no tenía plata porque no tenía pega y me dio dos mil pesos con los cuales me fui a comer un plato de comida porque tenía hambre. Me demoré en encontrar pega pues todo lo que me daban era para ser puta y no quería eso. Cerca de mi casa había una señora que me ayudó a encontrar algo, que conocía a alguien que buscaba nanas y me convertí en una “nana de Haití”. De eso habían pasado como 6 meses que tenía aquí en Santiago. En la casa ayudaba con el orden, con el jardín, con todo… la señora que me dio pega era muy buena gente, me daba ropa y todo, pero su esposo me trataba muy mal, le dije a ella que me quería ir de allá pero no quería que me fuera. Su esposo me decía palabras muy feas.

¿Cómo cuáles?

Como las que siempre se les dicen a la gente negrita acá, que somos putas, que vamos a los cafés (cafés con piernas). Me daba mucha pena y rabia todo. Lloraba a diario, pero la señora me quería mucho, me daba plata para que me comprara cosas y me fuera tranquila a mi casa. Pasaron como unos meses y fue el terremoto allá en mi país y yo necesitaba comunicarme con mis hermanos. No fui a trabajar temprano, llegué tarde y llegó el esposo y me echó de su casa. No pude hacer nada, otra vez estaba en la calle, sola mientras Florián (mi primo) ya no vivía conmigo pues se fue con su polola chilena; el esposo me quedó debiendo cerca de sesenta mil pesos pero no quería quedarme. Me fui donde mi pololo y le conté. Pero no podía hacer nada, pues me contó que la gente rica siempre hace lo que quiere… fui a los carabineros pero me decían que no podían hacer nada pues todo era de palabra sin contratos y que siempre me iba a pasar lo mismo.

¿Y después qué te pasó, encontraste trabajo?

No, no pude trabajar porque salí embarazada de mi pololo y salió mi hijita. Fue mucho lo que me pasó después. Primero lo del terremoto aquí, después con los problemas de dinero, pero lo peor fue cuando estaba en el hospital. Mi pololo no estaba en ese momento y en el hospital Félix Bulnes me decían que no me podían atender porque era extranjera sin visa permanente. Pero llegó mi pololo y todo se arregló, me querían hacer parir ahí mismo esperando sin doctores que me ayudaran.

Un día fui a la vicaría para que me ayudaran cómo ver lo de mi pasaporte y mi permiso de trabajo como refugiada y me mandaron a la iglesia de migrante y me ayudaron mucho con todo eso. También les pregunté sobre si me podían conseguir algún tipo de trabajo pero que no me traten como una puta. Me dieron la dirección de un señor que trabajaba en una discoteca, pero me tuve que ir pues no me daba para ver a mi hijita, así que encontré en un bar de día atendiendo las mesas, donde estoy ahora viviendo cerca.

¿Me podrías decir qué cosas te gustan y no te gustan de Chile?

Me gusta la gente, pero no toda la gente. Hay gente que la trata mal a una por ser así como me ves. Yo creo que a una por ser negra la miran y le dicen “es puta”, no me gusta. Lo que me gusta mucho son las personas que dan cariño, son muy lindas y me quieren mucho, pero la mayoría nos trata mal.

¿La discriminan?

Si me discriminan, pero no siempre porque hay otras a las que las discriminan si, más. Pero lo que me pasa es que me discriminan incluso hasta en la familia de mi pololo y eso me apena. Como no tengo familia, solo mi primo que está lejos, no tengo cómo hablar con mis hermanos y mis sobrinos y ya no los veo desde hace mucho y como me trata mal mi suegra lloro todos los días pues tampoco puedo entenderle bien a las personas.

A veces cuando estoy con mi suegra, ella me trata mal, me dice que alimenta a mi hija y que debería darle dinero cada vez que la cuida. Muchas veces me siento tan sola y mi suegra me molesta mucho diciendo “negra culiá”. Eso es racismo y me duele mucho. Lo he hablado con mi pololo, pero me dice que habla con ella, pero no pasa nada, es su casa y yo soy una intrusa.

Otra vez fui a trabajar para cobrar un dinero por cuidar a una bebita, ella me insultó, otra vez por mi color, y me echó a la calle sin pagarme. Iba un día y otro y no me pagaba y una nana chilena, me contaba que no estaba la señora, y nunca más me pago mi dinero. Esa misma semana un hombre intentó hacerme daño pero me tuve que ir. A veces extraño a mis hermanos y me quiero volver. Me tratan así solo por ser diferente, negra, me pone triste que me traten de puta solo por no ser de acá; creo que la única solución para mi es cambiarme el color para que no me discriminen ni se rían de mí tratándome de prostituta.

Después de este comentario, ella se fue pues estaba esperando a alguien que no logré ver bien. Me causó bastante extrañeza lo franca que fue conmigo y, sobre todo, lo equivocado que está uno respecto a la realidad de ese otro diferente que habita junto a nosotros. Muchas veces acoger a refugiados de otros países no es solo dejarlos ingresar a un territorio, sino que implica darles verdadera asistencia y respeto, de abrirle las puertas integrándolos tal como se haría con algún otro extranjero con diferentes características. ¿Qué significará, entonces, ser hospitalario con aquellos que no comparten nuestras características? ¿Ayudar a aquellos que están en una situación de apremio, no debiese ser lo primordial? ¿Hasta cuándo atacaremos al más débil? Creo que cuando se tiende a perfilar una posición hacia lo moderno, es fundamental comprenderlo desde este sentido, desde lo cultural, integrando a los otros de forma de comprenderlo más allá de su vulgar entendimiento mercantil.

http://revistafurias.com/internacionales/clarisse-la-discriminada-de-las-discriminadas

 

 
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