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La división sexual del trabajo y las estrategias del capital (Parte I) Imprimir E-mail
Jueves, 09 de Agosto de 2012 15:21

Ester Kandel / ARGENPRESS

¿Es posible lograr la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito laboral dentro de este sistema?.

Las ganancias, la competitividad fueron desde su inicio el motor del desarrollo de los capitalistas. La versión neoliberal intentó barrer los logros conquistados durante décadas, mediante las luchas e incluso perdiendo sus vidas, como las 129 obreras carbonizadas en la fábrica Cotton de Nueva York, los mártires de Chicago y Sacco y Vanzetti.

Para acercarnos al tema enunciado nos remitimos a describir los rasgos del sistema capitalista, en sus orígenes. De este modo lo planteamos en La opresión de las mujeres tiene historia. (1)

La Revolución Industrial

En el siglo XVIII se sucedieron dos revoluciones en países europeos que modificaron la organización política en uno y fundamentalmente la organización económica en el otro. Hacia la década del 40 de ese siglo, Inglaterra contaba con grandes ciudades fabriles, con una industria desarrollada, que abastecía con sus artículos a todo el mundo y una población numerosa, dos tercios de la se ocupaba en la industria. Se intensificó el dominio económico de la ciudad sobre el cambio. Entre el pueblo inglés aparecieron otras costumbres y otras necesidades.

Nos centraremos en este proceso a través de la palabra de un observador directo, Federico Engels (2), quien volcó al papel las transformaciones que se hicieron en el uso de la maquinaria, la organización de las ciudades y las condiciones de vida de hombres y mujeres.

La propiedad: “la industria centraliza la propiedad en manos de unos pocos. Ella exige grandes capitales con los que se levanta colosales establecimientos, arruina así a la pequeña burguesía artesana y hace suyas las fuerzas de la naturaleza para la conquista de mercados y de obreros aislados. La división del trabajo, la utilización de la fuerza hidráulica y especialmente la del vapor y la mecánica, son los tres grandes palancas con que la industria, desde la mitad del siglo pasado, trabaja para desquiciar el mundo. La pequeña industria creó la clase media, la gran industria creó la clase trabajadora. (...)

La mujer, la incorporación a este sistema productivo

En medio de la abundancia, el lujo y la riqueza creados por el trabajo de los pobres, la situación de éste se volvió catastrófica.

La pobreza y el cambio industrial están unidos, “toda gran ciudad tiene uno o más ‘barrios feos’ en los cuales se amontona la clase trabajadora” y los ricos se construyen palacios.

En los diversos informes aparecen dos figuras recortadas las mujeres y niños, hambrientos y andrajosos, enfermizas, viviendo en sótanos.

En la parroquia de Sr John y St. Margaret en Westminster vivían, en 1840, según el Diario de la sociedad de Estadística, 5.466 familias de obreros en 5.294 habitaciones. Vivían todos juntos, hombre, mujeres y niños. De los 26.830 individuos, las tres cuartas parte de las familias tenían una sola pieza. Este tipo de informes se replican en numerosas parroquias.

La brecha entre los que no tenían vivienda, los que poseían una pieza, los que vivían un poco mejor y los ricos era muy grande. Engels comenta que en Londres, cada mañana se levantan cincuenta mil personas que no saben donde podrán reposar la noche siguiente.

Times de octubre de 1843: “De nuestras informaciones de policía de ayer, resulta que un promedio de cincuenta seres humanos duermen cada noche en los parques, sin otra protección contra la intemperie que los árboles y alguna cavidad en los diques. En su mayor parte son muchachas seducidas por los soldados, llevadas a la capital y arrojadas al mundo en el abandono de la miseria, en una ciudad desconocida, en el salvaje abandono del vicio precozmente maduro.

Sintetizando la descripción sobre lo nuevo en las ciudades leemos: “La sociedad ha caído, en estos lugares, en un estado de miseria indescriptible. Las habitaciones de las clases más pobres son, en general, muy sucias y evidentemente no han sido nunca limpiadas; constan en la mayoría de los casos, de una sola pieza, que por su pésima ventilación y a causa de las ventanas rotas e inadecuadas, es fría, muchas veces húmeda y se encuentra en parte bajo tierra mal amueblada y, por lo tanto, inhabitable. A menudo, un montón de paja sirve de lecho a una familia entera; sobre él yacen hombres y mujeres, viejos y jóvenes en una promiscuidad repugnante. El agua se obtiene sólo de pozos públicos, y la fatiga requerida para bombearla justifica, naturalmente, todas las suciedades posibles. A esta descripción hay que agregarle la epidemia de cólera en Manchester.

Salario inferior para mujeres y niños

Salario concebido para una familia

Se concebía que en la familia en que todos trabajan, el individuo tiene necesidad de ganar mucho menos y dice Engels, que la burguesía aprovecha la coyuntura que le presentaba el trabajo mecánico para rebajar brutalmente el salario, con la ocupación y explotación de mujeres y niños. El salario (3) se fija en un término medio, con el cual, a la familia que es capaz de trabajar toda entera, le va bastante bien , y a aquella cuyo número de miembros hábiles para el trabajo es menor le va bastante mal.

Sustitución de varones por mujeres

La flexibilidad en los dedos es el argumento que utilizaron los empresarios para sustituir la mano de obra masculina por la femenina. “el trabajo en las máquinas, tanto en el hilado como en el tejido, consiste principalmente en anudar los hilos rotos, porque todo el resto es hecho por la máquina, este trabajo no requiere ninguna fuerza, sino solamente una gran flexibilidad en los dedos. Los hombres, por eso, no sólo no son útiles, sino que a causa de sus músculos más fuertes y del desarrollo de los huesos de las manos, son menos diestros que las mujeres y los niños, y así suplantados, casi del todo, en esta especie de trabajo. El otro argumento que acompaña es que las mujeres son más baratas.

En 1806, los tejedores hombres recibían 24 chelines por semana, las mujeres tejedoras recibían 14 chelines y los niños solamente 4 ½ chelines. Es decir que las mujeres recibían la mitad del salario de los hombres y los niños tres o cuatro veces menos que las mujeres.

Aquí algunos datos estadísticos: “del discurso con que lord Ashley hizo, el 15 de marzo de 1844, en la Cámara baja, la moción de las diez horas; estos datos no han sido referidos por los fabricantes y se relacionan solamente con una parte de la industria inglesa. De los 419.560 obreros industriales del imperio británico (1839), 192.887, es decir, casi la mitad eran de menos de 18 años y 242.296 de sexo femenino, de los cuales 112.192 debajo de 18 años. Quedan todavía 80.695 obreros varones, menores de 18 años y 96.569 obreros varones adultos, o sea el 23 por ciento, es decir, no menos de la cuarta parte de toda la cifra. En las fábricas de seda 56 ¼ , en las fábricas de lana el 69 ½, en las fábricas de seda el 70 ½, en la hiladuría de lino el 60 ½ por ciento del número total de obreros, eran del sexo femenino.”

Estas cifras confirman la sustitución de los obreros adultos varones. La otra idea que circulaba a la que Engels adhería que el trabajo de las mujeres disuelve, antes que nada, la familia; porque si la mujer está en la fábrica todo el día, doce o trece horas y el hombre trabaja en este o aquel lugar ¿qué será de los hijos?

Son abundantes los datos sobre chicos abandonados, accidentados y narcotizados, responsabilizando a las mujeres. Hay que agregar los juicios morales pues las mujeres que trabajaban en las fábricas no aprendían las tareas domésticas, compartían el lugar de trabajo con los hombres y consideradas como propensas a “mujeres públicas”.

Es conocida la opresión que sometía el patrón a las mujeres, al reservarse el jus primae noctis.

Efectos en la salud

Epidemias de cólera y tifus. F. Engels, analiza esta situación teniendo en cuenta también los informes médicos (4):

Si se recuerda la condición en que viven los trabajadores, se piensa cómo están repletas sus viviendas, cómo cada rincón está lleno de hombres; que enfermos y sanos duermen en la misma pieza, en un solo sitio, se maravilla uno de que una enfermedad infecciosa, como esta fiebre, no se extienda todavía más. Y si se piensa cuán escasos son los auxilios medicinales a disposición de los enfermos, que muchos de los auxilios medicinales a disposición de los enfermos, que muchos de los consejos de los médicos no se siguen y que permanecen desconocidos los más elementales preceptos dietéticos, la mortalidad nos parece todavía poca”.

También se hace referencia a las fallas de la alimentación y alimentación apropiada para los niños. De ahí, dice Engels, proviene la costumbre, muy difundida, de dar a los niños aguardiente y también opio, y de esto, junto con otras condiciones de existencias nocivas al desarrollo físico, derivan enfermedades que dejan el rastro para toda la vida.

También hace referencia al raquitismo (enfermedad inglesa, excrecencias nudosas en las articulaciones), se encuentran frecuentemente entre los hijos de los obreros. La falta de calcio produce distintos tipos de deformaciones en los huesos.

Mortalidad

Según el informe del encargado del registro general,, G. Graham, la mortalidad en Inglaterra y en Gales es, anualmente, en poco inferior al 21/2 por ciento; esto significa que de cuarenta y cinco personas muere al año una. (cifras de 1839-40).

Descripción del físico de la mujer

Las desfiguraciones de la cadera se producen a menudo, en parte por la falsa posición y el desarrollo mismo de los huesos de la pelvis, y en parte por la lesión de la parte inferior de la columna vertebral. (...) Las obreras de las fábricas dan a luz con mayor dificultad que otras mujeres, y esto ha sido probado por muchas parteras y obstétricos, así como los frecuentes abortos. (...)

Sucede, a menudo, que las mujeres que todavía trabajan una noche, paren a la mañana siguiente y no es nada raro que el parto se realice en la misma fábrica, entre las máquinas. (...)

Yo oí una vez cómo interrogaba un fabricante a un capataz:

- La tal y la tal, ¿no están todavía aquí?

- No

- ¿Cuánto hace que han dado a luz?

- Ocho días

- Verdaderamente, podrían haber vuelto hace mucho tiempo. Fulana suele quedar en casa sólo tres días.

Naturalmente el temor de ser despedida, el temor de la desocupación, la arrastra, a pesar de su debilidad, a pesar de los dolores que le produce el trabajo de la fábrica; el interés del fabricante no permite que sus obreros permanezcan en su casa a causa de la enfermedad”

En síntesis, en el estudio de la situación de las mujeres partimos de concebirlas como seres humanos que ocupan posiciones en el entramado de relaciones sociales. De ahí que partimos de la base material, actores y relaciones establecidas, en las dos revoluciones producidas en el siglo XVIII. Coincidiendo con S. N., desde esas posiciones las personas tienen posibilidades de ejercer el poder, acceder a determinados recursos, reinterpretar ideologías, en definitiva elaborar estrategias personales al tiempo que recrean o contribuyen a transformar una estructura social determinada.

Esta perspectiva implica cuestionar la visión jural del matrimonio, como quedó expuesto en el derecho romano donde la mujer aparece como un objeto de intercambio. Los sistemas de parentesco, la dote y la herencia son parte de la reproducción social en su conjunto.

Finalizamos con un interrogante de S. Narotzky que puede guiarnos en los próximos estudios:

¿En qué condiciones y por qué razones, determinadas relaciones sociales asumen funciones de relaciones de producción y controlan la reproducción de estas relaciones y con ello la reproducción de las relaciones sociales?


Ester Kandel es autora de:

- División sexual del trabajo - Ayer y hoy - Una aproximación al tema -Duken, 2006.

- Ley de Trabajo de mujeres y menores -Un siglo de su sanción -La doble opresión: reconocimiento tácito. Dunken, 2008.


Notas:

1) Kandel, Ester, La opresión de la mujer tiene historia. Revista Periferia, agosto de 2010.

2) Engels, Federico. La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1845. Ediciones Diáspora, Argentina (1974)

3) Engels explica el concepto de salario mínimo de este modo: “es establecido por la competencia entre los burgueses, porque la competencia existe también entre ellos. El burgués puede engrosar su capital sólo mediante el comercio y la industria y, para los dos dines tiene necesidad de los trabajadores. Igualmente, si pone su capital a interés, necesita una vía indirecta de obreros, porque sin comercio e industria nadie le podría dar los intereses, nadie podría dar utilidad al capital. Así, la burguesía necesita, ciertamente, de los proletarios, pero no directamente para vivir –no podría consumir su capital- sino como se necesita un artículo de comercio o una bestia de carga, para enriquecerse. (...)

4) F. E. Menciona a los médicos: Dr. Soutwood Smith y al Dr. Alison.

 
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