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Colombia: Diálogos de paz o diálogo de intereses Imprimir E-mail
Jueves, 27 de Diciembre de 2012 14:20


Corriente Bolivariana Guevarista

El proceso de paz en Colombia, o lo que es más correcto llamar el diálogo Gobierno-FARC-EP, sigue un ritmo vertiginoso, lo que nos hace suponer que entre las partes no hay contradicciones abismales que empantanen el camino previamente acordado en los temas de la agenda.

El conjunto de las organizaciones sociales colombianas han propuesto un Congreso por la Paz que sirva de plataforma para que el pueblo sea interlocutor directo en los diálogos, conjuntamente con la insurgencia. Esta agenda choca con el proceso que se lleva a cabo y con los métodos de consulta definidos, tales como la disposición de un sitio web para que los ciudadanos expresen opiniones alrededor de lo que ya se ha definido, buscando hacer más expedito el proceso de conversaciones.

Se mantiene el enfoque de un diálogo entre el Estado y un sector de la insurgencia. Esto hace que quede en el imaginario colectivo que el conflicto es de origen militar, entre dos fuerzas que deciden sentarse, conversar, acordar resultados de beneficio común, es decir, planteando la estrategia de ganar-ganar. Siendo este el enfoque el gobierno logra excluir al pueblo de este evento crucial sin que la contraparte actúe, asumiendo la decisión gubernamental.

El método acordado permitirá la solución militar del conflicto entre FARC-EP-Estado. Pero el conflicto histórico estructural social y político no será tocado por la ausencia del pueblo en todo el proceso. A propósito de esto el presidente Juan Manuel Santos afirmó el pasado domingo 2 de diciembre que “si lo que pretenden nuevamente –FARC-EP- es poner sobre la mesa hacer su revolución por decreto, ahí en la mesa en Cuba, y transformar la Constitución y el país y sus políticas públicas, ahí no habrá paz…por eso la agenda que se acordó y se firmó tiene que ver como pasar de las balas a los votos. Que hagan política, que se conviertan en un partido, que tengan garantías…todo eso estamos dispuestos. Pero no pueden hacer política armados”.

Esta posición, bien explícita, por cierto, devela los propósitos del gobierno colombiano y los reales alcances del proceso de conversaciones.

La insurgencia en Colombia surge como pueblo levantado en armas organizado contra un Estado oligárquico de clase, contra la burguesía y el imperialismo. Por esto la insurgencia ha tenido legitimidad en el pueblo y por consiguiente el pueblo ha tenido su esperanza de liberación en el movimiento insurgente. Eso explica porque el movimiento guerrillero ha permanecido por más de 45 años sin una derrota estratégica, por estar arraigada profundamente en el pueblo; razón por la cual es el triángulo Pueblo-Insurgencia-Estado los llamados a estar en la mesa de diálogos. La insurgencia desempeñaría el papel de conductor y garante del proceso, asegurando que este evento se realice y conduzca a las conquistas históricas que el pueblo exige.

De continuar la dinámica de paz actual se producirá un desencantamiento del pueblo y su alejamiento de este proceso; se producirá una escisión profunda del movimiento popular y revolucionario. Se estaría desaprovechando la coyuntura para dar un salto cualitativo en los procesos de unidad, en la acumulación de fuerzas y en una nueva correlación de fuerzas del bloque popular que conduzca a mayores desarrollos políticos y a nuevas conquistas históricas que permita plantear, en adelante, en la agenda colectiva la vía socialista colombiana.

El proceso actual es necesario, todo apunta a que la totalidad de las organizaciones insurgentes colombianas y  el movimiento popular (organizaciones políticas, obrero-sindicales, populares, de derechos humanos, estudiantiles, mujeres, cultores) están convencidas de esta necesidad. Sería desafortunado que esto termine en conquistas parciales de los dos actores en la mesa, lo que agudizaría el conflicto social y político, la crisis humanitaria y la permanencia de las causas estructurales del conflicto.

El Congreso de Paz, próximo a realizarse en Colombia, acordado por el conjunto de las fuerzas sociales y políticas, indica que se está dando una polarización del proceso. No obstante hay que entenderlo como una iniciativa legítima del pueblo que busca su participación directa y protagónica en los diálogos de paz. No es posible buscar espacios democráticos y de participación en Colombia, a partir de un evento que pareciera no ser democrático y que viene generando brotes de inconformidad, críticas y movilización. Otros movimientos insurgentes colombianos también han expresado su disposición de sumarse a este evento. El pueblo se resiste a estar excluido de este proceso tan importante para el vecino país y para la estabilidad política de la región.

En el reciente Encuentro Internacional Pueblos Construyendo Paz, realizado en Bogotá, del 4 al 6 de diciembre de 2012, se plantea una agenda para el proceso de paz que incluye los temas de modelo económico, víctimas, verdad, justicia y reparación, derechos económicos, sociales y ambientales, ordenamiento territorial y territorio urbano, problemática agraria, derechos civiles y políticos, doctrina de las fuerzas militares y de policía, modelo y sistema de gobierno y justicia, y situación carcelaria y de las presas y presos políticos y las prisioneras y prisioneros de guerra. Este evento reafirmó la urgencia de la movilización por la paz en Colombia y el diseño de una Ruta por la Paz. El evento confirma la justeza de la tesis que venimos planteando: Sin la vinculación del pueblo a los diálogos los resultados no serán incluyentes y postergarán los anhelos de una paz duradera

Recientemente el grupo FARC-EP, Desde Cuba, pidió al movimiento popular colombiano que proteja a los dirigentes sociales y políticos, esto es indicio de que las cosas no andan bien. Pero tampoco se le puede asignar al pueblo tal tarea, que de hecho la ha estado realizando siempre. Debe ser la insurgencia, como parte de la vanguardia del proceso, la que proteja y defienda a su pueblo. Esta solicitud efectuada es una razón más para exigir la vinculación del movimiento social y político a la mesa, buscar que el pueblo, en igualdad de condiciones, llegue a ese proceso de diálogo y se amplié la agenda de discusión, siendo el pueblo el protagonista de los diálogos.

La Corriente Bolivariana Guevarista CBG se compromete con la Agenda Social para la Paz que se ha convenido desarrollar en Colombia y propone a los colombianos y colombianos que se encuentran en todo el territorio venezolano, organizaciones de colombianos, al Polo Democrático Alternativo, al PSUV, Gran Polo Patriótico, Escuelas de Formación y revolucionarios en general:

1.     Realizar un foro sobre el conflicto social y político y el proceso de paz colombiano. Este evento puede producir una propuesta colectiva para llevar al Congreso por la Paz que próximamente se desarrollará en Colombia.
2.     Realizar una jornada de movilización nacional en solidaridad con los diálogos en Colombia.
3.     Realizar una jornada nacional de murales y grafitis, alusivos al conflicto social y político colombiano y a los diálogos de paz.

Las organizaciones interesadas en estas propuestas pueden escribirnos a nuestro correo para poder conciliar una agenda común que nos permita aportar al proceso.

Jesús Rafael Gamarra Luna
Corriente Bolivariana Guevarista CBG
 
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