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Barbie versus barba Imprimir E-mail
Domingo, 02 de Febrero de 2014 17:01


Pao Lin

Enero en Buenos Aires. Voy a renovar mi DNI, aprovechando la poca gente haciendo trámites en la ciudad. Llego con mi viejo documento y el amable joven del cubículo revisa mis datos mientras me mira y se amasa, nerviosamente, la barbilla. Paso al segundo cubículo. Otra amabilísima joven verifica mi viejo documento nuevamente y se acaricia distraídamente el mentón.


Entonces me acuerdo de que tengo barba. Y que lo que no se nombra también existe.

Yo la llamo chiva, porque no se extiende ni hacia las mejillas ni hacia el bigote. Crece solamente en mi mentón, y se enrula. Tiene un par de pelos rubios y cierto parentezco con mi vello púbico, aunque mas fino que aquel. Al principio sacaba unos pocos pelos de cada lado, una o dos veces por semana. Cuando dejé de hacerlo, sólo para saber cuan largos podían llegar a ser, descubrí que los pelitos que sacaba no eran siempre los mismos, y que tenía dos simpáticos mechones de pelo que llegaron a crecer unos tres o cuatro centímetros de largo.

Pero no fue sin consecuencias.

La familia es la más atrevida: “¿Cuándo te vas a sacar esa barba?” “¿Por qué te afeás?” “Así conmigo no salís”.

El ámbito laboral es más dificil. “Buena presencia” quiere decir “depilada”. Y los pelos... que crezcan en vacaciones (o en esa zona gris que es la época de exámenes).

Y en el amor, hay de todo.

La barba es considerada un caracter sexual masculino, símbolo de sabiduría, experiencia, virilidad y madurez sexual. Su ausencia ­natural o artificial­ es considerada una característica femenina, ¿natural? ¿o socialmente exigida?

Nada se dice del crecimiento del vello en las mujeres... se arranca y listo. Salvo que sea tan notorio que adopte un nombre científico y te atrape el sistema medicosmético y te trate por “hirsutismo”.

Quien no se adapte a eso caerá en las trampas de la monstruosidad, la patologización, la ridiculización, o alguna de las otras sorpresas que nos tiene reservada la sociedad para las que no nos depilamos o el pelo les crece más que al promedio.

Las demás se depilan, pero sus bellos vellos insisten en volver a crecer cada semana. En los brazos, en piernas, pubis y axilas, bigote y barba, la mayoría de las minas tenemos pelo, más o menos abundante, por todas partes. Algunas tienen más acá, otras más allá, algunas casi no tienen y otras sufren mucho más. Y los pelos fueron ocultados, disimulados, arrancados, cortados, quemados o electrificados desde hace al menos cinco milenios. Incluso extorsionados, como la vez que me invitaron a Suecia, pero el alojamiento y las visitas estaban condicionadas a una afeitada perfecta. Chau pelitos por un mes. Skål!

La remoción del vello facial es una práctica casi obligatoria para las mujeres (y algunos hombres desde épocas muy antiguas, y se encontraron pinzas de depilar y navajas de afeitar de épocas egipcias, griegas, romanas, etc. Lo cual indica que la presencia de vello en las mujeres es una realidad mucho más extendida que lo que las pinzas, ceras y otros modernos métodos de depilación, como la picana eléctrica o la láser pretenden hacernos creer.

La que no se depila es (muchas veces correctamente) leída como lesbiana, machona, masculina, antisocial. Y si se corta el cabello y no se depila: 100% torta! Entre estas últimas se pueden encontrar incluso defensoras activas del vello libre.

La mujer completamente depilada borra de sí las marcas de la madurez sexual. Vuelve a lucir como una niña. Parece que a muchos hombres (y mujeres) les encanta y muchas están dispuestas a tomar ese camino y pagar el costo. Dejo a las académicas las hipótesis sobre la relación entre la depilación obligatoria y la cultura pedófila.

La no depilación coloca a la mujer en el ámbito de la monstruosidad, o la desplaza al lugar de fenómeno de circo. Vivir sin ceder a las presiones de las distintas ofertas de depilación definitiva o temporal es una lucha cotidiana en cualquier ámbito, y la depilación, cuando es una práctica obligatoria, se transforma en una forma más de imponer violencia sobre los cuerpos de mujeres ­travestis ­ lesbianas ...

Al contrario de lo que se espera del vello, la cabellera de la mujer debe lucir abundante para ser femenina. La regla parece ser: “adora tu cabello y elimina tu vello”. Romper esa regla atenta contra el sencillo discernir entre varones y mujeres. Como puedo comprobar cada vez que una criatura me señala y pregunta “¿es un chico o una chica?” y su madre entra en dificultades cuando insiste “¿... y por qué tiene pelitos acá?”

 
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