Es necesario parar a Israel Imprimir
Viernes, 02 de Enero de 2009 00:57

Por Elaine Tavares Traducción: Raúl Fitipaldi de América Latina Palavra Viva

Así habla el poeta catarinense Cruz e Souza, negro, excluido, abandonado: "Hay que tener odio, odio sano, con los villanos del amor". Con él comulgo porque, a veces, ¿qué es lo que se puede hacer contra el rugir de un cañón? En Palestina es así. Desde 1947 que los cañones israelíes aplastan casa, olivos y vidas.

Se perdió la cuenta de las masacres que suceden cuando uno u otro militante, desesperado con el dolor de la invasión y de la prisión sin fin, toma una actitud radical. Entonces, para la media, palestino que lucha contra la dominación es un bandido, pero un estado terrorista que mata civiles y roba tierra es legal.

La guerra sin fin que aparece en la televisión como cosa natural no nació por acaso. Ella cuando Estados Unidos, vencedor de la segunda guerra, decide dar, a la fuerza, un país a los judíos. El país e Palestina y tampoco el lugar es elegido al acaso, es que allí es la puerta de entrada hacia Medio Oriente, lugar estratégico en la geopolítica, portal del oro negro. La promesa al fin de la guerra era tener dos estados, el de Israel y el Palestino. Pero, con el paso del tiempo, los israelíes fueron invadiendo más y más tierras, y los palestinos pasaron a la condición de "terroristas". ¿No es increíble?

Hoy, los palestinos viven confinados en dos grandes áreas dentro de su propio territorio. Viven trancados, presos dentro de altos muros de concreto. Precisan pedir permiso para salir y entrar en sus casas. Tienen que vivir de ojos bajos, en actitud de sumisión. Mandan en ellos soldaditos israelíes casi imberbes que deciden quién y cómo pasar. El mundo entero vio crecer el muro y nada fue hecho. Es que parece que siempre hay otra emergencia para cuidar.

En Palestina los niños juegan en las calles con el ojo mirando por un agujero hacia los cañones que a toda hora insisten en avanzar. Parece que nada es suficiente. El gobierno de Israel tiene un único propósito: eliminar hasta el último palestino de la tierra, nada menos que eso. Y delante de ese crimen, Instituciones como las Naciones Unidas se callan o hacen mociones, como si eso pudiese servir para algo. Pienso que alguien precisa parar a Israel. ¡Ya basta! Ya no es posible que se pueda seguir admitiendo lo que ocurre en aquella tierra bendita. Sinceramente yo no sé cómo, me siento impotente, aquí, tan lejos. Pero, de algún lugar precisa venir la traba. "Todavía vierte la fuente del crimen. ¡Obstrúyanla!", gritaba el poeta Mahmud Darwish. ¿Quién lo hará?

Los palestinos están ahora de nuevo bajo el fuego de Israel. Por las calles los cuerpos se desparraman. Mujeres, niños, viejos, jóvenes que nunca crecerán. La tierra santa se baña de rojo. Las mujeres gritan. Y las balas no paran. En la TV, quien aparece son los candidatos al gobierno de Israel, las autoridades, son ellos los que tienen la palabra. ¡Yo digo que ya basta! Que se hagan oír los gritos de las madres, que se vea el rojo de la sangre, porque esta guerra no es un juego de video. Y que las gentes salgan a las calles, y que presionen a sus gobernantes para esto pare. No es posible que las personas crean que esto es normal. No es posible que sigan creyendo en la Globo y en los periodistas a sueldo.

Palestina, una vez más, está ardiendo. Pero yo sé que aunque todos caigan, siempre habrá uno que se acuerde. Y siempre habrá, fuerte, el odio contra los villanos del amor. Así, tal y cual Mahmud Darwish, cada palestino, aunque muerto, cantará: "Oh roca sobre la cual mi padre oró, Para que fuese abrigo de rebelde, Yo no te vendería jamás por diamantes, ¡Yo no partiré, Yo no partiré!"