Diario de Gaza, La noche de la invasión Imprimir
Martes, 06 de Enero de 2009 01:27

       
Vittorio Arrigoni, activista de Derechos Humanos  (IL Manifesto)/ Traducción: SODEPAZ

Mientras escribo los tanques israelíes han entrado en la "Franja." El día ha iniciado del mismo modo en que acabó el que ha precedido, con la tierra que sigue temblando bajo nuestros pies, el cielo y el mar, sin parar,  el temblor sobre nuestras cabezas, sobre la suerte de un millón y medio de personas que están pasando por la tragedia de un asedio, de la catástrofe de bombardeos que hacen blanco sobre ellos.

El lugar está envuelto en llamas, cañonazos desde el mar y bombas desde el cielo durante toda la mañana. Las mismas embarcaciones de pescadores que escoltamos hace algunos días para poder salir al mar, más allá del límite de seis millas impuesto por Israel como asedio ilegal criminal, ahora las veo reducidas a tizones ardientes.

Si los bomberos intentaran apagar el incendio, acabarían acribillados por las ametralladoras de los F16, como ya ha sucedido ayer. Después de esta gran ofensiva, acabado el recuento de los muertos, si alguna vez esto es posible, se tendrá que reconstruir una ciudad sobre un desierto de ruinas. Livni declara al mundo que no existe una emergencia humanitaria en Gaza: evidentemente el negacionismo no está sólo de moda en la parte de Ahmadinejad. Los palestinos en una cosa están de acuerdo con Livni, ex criminal en serie a sueldo del Mossad, (como Joseph me dice, chofer de ambulancias), más alimentos están entrando en Gaza, sencillamente porque en diciembre no ha pasado casi nada, más allá de la alambrada de púa desplegada por Israel. ¿Pero qué sentido realmente tiene llevar pan apenas salido del horno dentro de un cementerio? La emergencia es parar cuanto antes las bombas, Antes incluso de la llegada de viveres. Los cadáveres no comen, sólo van a abonar la tierra, que aquí en Gaza no ha sido nunca tan fértil por la descomposición. En cambio los cuerpos desmembrados de los críos en las cámaras mortuorias deberían nutrir los sentidos de culpa, de los indiferentes y hacia quien habría podido hacer algo.

Las imágenes de un Obama sonriente que juega con un suéter se han pasado en todos los canales de las televisiones por satélite árabes, pero aquí nadie se ilusiona de que baste el color de la piel para cambiar radicalmente la política exterior norteamericana. Ayer viernes, Israel ha abierto el paso de Herez para  evacuar  a todos los extranjeros presentes en Gaza. Nosotros, internacionalistas del ISM, somos los únicos en haber quedado. Hemos contestado en rueda de prensa al gobierno israelí, argumentando los motivos que nos obligan a no movernos de dónde nos encontramos.

Nos repugna que los pasos fronterizos  sean abiertos para evacuar a ciudadanos extranjeros, los únicos posibles testigos de esta matanza, y no se abran en dirección inversa para hacer entrar los muchos médicos y enfermeros extranjeros que están preparados para venir a llevar asistencia a sus heroicos colegas palestinos. No nos vamos porque creemos esencial nuestra presencia como testigos presenciales de los crímenes contra la inerme población civil hora por hora, minuto por minuto. Son 445 muertos, más de 2.300 heridos, decenas los desaparecidos. Setenta y tres, en el momento en que escribo, los menores alcanzados por bombas. Hasta el momento Israel contabiliza tres víctimas.

No hemos huido como nos han aconsejado nuestros consulados porque somos conscientes de que nuestra aportación en las ambulancias como escudos humanos y en prestar los primeros auxilios puede ser determinante para salvar una vida. También ayer una ambulancia ha sido alcanzada en la ciudad de Gaza, el día anterior dos médicos del campo de refugiados de de Jabaliya murieron alcanzados de lleno por un misil disparado por un Apache. Personalmente, no me muevo de aquí porque son los amigos quienes me han rogado no abandonarlos. Los amigos todavía vivos, pero también los muertos, que como fantasmas llenan mís noches en vela. Todavía sus rostros diáfanos me sonríen.

A las 19 y 33, hospital de la Media Luna Roja, Jabaliya. Mientras estaba en conexión telefónico con la muchedumbre en protesta en las calles de Milán, dos bombas han caído delante del hospital. Los vidrios de la fachada se han trozos, las ambulancias por pura casualidad no han quedado dañadas. Los bombardeos se han hecho aún más intensos y grandes en las últimas horas, la mezquita de Ibrahim Maqadme, aquí al lado, acaba de derrumbarse bajo las bombas, es la décima en una semana. Once víctimas por ahora, son unos cincuenta los heridos. Una anciana palestina que he encontrado por la calle esta tarde me ha preguntado si Israel cree estar en la edad media, y no en el 2009, para seguir golpeando con precisión las mezquitas como si se hubiera concentrado en una personal guerra santa contra los lugares sagrados del Islam en Gaza. Cae otra lluvia de bombas a Jabaliya, y al final han entrado.

Los tanques que desde hace días estacionados en la frontera como medios mecánicos en hambrientos de cuerpos humanos, están encontrando su trágica satisfacción. Han entrado en un área al Noroeste de Gaza y están tirando las  casas metro a metro. Entierran el pasado y el futuro, familias enteras, una población que expulsada  de sus legítimas tierras no encontró otro refugio que una chabola en un campo prófugo.

Han salido desde aquí en Jabaliya después de las terribles amenazas israelíes lanzadas desde el cielo el  viernes por la tarde. Centenares y centenares de octavillas lanzadas por los aviones intimidaron para la evacuación general del campo de refugiados. Amenaza que se está demostrando desafortunadamente real. Algunos, los más dichosos, han escapado al instante, llevándose los pocos bienes de valor, un televisor, un lector dvd, los pocos recuerdos de la vida en una Palestina perdida hace unos sesenta años. La mayoría no ha encontrado ningún lugar dónde huir. Afrontarán aquellos tanques hambrientos de sus vidas con la única arma que tienen a disposición, la dignidad de saber morir con la cabeza alta.

Yo y mis compañeros somos conscientes de los enormes riesgos a que vamos a correr, esta noche más que otras; pero estamos ciertamente más cómodos aquí en el centro del infierno de Gaza, que acomodados en paraísos metropolitanos europeos o americanos, que celebran el nuevo año no han entendido hasta que punto son en realidad la causa y la complicidad de todas estas muertes de civiles inocentes