Nace la Federación Anarco-Comunista de Argentina Imprimir
Domingo, 10 de Abril de 2011 22:00


Federación Anarco-Comunista de Argentina
Hoy en día redoblamos la apuesta en la búsqueda de expresar en un solo puño la diversidad de experiencias antiestatales que surgieron al calor de las últimas luchas sociales, retomando el bagaje histórico del anarquismo y confrontándolo con nuevas realidades.

Rosario, 25 y 26 de Marzo 2011
 
“El instinto de clase es una cosa y la conciencia y la madurez política de clase, otra. Cuando estas dos condiciones alcanzan su plenitud en nosotros, entonces empezamos a servir real y políticamente a nuestra clase.”
Horacio Badaraco, “De un militante a otro: Carta a Manolo”, periódico Orientación,  20/11/1946.
 
“Es cierto que hay [en el pueblo] una gran fuerza elemental, una fuerza sin duda superior a la del gobierno y a la de las clases dirigentes tomadas en conjunto; pero una fuerza elemental no es, sin organización, un poder real.”
 
Mikhail Bakunin, “Necesidades de la Organización”
 
 
El proceso de lucha iniciado en la Argentina de los últimos 15 años nos encontró a una generación de militantes anarquistas participando en diversos movimientos sociales, organizaciones de desocupados, comisiones gremiales, grupos culturales y de contra información, asambleas populares, etc.
La necesidad de construir desde abajo y por fuera del estado, y la perspectiva de generar una estrategia propia de los anarquistas nos llevo a la búsqueda de espacios de encuentro.

Las Columnas Durruti (zonal oeste), Malatesta (zonal Cap.Fed.) y Penina (zonal Rosario) fueron las expresiones de esas búsquedas junto a toda una camada de compañeras y compañeros de diferentes localidades del país.

Hoy en día redoblamos la apuesta en la búsqueda de expresar en un solo puño la diversidad de experiencias antiestatales que surgieron al calor de las últimas luchas sociales, retomando el bagaje histórico del anarquismo y confrontándolo con nuevas realidades.

Porque creemos en un anarquismo interviniendo y con nuevas posibilidades de interpelación social, teniendo bien firmes los pies sobre el contexto en el cual vivimos.
Porque es un anarquismo de disputa y ruptura con las instituciones del sistema vigente.
Por todo ello nace la Federación Anarco-Comunista de Argentina (FACA).
 
ABAJO EL ESTADO!!
ARRIBA LXS QUE LUCHAN!!
VIVA LA ANARQUIA!!
 

Federación Anarco-Comunista de Argentina
proximamente en www.lafaca.org.ar
Federación Anarco-Comunista de Argentina
Columna Joaquin Penina (zonal Rosario)
Columna Buenaventura Durruti (zonal Oeste)
Columna Errico Malatesta (zonal Cap. Federal)

Declaración de Principios
 
Aclaraciones
En primer lugar nos parece importante haber logrado un acuerdo sobre una serie de principios que rigen nuestra práctica y militancia y que los mismos se visibilicen y se pongan de manifiesto, luego de un proceso de mas de 2 años de experiencias que nos sirvieron para poner a prueba con la realidad nuestro anarquismo social. También debemos señalar que tenemos por delante un trabajo constante de profundización y actualización de esta primera declaración de principios en la medida que estemos involucrados en las luchas reales de nuestra clase.
 
Por un anarquismo social y revolucionario
Pretendemos un anarquismo con intención revolucionaria, inserto en las luchas populares y en sintonía con su contexto histórico. Porque creemos en un anarquismo interviniendo y con nuevas posibilidades de interpelación social, teniendo bien firmes los pies sobre el contexto en el cual vivimos.
De lo que se trata  es de ponernos en sintonía con nuestra época, rescatando lo mejor de nuestra tradición, que creemos que todavía tiene mucho para aportar, pero sin caer en el dogmatismo ni en la ortodoxia. Anclados en el presente, sostenidos por el pasado y con proyección a futuro.
Por supuesto que no partimos de la nada. Partimos de un núcleo de ideas, principios, métodos, conceptos y experiencias propios del anarquismo, que como decíamos tienen total actualidad y funcionalidad, que nos sirven de guía y motor y que lo hacen distintivo de otras corrientes del socialismo.
Podemos vislumbrar que, hasta  entrada la década de 1930 hablar del movimiento anarquista en la Argentina hace referencia a un movimiento fuertemente involucrado en las luchas sociales. Diversos cambios relacionados a nuevas estrategias del capitalismo a nivel mundial, a la implacable persecución estatal y a las dificultades de adaptarse a los nuevos tiempos eclipsaron al anarquismo. A partir de allí entro en un cono de sombras[1].

Sin embargo, como plantea Christian Ferrer “ninguna idea enorme se extingue del todo en sus cenizas. A veces retorna, crepitante, dando chispazos, forjando el tipo de nidos donde se gestan las aves inmunes al fuego”[2] . Así luego de varias décadas de ausencia el anarquismo resurgió[3]. Pero en este resurgir, “con la etiqueta de anarquismo encontramos un conjunto de elementos heterogéneos y en ciertos casos incompatibles; un arco que va desde anarco-capitalismo en Estados Unidos, frentes de defensa por los derechos de los animales, hasta diversos grupos antiglobalización[4].

Nosotros nos basamos en una idea de anarquismo social y revolucionario, social porque como  plantea Frank Mintz[5] es un anarquismo inserto en las luchas populares y con posibilidades de interpelación social y revolucionario por que es un anarquismo de disputa y ruptura con las instituciones del sistema vigente. Así mismo buscamos romper con un tipo de anarquismo muy vigente en la actualidad que hace referencia al anarquismo solo como estilo de vida, desvinculándolo de objetivos de revolución social[6].

Reconocemos al anarquismo como motor de una praxis transformadora de carácter socialista libertario, donde confluyen un núcleo de ideas pilares del proyecto revolucionario. En este sentido el anarquismo es una manera de entender e intervenir en al mundo. Cuando hablamos de anarquismo como praxis lo hacemos en oposición a conceptos como doctrina o filosofía u otros parecidos que dan una idea estanca e incluso dogmática y ahistórica de lo que para nosotros representa el anarquismo. La idea de praxis nos da una visión dinámica de proceso en donde interactúan efectivamente una serie de principios ideológicos y teóricos con la práctica  misma de los sujetos que buscan la transformación social dentro de  un contexto determinado y  de la cual el anarquismo se nutre. Coincidimos con Castoriadis en que “lo que llamamos política revolucionaria es una praxis que se da como objetivo la organización y la orientación de la sociedad con miras a la autonomía de todos y reconoce que esta presupone una transformación radical de la sociedad que no será, a su vez, posible sino por el despliegue de la actividad autónoma de los hombres”[7].
 
Sobre el sistema de dominación capitalista
Desde que el mundo es mundo, el ser humano se ha organizado siempre en sociedad. Hombres y Mujeres de todas las épocas han creado diferentes formas de sociabilidad, distintos modos de organizar el mundo social, diferentes sistemas que nosotros identificamos hasta el día de hoy, como sistemas de dominación.
Un sistema de dominio es, según nuestro modo de entenderlo, la forma en que se representa en la realidad concreta, una relación de poder legitimada, que se institucionaliza y establece formas precisas en las relaciones de mando-obediencia.[8] Organiza de alguna forma el poder de dominación y también establece a través de diversos mecanismos de dominio, su posibilidad de reproducción, garantía de permanencia y durabilidad en el tiempo. Un sistema de dominio se estructura a través de clases antagónicas: una que explota, domina y oprime y otra que se encuentra bajo estas relaciones. De quienes sacan provecho de las mismas, nada se puede esperar, solo que intenten conservar, aumentar y reproducir de diversas maneras sus privilegios. Creemos que por este motivo, solo quienes sufren estas relaciones pueden desear e incluso luchar para destruir el sistema, estableciendo nuevas formas de sociabilidad. [9]

Entendemos que las clases sociales, son construcciones históricas, dinámicas, y no elementos estancos que pueden ser definidos de una vez y para siempre. Esbozando un trazo grueso, podríamos decir que las clases sociales se construyen, modifican y recrean en su propio contexto histórico, y si bien como decíamos más arriba, hay características básicas que identifican a estas clases antagónicas, no son uniformes, sino que están conformadas por distintos sectores en su interior. Estos sectores de la clase mantienen entre sí, experiencias comunes, modos de relacionarse  e intereses más o menos definidos por oposición a los intereses de la clase antagónica. Pero como decíamos al comienzo de este párrafo, la clase para nosotros es una construcción histórica, una formación cultural e ideológica que se desarrolla al calor de su época y por lo mismo se modifica con la experiencia social.

La convivencia de estas clases, no es pacífica, existe constantemente el conflicto entre ellas, una que intenta dominar y permanecer en su lugar de privilegio y otra que resiste e intenta desatarse de las cadenas que la oprimen. Entendemos, entonces, que allí donde hay dominación, hay resistencia. A esta relación basada en el conflicto de poder, de intereses, le llamamos lucha de clases, o guerra social. El poder entonces no se encuentra localizado en uno u otro sitio, sino que para nosotros, el poder es una forma de relación, que circula por todo el entramado social.[10]

Desde esta perspectiva de la dominación, entendemos que el capitalismo es un sistema de dominio, heredero de otras formas  anteriores de dominación y a su vez forma propia, particular y nueva de dominio. Un sistema que domina no solo a través de la contradicción capital-trabajo, como sostiene la izquierda ortodoxa, sino que opera en diferentes niveles y través de distintos mecanismos de dominio en todas las esferas de la vida social. El capitalismo es para nosotros entonces, un sistema de dominación económico-político-social-cultural-ideológico. Pero no es único e inmodificable, más bien todo lo contrario, es un producto histórico y tal vez sea, de todos los sistemas de dominio conocidos hasta ahora, el que más capacidad de adaptación y cambio haya desarrollado. Los modelos políticos, económicos y sociales cambian, los mecanismos de dominio se recrean y se adaptan, las formas de disciplinamiento también mutan, pero después de todo es el capitalismo el que sigue allí.
 
Sobre el sistema de dominio mundial
Como anarquistas, militantes populares que luchamos por la liberación de nuestro pueblo advertimos también sobre la opresión no solo de una clase a la otra sino de gobiernos de potencias económicas y políticas -imperialistas - avasallando las vidas de los pueblos de las regiones y países del mundo pobre. En Latinoamérica esto es algo histórico y estructural. En este sentido no estamos haciendo otra cosa que poner en vigencia a nuestros grandes teóricos y revolucionarios como Bakunin y Kropotkin. “En todos los lugares donde el hombre se rebela contra la opresión individual, económica, estátista, religiosa y sobre todo nacional, nuestro deber es estar a su lado…”decía Kropotkin en una carta a Maria Korn en 1897 refiriéndose a la lucha anticolonial del pueblo irlandés.  Hoy más que nunca esas potencias imperialistas como EEUU y la Unión Europea –junto a nuevas potencias económicas como China-  siguen y seguirán pretendiendo que los pueblos pobres del mundo no se alimenten y sirvan con recursos, materias primas y explotación a sus ricos niveles de bienestar con complicidad de los Estados y los empresarios locales. No obstante las potencias imperialistas avasallan las libertades de autodeterminación de los pueblos mediante invasiones, guerras y embargos económicos que devienen en hambrunas y enfermedades. Esta mas que claro que en la historia de la humanidad, quienes ponen los muertos, somos siempre los de abajo.
 
Sobre el Estado Creemos que uno de los desafíos que tenemos que encarar como anarquistas es profundizar la comprensión acerca de lo que es el estado en sus distintas facetas ya que es central en la reproducción de las relaciones de dominación capitalista y en la forma en que se expresan las luchas sociales de nuestros tiempos.
Para empezar podemos plantear que en sus comienzos existió una maquina estatal simple, que funcionaba con “poleas, relojes y palancas”, que fue perfeccionándose para ser algo mucho mas complejo en nuevas tecnologías y aparece hoy como maquinaria compleja y perfeccionada constantemente para el ejercicio y reproducción del poder desde arriba.

El estado no  solo necesita matar y cobrar impuestos para comprar armas o mantener verdugos para sus cárceles. El monstruo necesita convencernos, necesita de nuestro consenso aunque sea en la forma de “servidumbre voluntaria”[11]. A ese convencer, el estado lo tiene que efectuar en una sociedad como la nuestra, una sociedad de clases. En este sentido, si el estado apareciera como claramente identificado con los intereses de una sola clase no podría jamás ser lo que dice ser; el garante del bien común de la sociedad. En relación a esto el estado no solo tiene que aparecer como neutral y como genuino representante del todo social, de cada una de sus partes sino que fundamentalmente tiene que negar que la sociedad esta partida, tiene que negar a riesgo de su propia existencia, su propia razón de ser, que existen clases, que hay un conflicto en el interior de la sociedad. Para el puede haber ricos y pobres o diferencia social mas o menos obscena pero jamás clases. El estado debe generar el consenso necesario en la sociedad,  crear las condiciones para que sus intereses (y los de su clase) aparezcan como los intereses de todos.

Sobre esto nos alerta Urriola[12]: el Estado es la sociedad enajenada de sí  en un aparato que la norma y la violenta de acuerdo a los intereses particulares de las clases dominantes. Sin embargo, aparece como la sociedad ideal. La existencia de elecciones "libres", el parlamento y los partidos políticos son claves en la ficción de neutralidad del aparato estatal y constituyen una de sus fuentes de legitimidad mas importantes ya que configuran la idea de que el pueblo puede elegir el sistema de gobierno y sus partidos que lo representen, a través del sufragio universal.
 
A nuestros ojos el estado aparece como un aparato  que  actúa concretamente sobre la realidad social. Sin embargo, lo que existe es un conjunto de individuos conectados a través de una compleja red de relaciones de dominación. La minoría que controla la maquinaria estatal, por definición separada del resto de la sociedad, se convierte en una clase privilegiada al concentrar las funciones de regulación y de reproducción social. Es decir que los gobiernos toman una clara posición de poder de dominación sobre el resto de la sociedad. Cualidades del militar, del juez, el recaudador y principalmente Dios, aparecen  sintetizadas y entrelazadas en la maquinaria estatal. De igual manera la opresión de género o el racismo, el estado, sintetiza una serie de ideas en la estructura de su imaginario.
 
El estado como institución ha acumulado y centralizado toda una serie de funciones; gendarmes y policías, maestros y sociólogos, no solo la evidente potencia de las estructuras palpables en edificios públicos u hombres armados, sino, fundamentalmente, la idea que le da sentido. La simple suma de Presidentes, policías, gobernadores, ministros de educación y jueces no dan por resultado el estado.  Esa cosificación del estado es lo que llamamos fábula; construcción imaginaria constituida alrededor de un mito de origen en donde la delegación de la capacidad de autogobierno de la sociedad cumple un rol central. Desde ese momento mítico, pero con todas las consecuencias reales, la sociedad se relaciona a modo de fetiche con su creación, otorgándole un poder legitimo sobre ella.
 
Abrams[13] plantea que el estado es la mascara que nos impide ver la realidad de la práctica política, es reificado públicamente al adquirir una identidad simbólica que se divorcia de la práctica política concreta, transformándose en un relato ilusorio.

En este sentido vemos al  Estado como campo político, que actúa y se representa en él. Por eso podemos concebirlo como un sujeto político. Y no como cualquier sujeto. Aparece como un sujeto muy particular que, a diferencia de cualquier otro nacido de la sociedad civil, tiene todo el poder social de representación de la política y, por lo tanto, de sí mismo.
 
La maquina se manifiesta a través de la violencia, la coacción y la ley, arguyendo orden, paz y su representación social, pero también es poder, y en virtud de ello es capaz de instituir conocimiento. El Estado, al ser él mismo conocimiento, crea ideología. De ser él mismo un producto ideológico, pasa a ser también un productor y reproductor de ideología.

Asimismo, el estado nos fabrica como hombres y mujeres de estado, es decir que no solo se presenta como una fuerza externa sino que también esta adentro nuestro.
En cuanto a la dimensión cultural, el estado cumple un rol fundamental en cuanto a la producción y reproducción de procesos culturales hegemónicos.

Por otro lado, el poder de los símbolos también es importante, este radica en su capacidad de crear un mundo convincente, en conseguir desviar la atención del caos de la verdadera naturaleza para otorgarnos la confianza que el mundo tal como lo vemos es real. Para Churampi Ramírez[14] los símbolos patrios constituyen la simplificación de una concepción de la historia nacional que aspira a difundirse ampliamente y en lo posible a ser aceptada como única. Los símbolos patrios resumen la ficción de la unidad de la nación. Pero no olvidemos que es precisamente la evidencia de serias fracturas en el cuerpo de la sociedad, por cuestiones de clase u otras,  lo que hace necesario un sistema simbólico que reafirme continuamente la ficción de homogeneidad. Como señala esta autora, la tarea -y estrategia- del Estado, es controlar la gama de posibles interpretaciones y en lo  posible llevar este afán hasta el extremo de “monopolizar exclusivamente los significados”.

Otro aspecto a señalar es la fábula de su génesis que incluye la delegación para siempre de la voluntad, del poder, en fin de la capacidad para gobernarnos. Colombo[15] tomando el pensamiento de Castoriadis plantea que en realidad esto es una expropiación y que esta se construye sobre el soporte de una desposesión inaugural que remite a un tiempo mítico originario “el dictado sagrado de la ley”, inversión imaginaria que hace de una fuente extrasocial la ordenadora de todo lo que existe y la fundadora de la ley social que establece una jerarquía de mando, de rango y de fortuna. Cuando hablamos de fuente extrasocial  nos referimos a algo que esta por afuera, de la sociedad efectiva, viviente y que puede aparecer en la forma de dioses pero también en la imagen de héroes fundadores[16].

La alienación de la capacidad instituyente, es decir de la capacidad de autogobierno y autoinstitución,  produjo el estado, verdadera confiscación de facto de dicha capacidad en manos de una minoría. Con la construcción imaginaria del Estado, la mencionada minoría instituyó la separación y la autonomización de lo político en la figura de la maquina, opuesta ahora a la gran masa de súbditos. Evidentemente, esta confiscación es siempre parcial y limitada, pero transfiere la acción política “legítima” hacia las manos del estado. El poder político se expresará de aquí en más por medio de una representación imaginaria central que organiza el universo sociopolítico en su conjunto. El Estado se espiritualiza y los hombres se cosifican.

De esta manera los poderes propios de la sociedad, la capacidad de creación, de autoinstitución quedan legítimamente en manos de una minoría que regula el todo social. La fábula se hace real en las estructuras del estado y sus poderes específicos tales como la violencia[17], el impuesto, la ideología, la nación y sus símbolos.

Como síntesis podemos visualizar al estado como una forma institucionalizada de las relaciones de dominación, que produce y reproduce estas relaciones, y que a su vez va profundizando el control en torno a más aspectos de la vida social (Por ej: biopolítica). Asimismo, creemos que el estado no esta separado de la sociedad,  por el contrario, como planteamos más arriba es un tipo instituido de relación social de dominación que cruza todos los conjuntos sociales y que inclusive  moldea las formas que adquieren las luchas sociales.

Para terminar, podemos decir que como modernos ludditas[18] queremos ser destructores de la maquinaria estatal, maquina, por definición, inútil para nuestros fines de una sociedad libertaria. Pero a la vez queremos ser constructores de nuevas formas de coordinación de la vida social, desde abajo, sin relaciones que impliquen el sometimiento, la subordinación, en definitiva la dominación de una clase sobre otra.
 
Necesidad de la organización política de los anarquistas
Si queremos lograr un cambio revolucionario en el sentido anarquista es necesario que los que compartimos esa misma visión estemos unidos, organizados, con una táctica y estrategia común. Que tengamos ámbitos de análisis de la sociedad en que vivimos, de los mecanismos de dominación y que busquemos respuestas colectivas para ir acumulando  fuerzas. En  definitiva necesitamos golpear con un solo puño.

La necesidad también parte de un contexto como el actual en donde luego de determinados cambios en el imaginario propicios a ideas de democracia directa, acción directa hacen que una referencia organizada del anarquismo pueda tener en estos tiempos un mayor nivel de audiencia que en otros momentos históricos.
 
Herencia y legado histórico del Anarquismo Organizado
Debemos pensar nuestro intento de generar una estructura fuerte, federal y duradera como un hecho que sigue los lineamientos de ideas políticas y de historias, tradiciones y aprendizajes de la lucha de nuestro pueblo.  En esas luchas es que reconocemos a teóricos y militantes revolucionarios que incentivaron a organizar a los anarquistas en torno a un programa, principios y estrategia. En esa línea encontramos a Mikhail Bakunin, Errico Malatesta, Luiggi Fabbri, Camilo Berneri, Ricardo Flores Magón, Carlo Cafiero, Ettore Mattei, José Oiticica, Shin Chae-Ho entre otros. También vemos el inestimanble aporte actual de militantes contemporáneos como Felipe Correa, Bruno Lima Rocha y la Federación Anarquista Uruguaya.

Por otro lado debemos obligatoriamente hacer referencia a las experiencias practicadas en otras latitudes de nuestro mundo a lo largo de nuestra historia: la Federación de los Anarco-Comunistas de Bulgaria (FAKB) de principios de siglo XX, la Federazione Anarchica Italiana del bienio rojo, la Confederación de Organizaciones Anarquistas de Ukrania “NABAT” de 1918, la Federación Anarco Comunista Coreana (FACK) del año 30, la Federación Anarquista Ibérica de la Revolución Española del 36 (nucleando a portugueses y españoles), la histórica FAU uruguaya de las luchas gremiales y sociales de ayer y de hoy, la FAG, FARJ y FASP brasileras y la FCL de Chile. Tales experiencias organizativas han demostrado y demuestran lo importante que es tener una estructura federal anarquista a nivel local para poder incidir de manera no testimonial en la historia de la lucha de clases.

En ese mismo sentido Argentina no estuvo aislada de la iniciativa de libertarios que al calor de las luchas populares establecieron contactos orgánicos para poder acertar en la militancia cotidiana. Por eso somos herederos entre otras, de la Alianza Liberaria Argentina (ALA) de los años 20, en alternativa ideológica al anarcosindicalismo de la FORA Vº Congreso. Los militantes de la ALA estaban abocados de lleno a la dinamización e impulso de las luchas obreras a través de la central sindical USA. Esta orgánica fue el embrión del Comité Regional Relacionador Anarquista, mas tarde convertido en la FACA (Federación Anarco Comunista Argentina) de 1935.  A través de la FACA pudimos intervenir de manera determinante en luchas sindicales y agrarias hasta la llegada y consolidación del peronismo. A finales de los 50 la FACA transformaba su nombre a la actual FLA (Federación Libertaria Argentina).[19] No será hasta los años 70 en donde reaparece el anarquismo organizado con inserción social y determinación clasista expresado en regionales como el grupo El Libertario, de Córdoba, la vieja Resistencia Libertaria de La Plata, y Acción Directa, de Buenos Aires. Estas organizaciones pasarán  a conformar Resistencia Anticapitalista Libertaria, una organización de intención nacional que luchó junto a otros grupos anarquistas como GAR (Grupo Anarquista Revolucionario), GRA (Grupo Revolucionario Anarquista), OA (Organización Anarquista) y la LAC (Liga Anarco Comunista) por una revolución social antiestatista en medio de la marea de la “Patria Socialista” de aquellos años.

Por último a fines de siglo XX grupos como OSL (Organización Socialista Libertaria), AUCA, OAR (Organización Anarquista de Rosario) y el MALO (Movimiento Anarquista de Liberación Obrera) han sido el puntapié inicial de este renacer anarquista, influyendo de sobremanera en nuestra intención revolucionaria de dejar nuestras vidas en las luchas sociales de hoy, sosteniendo a la par un proyecto federal de todos los anarquistas que viven en Argentina.
 
Tipo de organización que pretendemos: una Federación
Los tiempos históricos son procesos colectivos, mucho más lentos y complejos, que los tiempos individuales. Por este motivo nos proponemos como anarquistas aportar a este proceso de transformación social, una perspectiva libertaria. Para ello creemos que debemos organizarnos, que debemos crear una organización política anarquista que busque darle homogeneidad a nuestra concepción ideológica,

Nuestra organización debe ser un ámbito de síntesis y de elaboración de praxis de intención revolucionaria que tienda a su multiplicación en sintonía con su contexto histórico. Que sirva como dinamizadora de organizaciones político sociales en función de la construcción de poder popular autogestionario y de la ruptura revolucionaria con desenlace lo mas masivo posible de las clases oprimidas.

Para esto los anarquistas hoy nucleados en la FACA pretendemos el desarrollo de una organización de cuadros[20] con estructura de círculos de compromiso y adhesión (concéntricos) y con total democracia interna. Con respecto al sistema de círculos concéntricos reconocemos distintas formas de actividad y niveles de compromiso. “El nivel político-específico corresponde al ideológico y atañe a los militantes políticamente organizados [la organización específica anarquista]. Dado que esta organización no es de masas, no tiene una filiación abierta. Se entiende que los niveles político-social y social deben ser masivos y abiertos a todos los militantes populares. El orden político-social  corresponde a un sector afín que comparte un estilo de trabajo, pero no necesariamente seguidores en el sentido ideológico [el sector militante afín a los principios anarquistas]. Lo social propiamente dicho (el anillo mas amplio) corresponde al conjunto de clases oprimidas, a la noción generalizable de pueblo como un todo. Se refiere a todos los sectores populares  organizados.

En este sentido refiere a los ámbitos generales de la lucha de clases, impulsando la organización los pilares del Poder Popular [los movimientos populares]”[21]Esta organización federal anarquista específica de círculos concéntricos tiene carácter público, zonal y nacional. En un país cuya herencia histórica y distribución geopolítica fomenta el centralismo hemos optado por organizarnos de manera federal en contraposición al centralismo estatista vigente desde la formación del estado-nacion argentino. Es por eso que, sin descuidarnos y caer en regionalismos provinciales engañosos que tienden a la división de nuestra clase oprimida, pretendemos potenciar el desarrollo de la autonomía zonal en pos del proyecto estratégico federal, en donde la parte no es parte sin el todo y viceversa. En este sentido, a nivel interno debemos fortalecer la unidad en lo estratégico y la autonomía relativa en el sentido táctico (marcada por la estrategia y los acuerdos generales).
 
Relación entre la organización político-ideológica y la organización político-social
Desde nuestra perspectiva no vemos lo político y lo social como esferas separadas tajantemente o estancas. Lo político y lo social lo concebimos como aspectos mutuamente condicionados. En este sentido, teniendo en cuenta la complejidad de los procesos sociales, vemos que no hay esferas separadas, si bien existen especificidades y por esto la necesidad de la organización anarquista, estás tiene que ver con variantes para el análisis de los procesos y con formas de intervención.

Entonces, entre el espacio político-ideológico y el espacio político-social hay una relación dinámica,  se retroalimentan, lo ideológico y lo político se encuentran en los dos espacios, si lo diferenciamos es solo para categorizar. Nuestra tarea se enmarca en una tensión entre el dinamizar procesos de construcción y lucha e imprimir un bagaje ideológico que se construye en relación al contexto en que nos movemos en un ida y vuelta. Para nosotros la organización político-social no es correa de transmisión de la organización política, ni masa de maniobra. Si creemos en un proceso de transformación social con la mayor participación posible, eso implica que la clase este organizada. En ese sentido las organizaciones político-sociales son embriones o sostenes de la futura sociedad. La sociedad tiene que estar organizada desde abajo. Las organizaciones político-sociales son núcleos de poder que construyen en disputa con el poder del estado.
Entendemos a las organizaciones de la clase, no como estancas en cuanto a sus definiciones sino como dinámicas y en relación dialogica con el entorno social y el desarrollo de la lucha de clases.
 
Principios orientadores de nuestra práctica política
 
Ética Libertaria
Son aquellos principios, valores, normas y prácticas que nos plantean una conducta, una forma de percibir el mundo y de relacionarnos, un bagaje de criterios a partir del cual nos paramos para comprender el mundo y actuar sobre la realidad. En oposición a la ética del sistema dominante, nosotros proponemos una ética libertaria.
 
Autonomía y libertad
La autonomía y la libertad consisten en la capacidad de decidir sobre las cuestiones que afectan  nuestras vidas. Del mismo modo, la autonomía involucra la capacidad de criticar el propio pensamiento y la facultad de reflexionar sobre nuestra practica. Los  individuos somos fabricados por las sociedades en las que vivimos, así, no hay sujetos autónomos sino existen las instituciones que generen las instancias necesarias en donde el ejercicio del poder no esté en manos de una minoría y pueda ser ejercido por todos los involucrados. Solo individuos libres y autónomos pueden configurar una sociedad autónoma. Una sociedad autónoma es una sociedad que se instituye a sí misma, que se autogobierna. Sólo en la medida en que hay individuos autónomos puede esa sociedad cuestionar verdaderamente sus instituciones y producir otros individuos autónomos. Por lo tanto dentro del actual sistema capitalista la libertad y la autonomía se encuentran fuertemente constreñidos por sus instituciones de dominación. Como decía Bakunin, somos libres en la medida en que todos los que nos rodean son libres, porque nuestra libertad para ser tal, necesita ser reconocida y respetada por otros seres libres. Mientras siga habiendo oprimidos y explotados, seremos opresores u oprimidos, pero no podremos situarnos al margen del conflicto.

Se trata, entonces de construir  el comunismo anárquico, es decir, una sociedad en la que la solidaridad entre sus miembros, el apoyo mutuo, la participación colectiva en las decisiones y proyectos sociales, sean reales y posibles.
Para llevar adelante esta tarea nos valemos de la idea de revolución  anarquista, es decir, que pretendemos una revolución que afecte a todas las dimensiones de la vida social e individual que debe proyectarse hacia un futuro distinto y abierto, pero también hacerse presente hoy, aquí y ahora desde nuestras construcciones y luchas cotidianas.
 
Independencia y solidaridad de clase
Entendemos que en todo sistema basado en la dominación y el sometimiento, habrá siempre una división entre dos clases antagónicas, luchando unos por dominar y otros por liberarse, o bien por ascender en la escala social para lograr también privilegios. De aquellos que se aprovechan de las relaciones de dominación, de quienes explotan y someten a otras personas en beneficio propio, nada puede esperarse.

Por ese motivo, porque los ricos nunca cederán alegremente sus riquezas a los pobres, porque el patrón nunca compartirá lo que considera que es de su propiedad, porque los políticos siempre usarán la política en su propio beneficio, y las iglesias solo enviarán al cielo a sus aliados y amigos, usando si es necesario todo el peso del temor y el terror para disciplinar a quienes necesitan someter; porque los poderosos siempre intentarán conservar el sistema establecido, sin impulsar ningún cambio sustancial que atente contra sus privilegios, por todos estos motivos reivindicamos la independencia y la solidaridad de los de abajo en todo el mundo, de la clase dominada, que resiste.  Entendemos que solo un proyecto surgido legítimamente del seno de nuestra clase puede trasformar radicalmente el orden establecido.

Somos anarquistas, y el anarquismo nació y se nutrió siempre de la lucha de los de abajo por alcanzar su libertad. Han existido sin embargo hombres y mujeres en todos los tiempos que a pesar de haber nacido en una posición de privilegio, han roto con su extracción de clase para luchar por una sociedad libre y de iguales. Nosotros creemos, que sin importar donde haya nacido, un militante anarquista, si cree profundamente en un cambio revolucionario debe tomar una posición de clase y esa posición de lucha codo a codo con la clase dominada, organizada y resistiendo, debe tener coherencia en su vida personal, con su voluntad militante y su intención revolucionaria. 
 
Antiestatismo
Buscando la construcción de instituciones que favorezcan el desarrollo de sujetos autónomo sin jerarquías. Asimismo, planteamos una lucha sin cuartel contra todo tipo de estatismo. Al estatismo centralista de los de arriba le oponemos nuestra forma de organizarnos que es el federalismo libertario de los de abajo.
 
Federalismo Libertario
Entendemos que este concepto, es la representación práctica de nuestra forma de entender el poder. Un poder que circula por todo el entramado social y que evita por todos los medios, que este se enquiste en personas, roles e instituciones.

Proponemos una organización de abajo hacia arriba, donde “el abajo” significa la instancia orgánica básica, de discusión y decisión, de cualquier organismo o de la sociedad misma y “el arriba” significa la o las instancias de síntesis y puesta en común para expresar esas decisiones, propuestas e ideas que permiten llegar a acuerdos generales que involucran “al todo”. Proponemos roles de delegación rotativos y revocables cuya única función es ejecutiva y no de decisión política, es decir, que cualquier tipo de delegación de tareas y responsabilidades es a través del mandato colectivo. El respeto a la autonomía en lo referente a cuestiones particulares, del ámbito cotidiano en donde las personas se asocian, es fundamental. Teniendo en cuenta dos aspectos: el respeto a las decisiones y acuerdos generales, en donde todos han participado y el hecho de que las decisiones tomadas dentro de la órbita de lo que corresponde a lo particular no perjudiquen “al todo”. Esto permite un mayor desarrollo de las potencialidades individuales y colectivas. 

Como todo lo que nos proponemos, aspiramos a construir desde el presente el futuro que deseamos, por ese motivo nos proponemos construir una federación anarquista, lo mismo que en los ámbitos sociales aspiramos a multiplicar el federalismo como alternativa posible de organización social. Combatir los mecanismos de dominación que operan en la sociedad no es tarea fácil, lo sabemos, estamos acostumbrados a delegar nuestra capacidad de decisión en otras personas o instituciones, a que otros velen por nosotros, estamos acostumbrados a obedecer, y tenemos la responsabilidad de deconstruir los mandatos y los roles a los que estamos acostumbrados para hacer posible nuestros deseos y aspiraciones. Ningún método, ninguna forma de organización, ningún principio es infalible pero, de algo estamos seguros y es de que hay caminos que posibilitan una ruptura con este sistema y con su lógica de poder y otros, que lo único que hacen es conservar el orden establecido..
 
Inserción social
Nuestro anarquismo social y revolucionario no existe fuera de la lucha de clases. Si como decimos, las organizaciones político-sociales son embriones de una institucionalidad no estatal, no existe proyecto anarquista posible sin nuestra participación en esos núcleos populares.
 
Democracia directa
En el marco de un proceso de construcción de poder popular autogestivo la democracia directa es el ejercicio del poder sin intermediarios y al mismo tiempo  es una  práctica prefigurativa de una institucionalidad no estatal. Cabe aclarar que el pleno desarrollo de la democracia directa se ve limitado en el actual sistema de dominación capitalista. Asimismo, pensando en la sociedad futura queremos construir,  es la “institución de una  sociedad autónoma, de una sociedad que se autogobierne, lo cual no es otra cosa que la idea de la democracia pensada rigurosamente y llevada hasta el final. La democracia directa evidentemente no podría tratarse de una democracia representativa en el sentido actual del término. El poder del pueblo exige una democracia directa. Esto quiere decir que todas las decisiones importantes son tomadas por las colectividades involucradas. Y que entonces no hay alienación del poder de la colectividad entre las manos de los pretendidos representantes”[22].

Como señala Murray Bookchin, “una política nueva radicada en los pueblos, los barrios, las ciudades, las regiones, es la alternativa practicable para no caer en la lógica estatal representada por el parlamentarismo. La política actualmente negada, al convertirse en expresión contingente particular del Estado, es la expresión alienante del poder humano privado de su capacidad decisoria. La forma alienada de la política, o sea el Estado, es la forma que expresa la sumisión de los seres humanos concretos ante fuerzas ajenas y pretendidamente superiores”[23].
 
Acción directa
El método de actuación preconizado por el movimiento anarquista ha sido y es la acción directa. Si bien la acción directa es automáticamente relacionada con el empleo de formas violentas de resistencia y lucha y con el extraparlamentarismo, el concepto engloba una mayor riqueza de contenido. Fundamentalmente se trata de hacer prevalecer el protagonismo de las organizaciones populares, bregando por la menor mediación posible y asegurando que la necesaria mediación no implique el surgimiento de centros de decisión separados de los interesados. En ese sentido, la acción directa es la consecuencia lógica de nuestros objetivos finales. Puesto que la gestión directa de las diversas ramas del quehacer social es la meta de los libertarios, en rigor y coherencia sólo la acción directa puede ser la metodología que se corresponda con ese objetivo. En tal sentido, la acción directa es el complemento de la democracia directa a la que anteriormente hacíamos referencia.

Los trabajadores y otros sectores oprimidos en la medida que aumenten las posibilidades de una práctica de la acción directa y de la democracia directa, pueden asumir responsablemente la defensa de sus intereses y adquieren la capacidad necesaria para fortalecer su posibilidad de decisión, maduran en la medida en que se hacen cargo de sus aciertos y sus errores asumiéndolos como propios y evitando subordinarse a planteos externos y ajenos que los colocan en situación subalterna.

La acción directa se expresa en múltiples variantes y en todos los niveles y expresiones se encarga de ubicar a los oprimidos en el centro de la acción política.

En este sentido, para nosotros la lucha de clases es el combate diario de todos los sectores oprimidos. Combate diario manifestado en el trabajo, el barrio, la escuela, el campo, y demás lugares donde nuestra clase a través de su propio accionar, extendiéndolo, profundizándolo y siempre multiplicando crea las condiciones para el protagonismo, es decir, la forja del propio destino.

Con idéntico sentido, los métodos de acción directa deben englobar todas las dimensiones de lo social, político, ideológico, cultural, económico, etc. que constituyen la capilaridad y el conjunto de todo el cuerpo social. [24]

Clasismo
Entendemos que el capitalismo, en tanto sistema de dominación basado en la opresión y en la explotación del hombre por el hombre, estructura la sociedad en clases antagónicas, una que domina, oprime y explota y otra que se encuentra bajo estas relaciones. Y en un sistema que identificamos como de dominio, opresión y explotación como éste, sostenemos que justamente son los que sufren estas relaciones los que organizados  pueden derribarlo, constituyendo otro tipo de relaciones sociales. De los que sacan provecho de las mismas, nada se puede esperar, sólo que el sistema se mantenga y se reproduzca de diversas maneras, para así poder conservar y/o acrecentar sus privilegios[25].

Es desde esta sintética formulación, que posicionamos nuestra perspectiva y nuestra postura clasista. Entendiendo además, a la clase como una formación histórica, socioeconómica-cultural, relacional, dinámica, que se va conformando al calor de su experiencia y de un determinado contexto histórico.

Nuestro clasismo se desprende en tanto que nos reconocemos parte de la clase oprimida y luchamos por el anarquismo, no solo organizados como anarquistas, sino y fundamentalmente organizados con nuestros hermanos de clase en tanto tales, en sus organizaciones de referencia y pertenencia.
 
Antipatriarcado
Como anarquistas debemos luchar en contra del patriarcado como sistema de dominación que se asienta en el autoritarismo y la jerarquía; estableciendo relaciones de poder asimétricas entre varones y mujeres, adultos con niños y entre identidades sexuales diferentes. 

En términos generales el patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–politicas basadas en diferentes instituciones (como es la heterosexualidad obligatoria) y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia. En el capitalismo el patriarcado ha debido adaptarse, por lo que ha transferido el poder de vida y muerte sobre los demás miembros de su familia  que estaba en manos del pater (padre) familias al Estado, que garantiza principalmente a través de la ley y la economía, la sujeción de las mujeres al padre, al marido y a los varones en general, impidiendo su constitución como sujetos políticos.

El antipatriarcado como principio plantea el doble compromiso de luchar por la igualdad de los géneros y de promover la participación igualitaria de todas las personas en la vida política de la organización.
 
Internacionalismo
Nuestra concepción del internacionalismo reposa en la profunda convicción de que entre las clases oprimidas existe una situación y una condición común que hace posible solidaridades y proyectos que desbordan las fronteras nacionales y diferencias culturales.

Al mismo tiempo reconocemos la existencia de particularismos que actúan como elementos enriquecedores de la realidad social. Pero la reafirmación de lo particular, de las diferentes identidades, no debe basarse en el concepto de que el otro es el enemigo, de que el distinto es el inferior.

La desaparición de las fronteras nacionales no debe significar uniformización y mucho menos desaparición de las diferencias, de las identidades. La desaparición de las fronteras nacionales sí debe hacer posible mayores grados de acercamiento, de intercambios y solidaridad y eventualmente, la posibilidad de encontrar una identidad más amplia y abarcativa.

Nuestro internacionalismo no se basa en la uniformidad, en la negación de las diferencias. Por el contrario se basa en la apertura y el respeto hacia todos los procesos culturales e identitarios  que no obstaculicen el  desarrollo de sujetos autónomos e instituciones de autogobierno. Enfrentando el patriotismo de las clases dominantes, las construcciones jurídicas artificiales, las manipulaciones de todo orden, afirmamos que no existe el ser humano sin cultura propia, sin identidades propias y sin lenguaje propios.

Abajo todas las fronteras y al mismo tiempo respeto a todos y a cada uno.
 
Antiimperialismo y autodeterminación de los pueblos
Los anarquistas debemos luchar por la liberación de los oprimidos impulsando sus organizaciones contra todo tipo de autoridad, entre ellas las que pretenden someter a los pueblos pobres del mundo. El imperialismo es la forma de gobierno mundial que se dan las potencias hegemónicas para dominar en el plano geopolítico, económico, cultural y social a la clase oprimida de todos los países del mundo. Los que más padecen la división mundial del trabajo y la dependencia esclavizante son los pueblos de los países menos desarrollados.
Solo los pueblos unidos y organizados contra las potencias hegemónicas deben ser los únicos y legítimos dueños de determinar su forma de vida y su futuro.

Así mismo nos oponemos a que dentro de cualquier sociedad haya discriminaciones étnicas ya que todos somos pueblo oprimido por el mismo Estado y sistema. Ellos, los de arriba, los ricos y poderosos son los opresores y los de abajo padecemos su opresión y discriminación.
 
Autogestión y Comunismo Anárquico
Autogestión entendida como la forma vital y posible, la aceptación de la completa responsabilidad por sí mismo, y también con los demás. Allí donde la gente se encuentre y comparta sus necesidades y problemas, se pondrá en práctica, como forma de lucha antiburocrática, la Autogestión como medio y fin. Esta permite pensar la sociedad, a partir de los órganos de base, que desarrollando solidariamente formas de administración descentralizadas, mediante un sistema dinámico, federalista y de control directo, puede ir creando una vasta red de organismos autogestores que reanimen el tejido social y que puedan en un momento de ruptura, convertir esto en revolucionario, constituyendo así la base de una nueva organización social.

Es necesario aclarar que la Autogestión debe ser entendida no solo como una forma de organización en pequeñas comunidades, sino como un modo integral de vida capaz de atravesar todo el campo social en cualquier momento y lugar.

Siguiendo con esta idea pregonamos la abolición de la propiedad privada y la puesta en común de todos los medios de producción, todo lo producido y todos los recursos vitales para la humanidad. La forma de construcción de una nueva sociedad igualitaria lleva consigo una distribución de la riqueza común basada en la determinación de las necesidades, y en donde el trabajo es distribuido más equitativamente y de acuerdo con las capacidades individuales. De ahí la frase “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad”.

Así mismo no construimos la nueva sociedad manteniendo como figura central al Estado. Es así que somos contrarios a la llamada etapa de transición de un “socialismo de Estado”. Nuestro principio económico esta basado en la propiedad comunitaria mediante la desaparición del Estado, la sociedad de clases y el sistema capitalista.
 
Construcción de poder político libertario
El elemento distintivo clave del proyecto de sociedad libertaria, que merece una consideración separada y especial, es nuestra concepción acerca del poder político.

En ese sentido, nosotrxs reconocemos que las propuestas más o menos tradicionales del anarquismo clásico se han mostrado insuficientes cuando no erróneas. Reconocemos por lo tanto la necesidad de ir elaborando pacientemente respuestas más acabadas a esta problemática clave.

Para esta elaboración reivindicamos algunas premisas.
Nuestra propuesta política fundamental consiste en la destrucción del Estado en tanto especial ámbito institucional de dominación política y en la supresión de las formas gubernamentales que constituyan un poder separado del conjunto de la población.

Ahora bien, cuando hablábamos de reapropiación por parte de la sociedad, del conjunto de las mujeres y los hombres, de la posibilidad de ejercer las funciones detentadas por las clases o grupos dominantes, nos estamos refiriendo en lo medular, precisamente, a la desaparición del estado y junto con él toda la cultura de poder que lo sustenta y reproduce.

Hay que plantearse la reflexión del Estado desde dos planos: como terminal de un conjunto de diversas relaciones y como reproductor de ellas.
Para nosotrxs reintegrar a la sociedad el poder político es sustituir al estado y al gobierno en sus funciones tutelares y habitualmente represivas. Es socializar los mecanismos de expresión y decisión que deben serle propios e ir abandonando los mecanismos de represión y coacción violenta en beneficio de relaciones de convivencia asentadas en la libertad responsable y el compromiso libremente acordado.

En términos de realización libertaria esto quiere decir que el poder político asume la forma de una democracia directa, ejercida desde las instituciones de base y las instancias globalizadoras que las expresan.
Por esto pensamos una democracia distinta a la meramente representativa. Por democracia directa pensamos en una nueva institucionalidad, donde no haya lugar a ningún género de privilegios, sean estos económicos, sociales o políticos. En una institucionalidad donde la revocabilidad de los miembros este inmediatamente asegurada y donde por lo tanto, no haya espacio a la habitual irresponsabilidad política que caracteriza a la democracia representativa, ni a la creación de esa casta que ya tanta gente llaman con desdén: "los políticos". Una práctica y una institucionalidad que debe reflejar el derecho y las obligaciones de todos los miembros de la sociedad. Su derecho a ser elegido y elector, y también su obligación a rendir cuentas en forma efectiva, práctica, cotidiana. Y esto debe ser válido tanto para las instancias más amplias de la globalidad social, como también para las instancias de base. De esta forma es que concebimos la libertad política como una construcción, un quehacer y una voluntad colectiva que no tienen límites en el tiempo. Nuestra visión política de la sociedad no es el fin de la historia. Es su continuación en la forma más armónica, libre y responsable posibles.

Este es un camino que proponemos para que la totalidad de los hombres, mujeres y demás identidades de género puedan expresar genuinamente sus necesidades, pueda discutirlas, confrontarlas y madurarlas. Y puedan plasmar en decisiones políticas generales ese proceso de elaboración y de intercambio. Estas son algunas de las bases de lo que siempre entendimos como poder popular autogestionario. Poder Popular que reiteramos es concebido por nosotros como el poder revolucionario protagonizado por las organizaciones populares, donde lo político y lo social adquieren una nueva articulación que lo asegura. Sin tal articulación, estimamos, no habrá poder popular real.

Como más arriba dijimos el anarquismo tradicional ha tenido dificultades para enfrentar estos temas. Las mismas no nos son ajenas. Pero sí existe en nosotrxs la convicción de que el tema del poder es medular para el proyecto y el quehacer de una organización política. En ese sentido sostenemos que este no es un tema cerrado, al contrario continúa abierto y nos parece una de las grandes cuestiones teóricas y prácticas del socialismo[26].

[1]           Cabe aclarar que existe en la actualidad un debate historiográfico en torno a la incidencia del anarquismo y de cuando se produce su decaimiento, debate al cual no entraremos por no ser pertinente en este trabajo, aquí lo que se quiere resaltar es la presencia de anarquistas en las luchas sociales hasta entrada la década de1930 en la Argentina.
[2]           Benyo, Javier. “La Alianza Obrera Spartacus”. Ed. Utopia Linertaria. Bs As., 2005. Pág.  11.
[3]           En la Argentina es posible rastrear el resurgir del anarquismo a partir de los años previos y durante la dictadura militar de 1976, a través de la reconstrucción que realizo Fernando López Trujillo de la experiencia del grupo “resistencia libertaria”, que sufrió la violencia del terrorismo de estado dejando como resultado la desarticulación de la organización y la mayoría de sus integrantes desaparecidos.
[4]           Mintz, Frank. “O Anarquismo Social”. Editora Imaginario, Sao Paulo, 2005.
[5]           Mintz, Frank. “O Anarquismo Social”. Editora Imaginario, Sao Paulo, 2005.
[6]           Bookchin, Murray.
[7]           Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets Editores.2007. Pág. 124.
[8]           Alfredo Errandonea, Anarquismo para el siglo XXI, pag 50
[9]           Documento “Un anarquismo de intención revolucionaria, inserto en las luchas…”
[10]         Michel Foucault, “Microfisica del poder”.
[11]         Colombo dice que una vez alienada la capacidad instituyente de la sociedad la servidumbre se convierte en voluntaria. Colombo Eduardo. La voluntad del Pueblo.
[12]         Canales Urriola Jorge. El otro fantasma de la pampa. El estado frente al movimiento obrero salitrero de Tarapacá entre 1930 y 1960 (Apuntes para otra antropología).
[13]         Abrams, Philips.  "Notes on the Difficulty of Studying the. State." Journal of Historical Sociology 1.1 (1988)
[14]         Churampi Ramírez Adriana, 2003, ¿Es la bandera del Perú?. El enfrentamiento de los símbolos de la patria en la pentalogia de Manuel Scorza, en Especulo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid.
[15]         Colombo Eduardo. La voluntad del Pueblo. Utopía Libertaria.
[16]         Recordemos que en la Argentina la en  construcción imaginaria del mito de origen de la Nación la figura de los próceres ocupa un lugar central en la forma de fundadores de la patria. Entre ellos centralmente San Martín y Belgrano son investidos con una carga de atributos positivos que incluso llega a deshumanizarlos.
[17]         Castoriadis nos llama la atención al indicar sobre la fuerza de la construcción imaginaria del estado al advertirnos que ¨ el ejercito mas poderosa del mundo no puede proteger nunca sino es fiel y el fundamento ultimo de su fidelidad es su creencia imaginaria en la legitimidad imaginaria ¨ Castoriadis, Cornelius, 1991, La Institución de la Imaginaria de la Sociedad V 1, Ed Tusquet, Cap. 3, pp. 197-285
[18]         El movimiento Luddita nació en la Inglaterra de principios del siglo XIX en plena revolución industrial. Durante dos años los ludditas destruyeron mas de 1100 maquinas a golpes de masa y prendiendo fuego instalaciones. No renegaban de toda la tecnología, sino contra los símbolos de la nueva política triunfante; concentración en las fabricas, maquinaria imposible de adquirir y administrar por las comunidades. Christian Ferrer. Los destructores de maquinas.
[19]         Sabiendo que nos somos los únicos, para nosotros es un orgullo retomar aquella bandera del 35 y recoger la herencia y el legado de aquella experiencia para referenciar hoy a nuestra organización federal como FACA.
[20]         Es decir, un cuadro es un militante que acordando con los principios y la estrategia planteada por la organización, es capaz de impulsar y dinamizar organizaciones de base teniendo en cuenta lo acordado.
[21]         Bruno Lima Rocha. “A Interdependência Estrutural das Três Esferas”, 2009 (tesis de doctorado). Lo que figura entre paréntesis fue adicionado por mí.
 
[22]         Castoriadis, Cornelius.
[23]         Bookchin,  Murray.
[24]         Declaración de Principios de FAU aprobada en el Xº Congreso (Montevideo, Marzo de 1993).
[25]         Federación Anarquista Gaucha. Declaración de principios.
[26]         Federación Anarquista Uruguaya. Declaración de principios y elementos de estrategia. Ed. Recortes. Montevideo. 2004

 

 

Federación Anarco-Comunista de Argentina
Columna Joaquin Penina

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