La guerra que acabará con todas las guerras Imprimir
Sábado, 24 de Julio de 2010 01:18
No pasarán muchos años antes de que Nueva York deje de ser la ciudad más importante del sistema político-económico que la está destruyendo.No pasarán muchos años antes de que Nueva York deje de ser la ciudad más importante del sistema político-económico que la está destruyendo

Carlos Rivero Collado / Kaos en la Red

Los gobiernos capitalistas y medio capitalistas se niegan a detener el excesivo calentamiento global y su espantosa secuela, la desaparición de la vida animal y vegetal sobre la superficie terrestre.

Antes de entrar en el tema que hoy nos ocupa, el calentamiento del planeta, digamos algo breve sobre dos conflictos pendientes, Irán y Corea, que pudieran ocasionar una grave crisis mundial.

1-. La tragedia aplazada

Aunque el conflicto entre Irán y el Imperio Yanqui-Sionista ha entrado en un confuso proceso de posibles negociaciones, sigo creyendo que, al final, el gobierno de Israel va a bombardear las bases del programa de energía nuclear de Irán, que este país va a responder lanzando bombas convencionales sobre Israel y que el gobierno imperial de Estados Unidos va a perpetrar un bombardeo convencional sobre Irán en el que pudieran morir miles de seres humanos.

A quienes crean que esto no va a suceder, les sugiero que repasen un poco la historia de los tres países y verán que ese drama pudiera ser inevitable.

Si, como ha dicho el gobierno de Rusia, Irán ha fabricado o está a punto de fabricar bombas nucleares y las lanza sobre Israel, ya que tiene cohetes que lo alcanzan, los ataques del Imperio Yanqui-Sionista a Irán serían, entonces, nucleares.

No creo, sin embargo, que la República Islámica tenga bombas nucleares, pero, si las acaba de fabricar, no serían más de dos o tres y de unos 20 ó 30 kilotones, por lo que no es lógico creer que, en tales condiciones, vaya a atacar con esas pocas bombas a Israel, que tiene de 80 a 200 bombas nucleares (hay fuentes que calculan que pudiera tener hasta 280, casi tantas como Francia, la tercera potencia nuclear), algunas de hasta cinco megatones, y que, además, cuenta con el apoyo de Estados Unidos, que tiene más de 10,000 bombas nucleares, algunas de hasta 100 megatones, 7,000 veces más poderosas que la de Hiroshima.

2-. El ataque al buque Choenan y el campeón del autoatentado

El conflicto con Corea del Norte pudiera ser peor que el de Irán.

Hillary Clinton, Canciller del Imperio y portavoz del terrorismo nuclear –no olvidemos que hace dos años amenazó a Irán con barrerlo de la faz de la Tierra--, acusa con toda firmeza al gobierno de Corea del Norte de hundir el buque de guerra surcoreano Choenan, el 26 de marzo de este año, con un saldo de 46 marinos muertos.

Hay que destacar que no es el gobierno de Seúl el que ha insistido tanto en que el buque fue atacado por Corea del Norte, sino la cancillería de Estados Unidos. En más de una ocasión, el gobierno de Seúl ha pedido moderación en este asunto, actitud que pugna con la extrema agresividad de la señora Clinton, quien ayer,  en una visita que hizo a la frontera entre ambos países, volvió a insistir en la culpabilidad del gobierno norcoreano. En esta acción provocadora, Hillary estuvo acompañada nada menos que por Robert Gates, Secretario del Ataque, digo de Defensa.

El hundimiento del buque surcoreano ocurrió cerca de la Isla Byeongnyeong, en el Mar Amarillo, al oeste de la península y cerca de la línea divisoria entre los dos países. La isla pertenece a Corea del Sur y en ella hay una base de submarinos que es operada en conjunto por los gobiernos de Estados Unidos y Corea del Sur. El canal marítimo entre la isla y Corea del Norte es tan estrecho que ambas costas están a tiro de artillería. Cualquier submarino, por muy pequeño que sea, que trate de navegar por ese estrecho sería detectado por los radares de la base mediante su sistema de acústica.

El gobierno de Corea del Norte ha dicho que no posee ninguna nave submarina que pueda violar el avanzado sistema de sonar que se halla alrededor de la Isla Byeongnyeong.

El analista de Inteligencia de Corea del Norte, Kim Myong Chol, declaró:

--El hundimiento tuvo lugar no en aguas de Corea del Norte, sino muy adentro de las aguas bien custodiadas de Corea del Sur, en las que cualquier submarino tendría una gran dificultad para operar en secreto.

El incidente ocurrió unos días después de la conclusión del Ejercicio Foal Eagle, de maniobras antisubmarinas conjuntas de EU y Corea del Sur, en el que tomaron parte cinco buques lanzacohetes. Varios buques lanzacohetes de Estados Unidos estuvieron en el área hasta más de ocho días después de terminados los ejercicios y eso es muy sospechoso.

Si, efectivamente, el Choenan fue impactado por un cohete, lo lógico es que haya sido de uno de los buques estadounidenses

Quien conozca la larga trayectoria, en este sentido, del Imperio no debe tener muchas dudas de que se trata de un autoatentado para culpar al gobierno de Corea del Norte y crear una situación de guerra con un país cuyo poderío nuclear es de unas seis a ocho bombas. Aunque se desconoce su potencial explosivo, se cree que ninguna de ellas sea mayor de 30 kilotones.

Un estudio realizado por la Inteligencia militar de la República Popular China determinó que el hundimiento del buque se debió a dos causas: una, que chocó accidentalmente con una mina; otra, que fue impactado por un cohete lanzado por uno de los submarinos que participaron en los ejercicios antisubmarinos que se estaban realizando cerca de la Isla Byeongnyeong.

Hoy, viernes 23 de julio, la tensión ha aumentado al máximo al declarar el gobierno de Seúl que habrá “una respuesta física” a los ejercicios navales que Estados Unidos va a realizar este fin de semana cerca de las aguas de ese país.

Por su parte, hace menos de tres horas, la señora Clinton ha hecho declaraciones que elevan el tono de sus amenazas a Corea del Norte.

¿Son el Choenan y el Maine simples coincidencias … o firmes incidencias?

Esperando la evolución y el desenlace de estos dos graves conflictos, veamos ahora una tragedia mucho mayor.

3-. La guerra final

Las guerras que ha sufrido la humanidad desde los orígenes de la historia han dejado cientos de millones de muertos; pero el calentamiento global, más allá del que necesita el planeta para mantener la temperatura promedio que ha hecho posible nuestra forma de vida, amenaza con aniquilar todas las especies animales y vegetales que viven sobre la superficie terrestre, convirtiéndose en la peor tragedia de todos los tiempos, en una guerra mil veces peor que todas las guerras juntas.

Para que entendamos el alcance de este inmenso drama, debemos tener en cuenta algunos detalles, sin los cuales no pudiéramos tener una idea cabal de lo que está sucediendo en este planeta y, sobre todo, de lo que va a acontecer en tan solo unas décadas o, a lo sumo, un par de siglos, que viene a ser un simple segundo de tiempo si lo comparamos con los 3,900 millones de años que ha transcurrido desde que surgieron las formas más primitivas de vida animal, las que, en su lento desarrollo, vivieron en el mar unos 3,300 millones de años antes de que la masiva conversión del bióxido de carbono en oxígeno, y la formación de los gases de invernadero y la capa de ozono permitieran la vida animal sobre la superficie terrestre.

4-. El astro vital

La vida en este planeta depende del sol, o sea del calor o energía que recibimos de nuestra estrella. No es sólo la distancia a que estamos del sol lo que determina la vida, sino, sobre todo, lo que existe alrededor de nuestro planeta, o sea los gases de nuestra atmósfera, a los que llamamos de invernadero porque regulan el clima y lo mantienen en un promedio de 15ºC. Si estuviéramos a la misma distancia del sol pero no tuviésemos esta atmósfera, el clima sería de unos 20ºC menos y, por supuesto, no habría vida.

Son los gases de invernadero que existen en nuestra atmósfera los que controlan el clima porque regulan el calor que recibimos del sol, o sea el que debe quedarse y el que debe salir al espacio exterior para que el planeta no se congele ni se caliente mucho más.

El grave problema se crea cuando se aumentan los gases que regulan esa entrada y salida del calor. El aumento desmedido de esos gases se debe no al proceso natural que ha existido siempre, sino a la actividad humana, sobre todo en los últimos dos siglos y medio, a partir de la Revolución Industrial, en que el ser humano comenzó a explotar los combustibles fósiles.

5-. Los gases de invernadero

Hace más de mil millones de años, la atmósfera terrestre estaba compuesta, sobre todo, de bióxido –o dióxido-- de carbono, CO2, formado por moléculas que tienen dos átomos de oxígeno y uno de carbono. Enormes cantidades de este gas fueron absorbidas, lentamente, en un proceso que duró cientos de millones de años, por las plantas fotosintéticas y los animales marinos microscópicos que existían entonces, en una época en que grandes mares y pantanos cubrían lo que hoy es tierra firme.

Al morir esta flora y fauna original, ese bióxido de carbono acumulado en ellos sufrió ciertas alteraciones químicas y fue transformado en carbón, petróleo y gas natural, es por eso que les llamamos combustibles fósiles, los que, al ser quemados hoy, le devuelven a la atmósfera el bióxido de carbono que predominaba en ella cuando no era posible la vida animal sobre la superficie terrestre.

La vida en la tierra sólo fue posible cuando, hace unos seiscientos millones de años, las plantas terminaron de consumir casi todo aquel bióxido de carbono y lo convirtieron en oxígeno. Más del 90% de la energía que hoy se consume proviene de los combustibles fósiles.

Los gases de invernadero sólo representan el 1% de todos los que forman nuestra atmósfera y es esa mínima proporción la que crea el clima, no el otro 99%, que está formado, en un 78% de nitrógeno y en un 21% de oxígeno, aunque la proporción de oxígeno en la corteza terrestre, que es adonde se produce la vida animal y vegetal, es de un poco más del doble, de un 46%.

La energía solar que llega a nuestro planeta es, como promedio, de unos 343 vatios, o unidades de calor, por metro cuadrado. Unos 168 vatios por metro cuadrado son consumidos por el planeta y unos 103 vatios por metro cuadrado regresan al espacio exterior. Los gases de invernadero atrapan, pues, en la actualidad, unos 72 vatios por metro cuadrado, que son relanzados a la superficie del planeta. Esto, por supuesto, aumenta el calor y cada año que pasa será peor, porque, entonces, ya no serán 72 vatios por metro cuadrado, sino muchos más.

6-. El escudo

El oxígeno libre que existe en la superficie terrestre es efecto de la fotosíntesis, en que la flora convierte el bióxido de carbono y el agua, en presencia de la luz solar, en oxígeno y carbohidratos, o sea azúcares, es decir alimento. Las moléculas de este gas tienen dos átomos de oxígeno, pero las moléculas del oxígeno de la alta atmósfera, al que llamamos ozono, consiste de tres átomos. El ozono es el gas que protege al planeta de los rayos ultravioletas del sol.

La capa de este oxígeno distinto al que respiramos, a la que llamamos capa deozono, existe a una altura de entre 15 y 35 kilómetros sobre la superficie terrestre. Esta capa absorbe del 97 al 99% de los rayos ultravioletas del sol que son nocivos a la salud porque pueden producir cáncer y dañar ciertas funciones del código genético en plantas y animales, poniendo en peligro nuestras fuentes de alimento. Los agentes químicos que provocan la desaparición de la capa de ozono, son el cloro y el bromo, creados por halógenos orgánicos como los clorofluorocarbonos, o CFC, y los bromofluorocarbonos; y, además, el óxido nítrico y el carboxyl. Hay enormes huecos en la capa de ozono que abarcan decenas de millones de kilómetros cuadrados, en especial sobre la Antártida y varios países del hemisferio sur.

A pesar de esto, se siguen produciendo artículos que dañan la capa de ozono, como los aerosoles, el freón y otros productos nocivos.

7-. El destino de las especies

Las especies están desapareciendo a un ritmo cinco mil veces más rápido que el normal. Un informe de Naciones Unidas plantea que para mediados del Siglo 21 sólo quedará el 5% de los bosques tropicales y, cuarenta años después, habrá desaparecido el 66% de los mamíferos, las aves y las plantas del mundo.

Al aumentar el calor, muchas zonas que hoy son húmedas se secarán, aunque no del todo, o sea aún tendrán vegetación. Habrá grandes incendios forestales en esas zonas, y, sobre todo, en las que nunca fueron húmedas, como California, por ejemplo, que es el Estado más rico y poblado de Estados Unidos,y de hecho en todo el centro de este país, de las Appalachias a las Rocallosas, en que están las tierras más fértiles. Se quemarán cientos de miles de kilómetros cuadrados, habrá que evacuar pueblos y ciudades, las pérdidas humanas y materiales serán gigantescas.

En el norte de la Florida, que no es una zona tan húmeda como el sur del Estado, pero mucho menos seca que California, ha habido ya grandes incendios forestales debido al calor. El humo creado por estos macroincendios lanzan a la atmósfera cantidades enormes de bióxido de carbono, contribuyendo a un mayor aumento del calor.

A esto hay que añadir que, en muchos países, los incendios forestales son provocados por el ser humano con fines económicos, o sea extracción de madera, creación de campos agrícolas, fundación de pueblos y ciudades, etc. Todo esto, por supuesto, hará disminuir el oxígeno en la corteza terrestre, o sea se pone en peligro el primer elemento de la vida, que no es el agua, sino el oxígeno, porque los seres humanos podemos vivir varios días sin agua, pero menos de tres minutos sin oxígeno.

Por otra parte, el calor excesivo irá destruyendo la agricultura, matando la ganadería y aumentando los desiertos. Al mismo tiempo en otras zonas del planeta la lluvia será mucho mayor. Se cree, además, que el excesivo calor influye en las precondiciones que generan los terremotos. Surgirán tormentas, huracanes catastróficos e inmensos tsunamis. Grandes zonas se inundarán, ríos y lagos crecerán como nunca antes, muchas personas morirán ahogadas ... eso no es mañana ni pasado, lo estamos viendo ya. Cientos de personas han muerto, en este mes de julio del 2,010, por inundaciones en China, Estados Unidos, Colombia, México y otros países.

8-. La catástrofe

Al derretirse los polos y los glaciales por el aumento del calor, subirá el nivel del mar y de las aguas en general, y anegará islas, costas y ciudades. Las primeras víctimas serán los países tropicales, de los que sólo las zonas de lomas y montañas se salvarán ... de las inundaciones, no de algo que vendrá después, el fin de la agricultura y la ganadería, el hambre total.

Varios países de las altas latitudes de ambos hemisferios, como el norte de Estados Unidos, Canadá, los Países Escandinavos, Rusia, y el sur de Australia, de Chile y de Argentina, etc., se beneficiarán por el aumento del calor. Los rusos podrán plantar mangos y los canadienses mamoncillos, y ahorrar el combustible de la calefacción; pero será sólo por un breve tiempo, medio siglo tal vez, porque después estos países sufrirán, también, el exceso de calor y sus consecuencias. Lo peor de todo no serán los incendios ni los deshielos ni los huracanes ni los desiertos ... sino el hambre que causará la ausencia casi total de agricultura y ganadería, y las epidemias que ocasionarán las inundaciones.

Sin llegar aun a eso, hoy mismo, casi dos mil millones de seres humanos carecen de agua potable, ya que el 97.5% del agua del planeta es salada. Casi tres millones de personas mueren todos los años por tomar agua contaminada, casi todas en los países pobres, víctimas del dengue, la malaria, los parásitos intestinales y demás, o sea … una cada doce segundos.

A medida que se calienta la superficie del mar aumentan las probabilidades de que haya mucho más huracanes. Esos que se forman en el Atlántico tropical cercano a Africa y vienen hacia acá, como Mitch, Andrew, Katrina, Ike, Gustavo y tantos otros que han causado enorme destrucción y muerte, irán también al Atlántico sur, hacia Brazil, Uruguay y Argentina, adonde hoy no existe ese fenómeno. La temporada de huracanes abarcará el año entero. Tendrá que crearse otra escala distinta a la de Saffir-Simpson porque los habrá mucho más destructivos que los de Categoría 5, la máxima de hoy.

9-. La guerra social

Al ser los países tropicales los más afectados por el calor, habrá grandes emigraciones, que no serán, por supuesto, tan pacíficas como las de ahora. Miles de millones de hindúes, indochinos, indonesios, africanos, latinoamericanos y otros pueblos, se verán ante el cercano espectro del hambre y la muerte, y tendrán que buscar comida, o sea emigrar. Los gobiernos de los países que aún tengan agricultura y otras fuentes de comida, como el norte de Europa, Canadá, Siberia, etc., protegerán sus fronteras.

Vendrá, por ello, la guerra de las fronteras, en la que habrá millones de víctimas. En los propios países en los que aún no haya tanto calor y en los que todavía existan grandes desniveles económicos si persiste el capitalismo, vendrá la guerra social, mucho más terrible que la de Roma en tiempos de Espartaco, a la que se dio ese nombre.

Habrá, también, grandes conflictos internacionales. Para ese entonces, a fines del Siglo 21 y principios del 22, más países tendrán bombas nucleares y, para defenderse, las usarán. Tal vez las guerras nucleares puedan evitarse mediante acuerdos de paz y desarme, porque nadie querrá que los efectos de la radioactividad y del invierno nuclear acaben con la vida en la Tierra; pero no se podrá evitar la guerra total que la naturaleza le hará al ser humano en justa respuesta a la que el ser humano le ha hecho a la naturaleza.

10-. La esperanza de Kioto

En diciembre de 1997, los países del mundo, con excepción de Estados Unidos y unos pocos más, firmaron el Protocolo de Kioto. Se trata del mayor acuerdo ecológista que se ha hecho hasta ahora, porque compromete a los países a disminuir la emisión de los seis gases de invernadero que, siendo efecto en parte o en todo de la actividad humana, recalientan al planeta, o sea bióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbono, perfluorocarbono y hexafluoruro de azufre.

No sólo el gobierno de Estados Unidos se negó a firmar el Protocolo sino que, desde el primer día, le declaró la guerra a ese gran esfuerzo por salvar la vida en este planeta, convirtiéndose en el peor enemigo que haya tenido la humanidad en toda su historia.

Al negarse el gobierno del país que emite más del 30% de todo el exceso de bióxido de carbono que llega a la atmósfera y el 25% de los otros gases de invernadero, se levantaron voces poderosas en Japón, Alemania, China, Francia, Inglaterra, Rusia, Italia Brasil y Canadá, o sea las grandes potencias económicas, que le reclamaron a sus gobiernos el incumplimiento del Protocolo.

El problema es que si Estados Unidos no cumple el acuerdo porque frena su desarrollo económico, las otras potencias no van a querer que su producción, o sea su economía, decrezca. La culpa principal la tiene el gobierno imperial de Estados Unidos, y son las potencias industriales las que lanzan a la atmósfera las tres cuartas partes de los gases de invernadero, a pesar de que en ellas sólo vive una cuarta parte de la población, o sea que el 25% de la humanidad está asesinando al 75% y, en ese inmenso crimen, perece ella también.

El problema más grave que confrontamos hoy es la mentalidad consumista que existe en los países capitalistas. Es ese carpe diem, como decían los antiguos griegos, o sea el disfrute presente de la vida sin que importe para nada el futuro, el que está destruyendo al planeta. Esa salvaje irresponsabilidad es típica de un sistema que lo explota todo hoy como si el futuro no existiera, condenando a muerte a nuestros descendientes, o sea cometiendo el mayor crimen de la historia.

11-. La traición de Copenhague

En diciembre del año pasado, se celebró en Copenhague, Dinamarca, la que se esperaba que fuese la mayor conferencia ecologista mundial después de Kioto … pero resultó ser, más que un fracaso, un crimen.

La Declaración Final de Copenhague sepultó el Protocolo de Kioto porque el límite de tiempo para comenzar a reducir la acción de los gases de invernadero ya está próximo a expirar y no hay interés para cumplir esa meta por parte de las potencias mundiales, que son las que producen mas del 75% de esos gases tan dañinos. Han sido inútiles, además, la Convención Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas y las 15 convenciones que siguieron a la Cumbre de Río. Copenhague nos ha situado en el minuto cero de la lucha contra el calentamiento global.

Tal declaración, basada en el supuesto pacto de cinco naciones, satisfizo los intereses de la gran industria capitalista porque es un documento de intención, no un acuerdo real, ya que no obliga a ningún país a reducir los gases de invernadero.

El acuerdo que se logró con la participación de China, India, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos, y el consenso de otros 25 países, acepta que la temperatura del planeta no debe subir más de 2 grados centígrados, pero no llega a ningún acuerdo práctico para que el efecto de los gases de invernadero no la haga subir más allá de ese límite.

Copenhague no hizo mención a lo que se había planteado en acuerdos anteriores, limitar el ascenso de la temperatura por debajo de 1.5 grados centígrados y no mencionó la reducción de los gases de invernadero en un 80% para el año 2050, o sea que para ese acuerdo traidor los planteamientos de las pasadas cumbres quedaron sin efecto.

La infamia de Copenhague es una prueba definitiva de que a las potencias capitalistas, y medio capitalistas, que son los causantes del 75% de los gases de invernadero que provocan el excesivo calentamiento global, no les preocupa el futuro de la humanidad.

12-. El ciclo eterno

Al desaparecer los países del trópico por el hambre y muchas otras desgracias, los que se hallan cercanos a los dos polos serán tropicales. Zunzunes alegres, casi invisibles, volarán sobre los huesos de enormes osos pálidos, pero no lo harán por mucho tiempo porque las aguas ligeras de lo que hoy es compacto hielo cubrirán todas las flores que ayer no lo eran.

Al final, y después del estruendo de huracanes gigantescos y diabólicos tornados, vendrá la quietud sobre la faz de la Tierra y lo que hoy es todo, será entonces nada. Un armagedón al revés porque en la batalla final ganarán las fuerzas del mal, no del bien. Un holocausto, no un apocalipsis, porque detrás del ruidoso fin no vendrá el reino de los cielos, sino el del silencio.

Mas no será el fin de todo en nuestro planeta porque la vida proseguirá en las aguas, como hace más de 600 millones de años, y la inquieta geología seguirá su agitado curso. Las tierras sumergidas emergirán y las emergidas se sumergirán. Las grandes masas de tierra, en las que la humanidad se suicidaba, asesinando a las demás especies, se juntaran o se separarán. Vendrán grandes cambios de clima. Las plantas volverán a la superficie terrestre y, con ellas, el oxígeno, el mismo que había dado vida a la humanidad antes de morir por causa de la humanidad. Los gases de invernadero harán que la superficie terrestre sea habitable y una capa de ozono nos protegerá de los rayos dañinos del sol.

Un buen día, porque el planeta seguirá dando vueltas alrededor de sí mismo, uno de los peces que habitarán los mares de poco fondo afincará sus agallas y se arrastrará un breve trecho sobre la tierra lodosa, aunque firme. Enardecido por su insólito paso, lo repetirá sin descanso hasta morir de cansancio. Otros lo imitarán y sus descendientes harán lo mismo por millones de años: las agallas se volverán patas y las branquias, bronquios. Después vendrán la salamandra, el diplosaurio, el terápsida, el lemur, el simio, el homínido … la bípeda Lucía diminuta, el Tales preciso, el Leonardo genial, el Newton calculador, el Marx analítico, el Einstein notable y el tullido Hawking saltando sobre las estrellas y balbuceando sus hallazgos.

Todo lo que habrá de desaparecer reaparecerá y, tal vez, la especie de la razón vuelva a ser tan irracional como la de hoy, por lo que habrá otro raudo fin de la vida y otra lenta evolución ☼

Última actualización el Sábado, 24 de Julio de 2010 03:27