EEUU. Tea Party: el avance de la ultraderecha con el apoyo de multimillonarios Imprimir
Martes, 14 de Septiembre de 2010 03:01

Silvia Pisani / Agenda Radical

El crecimiento de la ultraderecha. Avanza el Tea Party con el apoyo de multimillonarios. Murdoch y los hermanos Koch son algunos de los impulsores

No fue sólo la impresionante demostración de fuerza que hizo al congregar a un millón de personas al pie del monumento de Abraham Lincoln, en esta ciudad. El Tea Party, el movimiento que expresa enojo popular contra el gasto público, se fortalece con el soporte financiero de millonarios como el magnate de los medios Rupert Murdoch, contrario a la intervención del Estado y a la presión de los sindicatos.

Nombres menos conocidos, pero con agendas similares –y fortunas comparables a las de Warren Buffet o Bill Gates–, también suman su apoyo, según divulgaron medios locales.

Convertida en la fuerza con mayor capacidad de movilización en la sociedad norteamericana, con un virulento discurso de rechazo al gobierno de Barack Obama, el Tea Party se jacta de haber apoyado financieramente y de haber colocado candidatos propios en cinco estados. Y es apenas el comienzo: su gran apuesta son las elecciones legislativas de noviembre. Incluso, donde aún no tiene o no logró imponer candidatos, su agenda pesa en la propuesta de aspirantes republicanos y demócratas, presionados a forzar el discurso para resistir el arrastre que el movimiento ejerce.

"Su presencia es el fenómeno más llamativo del actual panorama electoral", dijo a La Nación John Voytek, analista social de la Universidad de Colorado, uno de los estados donde el Tea Party está cobrando fuerza.

Muchos –y eso incluye a miembros del gobierno y del Partido Demócrata– se quedaron boquiabiertos por el espectáculo que fue capaz de ofrecer, hace diez días, en Washington.
 
Un millón de personas que, bajo la mirada de la estatua de Lincoln, despotricaron contra el gobierno de Obama en medio de proclamas de patriotismo y de "recuperación del orgullo de país".

"Nadie duda de que quienes estaban allí lo hicieron por voluntad propia, porque se sienten representados. Pero otra cosa es preguntarse quién ayudó a que la convocatoria se concretara. Y a quién beneficia", dijo Voytek.

En una sociedad como la norteamericana –donde candidatos y partidos publicitan su recaudación como termómetro del nivel de aceptación que generan–, el dato es, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina, básico. Y la curiosidad por determinar quién está inyectando millones de dólares para financiar los actos, la publicidad y la estructura del Tea Party cayó de madura.

"A otros se les cayó la mandíbula al saberlo", se ironizó, días atrás, desde The New York Times. Con la firma del columnista Frank Rich, el diario se hizo eco de la información según la cual entre los financistas del Tea Party aparecen personas que los neoyorquinos de izquierda tienen identificados como gente progresista y grandes promotores del arte. Así calificó a los hermanos David y Charles Koch, dos personas cuyos nombres no dicen mucho para los argentinos, pero que son poseedoras de una fortuna "sólo superada por las de Bill Gates o Warren Buffet" y de una fundación que "acaba de dar el premio del blog del año a un activista que definió a Obama como cocainómano", afirmó el columnista.

Menos sorpresa generó la afirmación de que el magnate de la comunicación Rupert Murdoch también aparece como financista del Tea Party, y que uno de los brazos que utiliza para eso es la cadena Fox, de la que es el principal accionista.

La cadena tiene como estrellas a dos oráculos del Tea Party. Ellos son la ex candidata republicana Sarah Palin y el periodista y presentador Glenn Beck. Ambos fueron los oradores estrella en el electrizante acto de esta ciudad.

Los candidatos y la agenda

No sólo es la financiación de la estructura del movimiento, sino también de los candidatos que respalda. El Tea Party dice haber colocado ya candidaturas propias para las elecciones legislativas en Alaska, Kentucky, Utah, Nevada y Colorado.

Dentro de diez días buscará sumar un sexto estado, Delaware, donde aspira a que Christine O´Donnell desplace al moderado Mike Castle en las internas por la candidatura republicana al Senado. "Eso es lo que buscamos", confirmó Amy Kremer, titular del Tea Party Express.

Esa rama de la agrupación reconoció ya haber puesto 600.000 dólares para defender la victoria de su candidato, Joe Miller, en Alaska, y que ahora hará lo propio con otros 250.000 para O´Donnell.

Pero hay algo más que los candidatos propios y el dinero del Tea Party. "Su presencia y su discurso tienen un efecto político aún sobre quienes no comulgan con su extremismo, al obligar a otros candidatos a forzar sus propuestas en su misma dirección", acotó Voytek.

Uno de los ejemplos más claros es el que encarna el ex candidato presidencial republicano. Hace sólo cinco años, John McCain defendía una reforma migratoria que contemplara a los millones de indocumentados que viven a la sombra. Pero, al igual que le sucedió a Charlie Crist, el gobernador republicano de Florida, McCain se vio obligado a asumir posiciones más extremas, empujado por la fuerza de la ultraderecha. Para renovar su banca prefirió abrazar la controvertida ley de su Arizona natal.

"Los partidos no han encontrado una manera de evitar que la agenda del Tea Party se les cuele en la campaña para las próximas legislativas", subrayó el analista.

El fenómeno ya no es sólo republicano sino que empieza a alcanzar incluso a candidatos demócratas, que prefieren alejarse del discurso del partido y salvar el pellejo con loas a la política de ajuste, recorte del presupuesto y, en pleno desempleo, eliminación de puestos estatales.

Ya cayeron en el lema de "todo por superar el déficit" los aspirantes demócratas de Colorado –donde el adversario es un representante del Tea Party– y de New Hampshire, donde posiblemente haya otro, según The Washington Post.

"Resulta sorprendente" escuchar a aspirantes demócratas coqueteando con la idea de cargarse estructuras de educación o de salud, comentaba el diario. En el mismo artículo, Seth Masket, analista de la Universidad de Denver, ponía en duda que semejante recurso fuera una buena idea.

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