Sobre Libia y las rebeliones árabes (Nosotros, los provincianos) Imprimir
Lunes, 28 de Febrero de 2011 03:08


Jeudiel Martínez para Insurrectasypunto

El “mundo” no necesita ser cambiado porque cambia constantemente, la que tiene que cambiar es la izquierda en todo caso,  todos los horrores, las mediocridades, las violencias que conocemos no son testimonio de la  quietud del mundo, de por si inquieto, sino de su dinamismo...

A  Ludovico Silva, Pedro Duno y Ángel Rama.
A los que hoy luchan y mueren en el Medio Oriente.


La conspiración.

La BBC ya estaba hoy deslizando que Gene Sharp era el “teórico de la revolución” en Egipto a pesar de que admitían que  allí casi nadie sabía su nombre, una vez más, es preferible pensar que las pirámides las fabricó un extraterrestre o que la rebelión del Cairo la diseño un funcionario anglosajón que admitir que algo tuvo que ver con ello la gente egipcia, pero no es solo la derecha neocon la que piensa eso. En otro momento de la historia o de la cultura, uno se podría imaginar a la izquierda en general, clamando que es imposible que miles de hombres y mujeres llevaran su vida hasta el límite –o la pusieran en el límite- solo por la influencia de una agencia internacional, que la decisión de rebelarse es irreductible y que, en todo caso, la línea transversal de rebeliones desde Túnez y  Bahrein hasta Libia indica claramente que el fenómeno sobrepasaba toda conveniencia táctica o estratégica inmediata, a todo oportunismo o polaridad conveniente.

Pero tememos que el deseo del nor-atlantismo de atribuirse una rebelión que es también contra los acuerdos de Camp David y el Bloqueo de Gaza, va a ser recibida con entusiasmo en Venezuela y Latinoamérica por buena parte de la izquierda, nada más quisieran los EEUU sino que de verdad se aceptase la  conveniente tesis de que el estado policial que monitorea desde las combinaciones de libros que compra la gente hasta las palabras clave en sus conversaciones son los campeones de la libertad, pero lo que definitivamente llena de una enorme tristeza es pensar que en América Latina, o al menos en Venezuela, la izquierda realmente está convencida que en el plano de lo histórico universal las únicas fuerzas activas son el Departamento de Estado y  la CIA. A la teoría vieja y reaccionaria de la conspiración comunista, la reemplazo la “conspiración de occidente”.

No podrían estar más de acuerdo sus  rivales   de la oposición y las clases medias que –inexplicablemente- se han autonombrado la legión de la civilización, al fin y al cabo eso es lo que han dicho durante años: que el surgimiento de un mundo planetario es obra del americanismo, que no es ni siquiera  la “civilización occidental” sino “América”  la única entidad “excepcional” auténticamente democrática y revolucionaria, la clave de la historia universal. Es así que durante años,  la revolución rusa o china o Haitiana, la independencia de la india, la descolonización han sido descartados como eventos histórico-universales, la derecha atlantista  los considerara como una imitación de la fundación de los EEUU, una prolongación de su proyecto, o una resistencia al mismo, que es la clave de toda la vida global considerada como un Mercado, un conjunto de instituciones o el espacio en que circulan los capitales. La izquierda los vera como  eventos propios del “sur” o de “Nuestra América” o de cualquier termino que sirva para restar esas magnitudes a las del mundo planetario, pues “global” para ella también es sinónimo de mercados e intervenciones.

Esa posición, combinada con otras que no viene al caso citar aquí, ha creado esa realidad en las Universidades, centros de investigación y organizaciones políticas latinoamericanas en que los profesores universitarios, los dirigentes políticos y los militantes de a pie ya no tienen que entender nada ni pensar sobre nada excepto sobre el prontuario, no solo de las personas, sino de los acontecimientos: personalizado al estilo de los profiles del FBI todo lo que viene del “mundo exterior” es escrupulosamente revisado por una policía de la opinión, y en los pasillos de universidades y ministerios se concreta el trabajo de intelectuales que leen periódicos y solo tocan los libros para buscar huellas digitales: si Antonio Negri criticó nociones caras para la izquierda y el nacionalismo locales, es evidentemente, porque la CIA procesó su liberación y parte del acuerdo fue que escribiera ese libro “desmoralizante”, si algún disidente o emigrado soviético tuvo en la guerra fría la mala idea de criticar un régimen que  psiquiatrizaba a los que se oponían o los exiliaba –como el zarismo- en el frio de Siberia, pues eso fue obra del Pen Club, una fachada de la CIA, y si no se puede o no se quiere para el profile indicar eso que parece ser la causa universal, pues siempre se puede hacer directamente lo que hacia la KGB y psiquiatrisar: Foucault  era un homosexual reconocido que trató de suicidarse varias veces en su juventud, el “post-estructuralismo” y el obrerismo italiano son productos del amargo resentimiento por la derrota –derrota que, por supuesto, no es causa eficiente a la hora de analizar a la izquierda criolla- y toda la resistencia al estalinismo es por supuesto, obra de la CIA ¿Qué otra razón podría haber para resistir el Gulag y la policía política?.

Terminamos por vivir en un mundo en que hombres pequeños cuya obra  o trabajo  está casi unanimente dictada por la convivencia periodística mantienen un proceso difuso y perpetuo sobre cualquiera que encuentren inconveniente. Una nueva figura se forma,  combina el viejo “intelectual orgánico”, el periodista audiovisual y el funcionario de inteligencia, es un inquisidor, pero en un sentido completamente nuevo, lo encontramos en FOX NEWS y en Venezuela a ambos lados del espectro político en los medios de comunicación, las ONG y universidades, son los “operativos” de una guerra de lo intangible o lo “inmaterial” y la figura propia de una tecnología de poder que ya no requiere de la Censura: son los que etiquetan de antisemita al que defiende la lucha de los palestinos o llaman agentes de la CIA a los que critican al gobierno cubano o los que, en tardes y noches cada vez más grotescas y siniestras, destruyen la reputación de hombres minúsculos para asegurarse el poder hacerlo cuando surjan otros más grandes. Ese periodismo policial que es el reemplazo del censor en las sociedades de control donde la producción del vinculo inmaterial, de la comunicación en sí atraviesa todas y  cada una de las relaciones.  En Venezuela, se bautizó en los allanamientos del 12 de abril para luego ser replicada velozmente en el otro  bando ante la angustia de combatir las “matrices” de la guerra de cuarta generación.

Pero como hemos dicho, en el mundo de los perfiles  y las matrices,  no solo se hace el de las personas o los sujetos, sino el de  acontecimientos de todo tipo, y esos perfiles terminan por mostrar la relación de todo lo más heterogéneo con una causa simple: de la “postmodernidad” a las rebeliones en el mundo árabe pasando por Wikileaks o cualquier otra cosa, todo puede ser atribuido al Aparato Universal de Policía, pues al fin y al cabo solo donde prosperan los gobiernos de izquierda  latinoamericanos son las gentes dueñas de sus propias acciones y no títeres teledirigidos o simulacros de computadora, por eso,  se oyen fragmentarias en las conversaciones cotidianas, en la blogosfera, en todo el internet, en las conferencias y demás, las sentencias de nosotros, los esplendidos, los incomparables caribeños a la impotencia de las siete mil millones de  almas que no tienen la suerte de vivir bajo un gobierno de izquierda nacionalista y sobre un enorme paquete de petróleo: todas las series de televisión son producto del departamento de estado, la rebelión en Libia fue manufacturada por las potencias occidentales, Assange es un agente de la CIA, etc.

No es un mundo de acciones y reacciones, de estrategias y contra-estrategias, de agentes y agencias, no es uno en que se trata de mantener el control en Egipto mientras se abre un nuevo conflicto en Bahrein e Irak, en que Gadafi tiene un dudoso acuerdo migratorio con Berlusconi, y su hijo, acaudalado empresario, da conferencias en la London School of Economics,   donde el gobierno Sirio apoyó la  invasión a Irak en el 90 y sirvió de contratista para torturar para la CIA, donde  Ahmeinayad, a poquísimos días de nuevas protestas en su país, se distancia de Gadafi, y los miembros de la Flota de la Libertad de Gaza escriben a sus amigos de Latinoamérica para preguntarles  porque están condenando las rebeliones árabes. Donde el islam político es lanzado contra la izquierda secular por el sionismo y el americanismo y luego se vuelve contra sus amos para luego transar con ellos, aquí y allá, en Egipto, en Indonesia, en la misma Arabia Saudí Wahabita.

Ese mundo es  una esfera cerrada sobre sí que sirve de ambiente a aparatos de pensamiento intangibles y persistentes regidos por algoritmos implacables, y por eso, la dogmatica es ya una cibernética, lo que puede ser en esta fase del capitalismo: un implante virtual en el cerebro.   En la dogmatica todas las explicaciones son convenientes  y todo remite a una sola causa, así, los ingenuos son inmensamente felices pues se puede ser sabio por automatismo y todas las ecuaciones, las sumas y las restas, los rompecabezas y las adivinanzas, las preguntas de la esfinge y los balbuceos de la pitonisa  dan siempre el mismo resultado: Es un plan de los EEUU.

Si esto fuera un documental, y si tuviéramos una cámara, saltaríamos tras un breve fundido a negro a varios sitios donde predomina una cultura política similar: las soleadas praderas de Utah, los pantanos de Luisiana, las montañas de Oklahoma, allí los redneck y White Trash podrían encontrar con la política venezolana innumerables e insospechados paralelismos: por un lado, un eco en el anticomunismo de las urbanizaciones caraqueñas, algún gustillo por el linchamiento  y la horrible vulgaridad  de la risa de los muchachos clase-media -agrupados alrededor de un carro, tomando beers y haciendo chistes sobre gases  y flatulencias-  ahí las similitudes explotan como una granada pero no solo es allí, donde somos tan Americans es también con otro tipo de personas que piensa, como ellos, que todo es una conspiración del gobierno de los EEUU y a la que en realidad, asumámoslo, no le gustan mucho los extranjeros, una que ha fetichizado el poder hasta tal punto que los terremotos en el Caribe y las manifestaciones en el Medio Oriente parecen tener una misma fuente: la gente de izquierda o al menos una gran  parte de ella es más americanista de lo que cree.

Pero en fin, como uno  de esos comics de Marvel llamados “what if?” – ¿y qué tal si?- el gobierno de los EEUU (S.H.I.E.L.D en este caso cuyo actual director es Steve Rogers, el Capitán América) recluta a Xavier –que controla las mentes-  y a Magneto –que controla el campo magnético- para provocar tanto la insurrección en Libia y Plaza Tahir como el terremoto en Haití. Como está es la historia de un guionista perezoso y poco original, los detalles quedan por fuera: ¿sabían las buenas almas que creían que el arma HAARP había causado el terremoto de Haití “para intervenirlo” que ese país está ya intervenido hasta los tuétanos y venia  de un golpe pro-americano?, ¿saben que puede ganar “occidente” en la Libia que negocia con la OTAN desde 2001 que ya no tenga?  Y de haber  distinguido un objetivo claro y distinto para la división de Libia ¿ello excluye que la rebelión sea real, autónoma? ¿Podemos asegurar que por analogía con nuestro gobierno todo lo que pasa en Libia tiene que ser idéntico al 12 de Abril de 2002? ¿Qué la vida de todos los hombres y las mujeres de Libia tiene que adecuarse a nuestra política exterior y sí no lo hace son “peones del imperio”?

Esa es la cuestión, en una serie de analogías y conveniencias a buena parte del Chavismo le parece que cualquier gobierno con el que Venezuela se alié o tenga relaciones  debe estar  “hecho” con el  mismo modelo de nuestras experiencias, en Libia Chávez es Gadafí, los rebeldes son la oposición y los EEUU son, bueno, los EEUU, lo que lleva a la situación vergonzosa de que todo el mundo este compelido a ajustar su estado de cosas a  nuestra diplomacia y nuestra política petrolera. El rechazo a las rebeliones en el medio oriente ciertamente no fue unánime entre la izquierda venezolana o el chavismo, pero la corriente de desconfianza y rechazo era sólida y ahora con lo sucedido en Libia esa corriente se ha fortalecido a pesar de que la situación es compleja y  heterogénea. La combinación del formato con la romantización de la política  lleva a concluir que como el gobierno nacional –y el de Italia y Francia si a eso vamos- tiene una relación  con el régimen de Gadafi que se adecua a su política exterior soberana pues   a todos los Libios en todo momento también debería padecerle adecuado el régimen libio, faltaba más, ¿acaso saben lo que les conviene mejor que nosotros? En esa línea había quien, en la Red, descalificaba a los manifestantes de Plaza Tahir por que no hablaban del socialismo del siglo XXI,  ¿Quiénes se creen que son eso árabes? , ¿Cómo se atreven esos tipos a no usar nuestras consignas?

Pero si en el formato que comprime el pensamiento político aplicar el modelo del 12 de Abril a cualquier momento o coyuntura política de nuestro país es erróneo y reduccionista y conducirá seguramente a errores de juicio en el futuro  – y la prueba es el fracaso estrepitoso del modelo paralelo de la oposición de tratar al gobierno de Chávez como uno de Europa Oriental, como a Milosevic- a un nivel más amplio lo que queda claro es el provincianismo de nuestra cultura política:  En Venezuela Aqueos y Troyanos, Romanos y Etruscos, Capuletos y Montescos, todos están de acuerdo en que la situación actual en nuestro pequeño país es el parámetro para medir las sacudidas histórico-universales, si los egipcios salen a derribar a Mubarak eso no puede querer decir otra cosa, para toda la humanidad, sino que al fin vamos a  salir “de aquel”  y si en medio de esa situación vertiginosa comienza una insurrección en Libia es porque allá pasa “lo mismo que acá en 2002” ¿y claro, es que no es evidente?, ¿No somos al fin y al cabo la medida de todas las cosas?.

Es que ese es el asunto, Caracas Hill , un acogedor poblado de Utah – a veces un sitio más Mediterráneo, cercano a Marsella y donde el alcalde es Le Pen-  es una localidad muy provinciana, al fin y al cabo no es probablemente un pueblo de Utah o el sur de Francia, sino una imagen congelada una Caracas que jamás existió, en  cualquier caso allí entre los que se interesan por la política, todos están de acuerdo –con Susanita, la monstruosa niña-madre-  en que no formamos parte del mundo, que a veces nos visita, con buenas o malas intenciones, pero siempre está afuera. 

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea”

Como todos los pueblitos, este pueblo virtual  se origina en la plaza bolívar, allí se abre una cesura ancha, en la margen derecha viven unos qué   dirán que solo  modernizando el pueblo, el mundo vendrá a quedarse a vivir una temporada en la posada de Don fulano, ya que –dicen con gesto orgulloso- el “aquí Don Capitalismo no ha llegado nunca, acá lo esperamos”, es el estatismo el que causa la pobreza, etc. pues aparentemente, ni las torres de Parque Central, ni PDVSA, la Polar o Venevisión  -o  el retén de la Planta, o la Guardia Nacional- tienen nada que ver con la modernidad o el capitalismo (si es que hay alguna diferencia entre una cosa y otra).

Al otro lado de la plaza bolívar, donde la gente no se confiesa con el cura  sino que le pide consejos al maestro de la escuela –que dicen conoció a Don José Martí y a Eduardo Blanco - y a los clavicordios y los pianos no se les dice clavicordios y pianos sino “clavicordios y pianos socialistas” o “nuestros clavicordios y pianos” queda claro que el “Sur” y “nuestra América” son orbes aparte cuya  relación con el otro planeta llamado “tierra” –inventado por una conspiración de propietarios blancos- suelen ser de atroces y violentas invasiones.  Ellos mismos a pesar de que no hablan ni aymara, ni yanomami y están obsesionados con la revolución francesa y la igualdad-libertad-fraternidad y con el uso intensivo de celulares y automóviles  no son parte de occidente ni de esa enigmática “tierra” de la que hablan los postmodernos.

En esta parte del pueblo  -a diferencia de la otra- es inconveniente decir que se tiene algo que ver con Europa –el verdadero nombre de la citada “tierra”-  y decir que se tiene “ascendencia europea” es de mal gusto, aún si al decir soy “mestizo” (¿y quién no?) o “soy afrodescendiente” (¿Quién  no desciende de africanos?) se lo dice en castellano, un idioma hablado en la “tierra”. Visitantes de otros lugares se han maravillado por ese planeta-pueblo, especialmente por su gusto por las paradojas, los de la margen derecha dicen odiar al estatismo pero viven obsesionados con tomar el poder, y los de la izquierda usan una palabra germánica “folklore”  para designar a su cultura “originaria”.

Esos en particular, con absoluta naturalidad, hablan contra el eurocentrismo la mitad del día, y la otra mitad de libertad, igualdad, derechos humanos y Socialismo, gracias a esa paradoja han resuelto la cuestión del racismo y el colonialismo: como la libertad, la igualdad, los Derechos Humanos, la democracia y la tolerancia son valores universales que definen al Hombre, no pueden ser nada más valores europeos, en consecuencia,  todos los pueblos del mundo tienen palabras para designarlos, tienen su humanismo y su ilustración que es “otra”  cosa a fuerza de ser lo  mismo, todos somos europeos de 1789 .

Cada cultura es una franquicia por decirlo así que precede a la llegada de la casa matriz: los europeos no tienen que enseñarnos a comer pasta o hamburguesas porque todos los hombres ya las comían desde siempre,  esa sería la lógica,   pero igual que todas las culturas tienen una gastronomía o una cultura material y no todas han concebido la hamburguesa, la valoración de la vida, de la libertad o de la dignidad no han dependido siempre de los valores europeos de 1789, y ciertamente, no podrán hacerlo siempre, la crítica al eurocentrismo en ese sentido es tan fallida como el viejo desarrollismo, su contrapartida y complemento, es más –sobre todo en América latina- una obsesión con lo colonial que su análisis, no es que el mundo sea ahora “chévere” –es lo que parece preocuparles que la gente crea- es que el poder funciona distinto en un mundo planetario y hay que pensar más como hacerlo más ecuménico, más universal, más pleno de lo que lo permiten los proyecticos territoriales del fondo monetario, las intervenciones de la OTAN y las leyes de emigración y propiedad intelectual, esa es la lucha por lo histórico-universal que es también la lucha por lo común, diferente de  aislarnos en las murallas de pueblos-fortalezas y en las ideas de la modernidad temprana con las que se tiene esa relación tan atormentada.

Pero como  en el fondo muy poca gente piensa que algún día el Fondo Monetario, la Otan, los EEUU o Hollywood  no sean potencias, “amos” planetarios, toda una lógica del refugio, de la preservación en lo nacional visto como una fortaleza se abre paso, es entonces cuando el pensamiento se obsesiona con la violación de esa fortaleza y pierde de vista  el enorme conjunto de las figuras y fondos “globales”.

Mas  esas ideas de la modernidad temprana, implican siempre unas instituciones y unos proyectos, la declaración de derechos humanos no se opone al campo de concentración o lo limita: hoy tenemos policías, fuerzas especiales, ejércitos, cárceles y hasta  bombardeos en nombre de la democracia y los derechos humanos. Ninguna rebelión moderna puede divorciarse de esa lucha por librarse de esas paradojas sangrientas, y solo nos ilusionamos con esos proyectos siempre inconclusos –policía, cárcel, etc.-porque soñamos que la norma es independiente de la fuerza y el agente que la hace cumplir.

Las rebeliones y luchas son por ello tanto a favor de los derechos humanos o la democracia  como en contra, pues en cada generación la gente debe rebelarse contra el aparato que en la anterior, se desplego para defenderlos: ¿no es libia el país más democrático del mundo?, ¿no es Mubarak el heredero del gran Nasser? ¿Zine El Abidine Ben Ali no era el sucesor de Bourgiba, el educador? ¿No hablaba Acción Democrática de “una Venezuela libre y de los venezolanos” mientras tiraba a Alberto Lovera destrozado en una playa?

El problema no es que rebelión o que régimen es verdadero o cual es falso –verdaderamente democrático, popular, legitimo, etc.- pues en cada nueva oleada se combate tanto lo fallido, lo incumplido, como lo que en su momento fue conquistado para abolirlo o para modificarlo, la libertad de militar en partidos políticos genero luchas durante casi todo el siglo XX venezolano y al final, la gente tuvo que luchar contra la misma partidocracia, actualmente muchos de los reglamentos gremiales más que “asegurar” a los trabajadores convierten la burocracia en un sistema cerrado (piénsese en las universidades públicas venezolanas)  es de pensar que los Egipcios –y tal vez los Libios- piensen  que la integridad del territorio o del espacio “vital”  necesario para la vida común no debe depender de un gobierno militar o del monopolio de una familia.

El problema es como las fuerzas colectivas en todo el planeta, generación tras generación luchan para generar el orden más adecuado a su naturaleza, a su estado de cosas, la noción de derecho, de orden, de constitución regresa modificada en cada lucha, y más débil es su vinculo con lo que la definía en el pasado, cada lucha es una genealogía y una génesis, igual que cada invención es una lucha contra un límite ¿es derecho hoy lo mismo que en 1945? ¿Es humano hoy lo mismo que en 1789? ¿Puede concebirse hoy esa vieja palabra, democracia,  con connotaciones meramente políticas o jurídicas, neutrales y moralistas como quieren los medios? ¿de la discusión permanente como quieren otros? es en torno a cada lucha y situación concreta como podemos juzgar a cada rebelión y cada régimen.

La Era del Común.

Si hoy una buena parte de la izquierda atribuye todos los eventos planetarios a una conspiración global y permanente, como lo hacía antes la derecha con la “conspiración comunista” y el “Oro de Moscú” es porque esa izquierda se quiere sustraer a lo planetario, lo histórico-universal, y si lo hace es porque está de acuerdo con los neoliberales en que lo único que se globaliza es el dinero y la política exterior americana.

Habría que contestar a unos y otros que lo que es planetario son las fuerzas históricas, productivas que pasan por la especie humana: las invenciones, las migraciones, las rebeliones, el esfuerzo constante para seguir existiendo, para perseverar en la vida y abundarla, la informática no es de nadie como no lo es la matemática o el mismo lenguaje, de nadie es la habilidad y la virtud, solo pasan por nosotros,  de ahí  que las telecomunicaciones, la informática, la industria,  la producción artística y cultural no son “inventos del capitalismo” porque el capitalismo no inventa nada, es la fuerza-trabajo, el esfuerzo  de la especie humana lo que inventa  y genera  y ese esfuerzo, ¿de que podría brotar si no en el de la naturaleza,  de su productividad, su generosidad? estamos aquí para hacer lo que esta contendido en ella y que no puede  por otra vía, para bien y para  mal.

En ese contexto, a una visión triste y reactiva de la técnica como razón instrumental, a una mirada de lo ecológico basada no en la afinidad con lo natural, en la busca de la relación más adecuada con su movimiento, sino en la culpa y el odio a la riqueza, a la plenitud, a su reducción a un objeto estético, un paisaje, a la nostalgia de otras épocas, se une ahora para muchos, un cierto rechazo a la rebelión, al menos a la que no “cuadra” con una forma preconcebida. Pero en fin, hay un componente que es típicamente venezolano o caribeño en esta visión, hay algo que tiene que ver con nuestro modo de ser en particular, así como es ridículo pensar en la clase media de oposición que se ilusiona con que  “este es el próximo” –ridículo imaginar a los muchachos de la Candelaria y el Cafetal saliendo de las discotecas, oficinas y abastos para arremeter con fusiles contra las tropas, retando a los aviones y muriendo entre gritos de guerra- así mismo es ridícula –y reaccionaria-  la soberbia pueblerina de los que piensan que son los únicos de todo el planeta que son dueños de sus pensamientos y  sus palabras.

Pero no nos extrañe nada, por décadas en el Caribe se ha pensado que nadie en otro lado sabe hacer el amor, cocinar, vivir la vida, o hacer nada mejor que  nosotros: si hay una demostración en Seattle es de Hippies pequeñoburgueses, si es en el Cairo es la CIA, las europeas, unas frígidas, vienen constantemente acá a buscar varones “que les den lo suyo” porque  los de allá son de mentira, los artistas a buscar inspiración en “nuestros colores” y “ritmos” porque el mundo es descolorido y sin ritmo, todos los pueblos vienen a buscar nuestro apoyo porque ninguna otra historia le llega ni a los talones a la nuestra, vivimos al parecer sobre un mundo incapaz de su propia lucha, de su propia alegría y de sus propios orgasmos, a diferencia de nosotros que estamos –según parece- en el pináculo de nuestra civilización.

Necesitamos poner los pies sobre la tierra: lo que es más adecuado para mil quinientos millones de chinos, para setecientos millones de árabes, para quinientos millones de europeos no tiene porque convenir con nuestras experiencias o nuestros prejuicios actuales, y si se trata del tema de la “ruptura” con el capitalismo, hay que quitarse de la cabeza la idea de que la producción material o inmaterial es un hecho económico que pasa en las fabricas o las empresas, que una lucha contra un aparato policial o por la constitución política no tiene un impacto directo sobre los mecanismos de poder que someten a la producción y la fabrica de la vida común, que los cambios en las relaciones entre los sexos, en los modos de vida, la proliferación de las comunicaciones y las imágenes, las migraciones, la creación artística o  las luchas políticas no cambian “las relaciones de producción”.

El “mundo” no necesita ser cambiado porque cambia constantemente, la que tiene que cambiar es la izquierda en todo caso,  todos los horrores, las mediocridades, las violencias que conocemos no son testimonio de la  quietud del mundo, de por si inquieto, sino de su dinamismo, ¿para qué censurar o controlar la información si no es porque todo el tiempo se dicen cosas inconvenientes para el poder? ¿Por qué torturarla y desaparecer personas  sino es porque lo afectan? ¿Por qué no imponerle a sus luchas formas preconcebidas, dogmaticas,  sino es porque esa lucha ya esta trascendiendo esas formas y los poderes que nacieron con esas formas y esos dogmas? 

El poder insiste salvajemente, hasta el límite de lo catastrófico porque el “mundo nuevo” no es posible es real, ha de ser mantenido en la virtualidad –estando y no estando- para que no se actualice y desplace todo lo que es innecesario: ¿realmente necesitamos las burocracias, los patrones para vivir? ¿Si lo pensamos bien de todo lo que nos preservan los burócratas  y los capitalistas no es de cosas que ellos crearon? : Crisis económicas y pobreza, creadas por la explotación y la especulación, grupos de crimen organizado y carteles de droga hechos posible por su misma guerra a las drogas y nutridos por sus policías y militares o por la delincuencia nacida de la violencia y la marginación, epidemias generadas en  granjas industriales, crisis ecológicas creadas por la industria petrolera, etc. ¿de verdad podemos asegurar que todos los problemas que nos resuelven los policías o los bancos no son complicados y extendidos infinitamente por las policías y los bancos? ¿Qué su “solución” no remite a campos muchos más amplios y ricos que la administración financiera o la normalización de la policía?

Pero si no necesitamos las burocracias y patrones externos,  tampoco a los internos: realmente hay quien tiene un policía o un burócrata o un banquero en la cabeza,  y en la izquierda (política, cultural, etc) acaso lo primero que uno adquiere es un formato, un “ministerio personal” que se “prende” a nuestro cerebro, así,  si vemos la película Avatar no tenemos que saber nada más excepto si es un ocultamiento imperialista de la realidad de los pueblos o si tiene “ciertas contribuciones” a la misma, si tropezamos con una realidad desconocida solo nos preguntamos si es “popular” o no, si es “imperialista” o patriótica, solo tenemos que asignar la etiqueta más conveniente, como Bombita Rodríguez, el personaje genial de Capussotto, vivimos dentro un dialecto y una retorica   -pero no tenemos siempre la misma gracia.

Tal vez es más revolucionario dejar atrás ese formato –que es el pensamiento de otros cristalizado en nuestra cabeza- y percibir la complejidad de las cosas, sus vínculos, su resonancia, renunciar a los automatismos, ello es ciertamente una  acción subversiva, no porque nos libre de los riesgos físicos porque no hay nadie que haya tomado uno, el de rebelarse, y no se haya desprendido de un cierto modo de pensar  y nadie que realmente haya pensado distinto  sin actuar de otra manera, así el conjunto de sus fuerzas no fueran suficientes para adecuarse a ese pensamiento. 

Tendríamos así menos periodistas y menos jueces, seriamos menos soberbios y más productivos, entenderíamos y nos adecuaríamos mejor a las luchas planetarias y miraríamos con más claridad la esterilidad que el provincianismo , el rentismo y la especulación han traído a nuestro país y con ello, dejaríamos de pensar que los otros pueblos y los otros países son disminuidos, “pobrecitos” y “menos” porque no tienen –tal vez- un gobierno de izquierda o petróleo, recordaríamos los limites actuales de nuestra producción material, intelectual, artística y veríamos a países como México, Brasil, Egipto, India o los del Cono Sur, que en las peores circunstancias han levantado auténticos logros civilizatorios, pensaríamos menos en que los demás hombres como mercenarios o  títeres del poder y más en lo que nos queda por hacer, en los poderes que todavía nos gobiernan, tendríamos vergüenza, y la vergüenza es –conocemos el cliché- revolucionaria, nadie conforme con si mismo ha cambiado nada jamás .

En fin, si es necesario recurrir a consignas y frases hechas, se recomendaría más que la de Gadafi de los jóvenes drogados y manipulados -que se oía en los 90’s en los medios durante  las luchas anti neoliberales y anti-puntofijistas- otras ya muy gastadas pero al menos superiores como “la historia es nuestra  y la hacen los pueblos”  y hasta “no hay pueblo vencido”  son preferibles al plan X del departamento de estado y la estrategia Y de occidente.

Nosotros preferimos dos, una muy vieja, ancestral, prácticamente gastada, pero que tiene más de una dimensión: Proletarios del mundo, uníos. Pero acaso es mejor  otra, más nueva, en cierto modo implícita en la anterior:

“No os enamoréis del poder”.

Sábado 26 de Febrero, 2011.

Última actualización el Lunes, 28 de Febrero de 2011 03:57