"Al Fascismo no se le discute, sinó que se le combate", Durruti. Homenaje a los héroes anarquistas Imprimir
Domingo, 10 de Abril de 2011 22:10

Manuela Trasobares

Manuela Trasobares para Insurrectasypunto

Manuela Trasobares recuerda el papel fundamental que jugó el anarquismo como ideario revolucionario mayoritario en las décadas anteriores y durante la II República. 

El próximo catorce de Abril, en el 80 Aniversario de la proclamación de la República, las celebraciones tendrán de nuevo lugar en el escenario de una historiografía tergiversada y el olvido del pueblo trabajador, la CNT, la FAI y sus líderes anarquistas: el precursor Salvador Seguí, “El Noi del Sucre” (1887-1923), Buenaventura Durriti (1896-1936) , Francisco Ascaso (1901-1936), Juan García Oliver (1902-1980) y tantos otros que murieron luchando por una revolución social que otorgara una vida libre a los de su clase. Para ellos la República era una mal menor transitorio, pues representaba valores burgueses tanto en sus formas de gobierno de izquierdas como de derechas.

      Sin embargo, si pudo llegar la II República fue por la labor educadora de tres generaciones de anarquistas, por la acción directa que había conquistado derechos fundamentales y atemorizado a la clase explotadora y por que el movimiento libertario, que arrastraba a la gran mayoría de trabajadores, fue utilizado como siempre por la burguesía republicana y los socialistas para llegar al poder. En la partida de Alfonso XIII al exilio no tuvieron tanto mérito los dirigentes del Frente Popular, como quienes habían tratado de asesinar al rey en diversas ocasiones, hasta el punto de acobardarle. Anteriormente, la Dictadura de Primo de Rivera ya había sido una concesión real al autoritarismo militar para autoprotegerse de los atentados anarquistas. El 14 de Abril de 1931 los próceres republicanos invitaron a Alfonxo XIII a partir por que no podían garantizar su protección; pero quienes le estaban expulsando de España eran los luchadores que tantas veces habían tratado de aniquilarle. No consiguieron su propósito de eliminar al Borbón; pero le indujeron tal pavor que huyó y se pudo instaurar la República. Claro que el resultado de las elecciones municipales de 1931 fue determinante, pero de nuevo no podemos olvidar que el principal aporte de votos al Frente Popular provenía del anarcosindicalismo. El papel de este movimiento sindical de implantación mayoritaria será básico tanto en los antecedentes, como en el desarrollo y defensa de la II República, a pesar de que su finalidad última era el comunismo libertario, más allá de cualquier forma de Estado.

        La lucha anarquista que consiguió derrocar a la Monarquía propiciando el nuevo Régimen republicano y que durante la Guerra Civil sería su principal defensa frente al fascismo se remonta a varias décadas atrás. El Noi del Sucre, Durruti, Ascaso, García Oliver, etc.. tenían un historial de acción directa en defensa de los derechos laborales que les habían llevado en multitud de ocasiones a presidio, saliendo siempre reforzados y renovados en sus intenciones de conquistar la libertad para el pueblo. Sus vidas fueron heroicas, pletóricas de valentía, coraje, resistencia y cojones. Su valor humano está a años luz de aquellos a quienes finalmente la historia ha ensalzado. Han sido tachados de pistoleros y la historia oficial republicana ha tratado de mitigar su papel para ensalzar el de los intelectuales académicos. Pero el movimiento anarquista tuvo, además de un alto porcentaje de militantes y simpatizantes, un nutrido grupo de líderes que ganaron batallas transcendentales tanto en el campo de las ideas, como en el de las armas, como en el de los derechos sociales. Mientras estos héroes permanecieron en el anonimato, los historiadores trasladaron el protagonismo a hombres como Azaña y Companys, que jugaron en realidad un papel a menudo contrarevolucionario, tratando de maniobrar en una y otra dirección con el fin de mantener el poder y restar protagonismo a la lucha del pueblo, aunque cuando les convino la instigaron o la toleraron temporalmente. Durante la Guerra Civil, la cobardía de Azaña, que abandonó Madrid y quería dimitir o pactar con Franco, así como el acercamiento al estalinismo de Companys tuvieron consecuencias nefastas. Si comparamos esta actitud con la de Durruti, que liderando una columna de milicianos se dirigió a pecho descubierto al encuentro de los rebeldes facciosos apoyados por Hitler y Mussolini, obteniendo sobre ellos grandes victorias, veremos claramente quienes merecen nuestro honesto recuerdo y admiración. Esta confusión de protagonismos ha sido inducida por quienes escribieron la historia, puesto que en la época el pueblo tenía claro quienes eran sus líderes. Así lo demuestra la aglomeración de masas que se agolpó en las calles de Barcelona en el entierro de Durruti, caído en la defensa de Madrid o eliminado por los agentes del estalinismo, según diversas versiones.

      La barbarie fascista que acabó con la República quizá se pudiere haber derrotado, si los gobernantes republicanos de Madrid y Barcelona hubiesen tenido visión histórica suficiente como para ceder el poder al pueblo y a sus líderes que brillantemente habían repelido a los rebeldes del 19 de Julio. El President Companys, tras conseguir que los anarquistas no le arrebataran el poder, haciendo valer la victoria de sus milicianos en las calles de Barcelona, ganó tiempo con la creación del Comité de Milicias Antifascistas en el que introdujo elementos de su gobierno y de partidos de izquierdas más próximos a él. Su afán por sacarse de en medio a los libertarios e imponer el orden gubernativo y militar no cesó hasta que en los hechos de Barcelona de Mayo de 1937 las tropas regulares de la Generalitat y el PSUC asaltan el cuartel general de la CNT. Companys había heredado una deuda de Macià con Stalin y durante la Guerra Civil negoció con él para obtener apoyo. No se dio cuenta de que el mandatario ruso había cedido España al fascismo en los antededentes del Pacto Molotov-Ribbentrop (1939) y estaba jugando a retrasar los suministros de armas a la República y a provocar el fracaso de la Revolución Social anarquista con el envío de agentes en vez de armamento. Durruti siempre fue consciente de que la burguesía republicana no les apoyaría y de que al ver peligrar sus privilegios pactarían con cualquiera. Los ministros anarquistas que entraron en el Gobierno de la República contradiciendo sus propios principios: Federica Montseny, Juan Peiró, Juan López y Juan García Oliver fueron embaucados por los sectores socialistas y burgueses para sacarlos del foco revolucionario de Barcelona. Ellos debieron rechazar las carteras como solicitaban sus bases de militantes y como ha reconocido García Oliver en sus memorias, y aprovechar la ocasión para imponer un orden anarquista que disolviera el poder del Estado y lo otorgara al pueblo, junto con los medios de producción, mateniendo la consigna inicial de “Ir a por el todo”.

      Los profesores de historia proclaman una y otra vez los logros de la II República mencionando los derechos civiles alcanzados; sin embargo el principal triunfo, la principal consecución histórica del período vino de manos de los anarquistas que en distintas ocasiones lograron colectivizar la tierra y las fábricas traspasando su propiedad y sus frutos a quienes las trabajaban. Esta victoria sobre el capitalismo, finalmente aplastada por el genocidio franquista, debiera ser el referente de todos los esfuerzos actuales por plantear una alternativa política anticapitalista.

      El análisis manipulado de los hechos históricos ha sido el caldo de cultivo para que de nuevo una élite burguesa bajo las siglas del PSOE nos haya embabucado con algunos derechos sociales, mientras pactaba con el capitalismo el rescate bancario y el desmantelamiento del estado del bienestar. Todo ello planteando su período legislativo como si del advenimiento de una III República se tratara, obviando que el rey es el máximo representante de todos los poderes fácticos: capitalismo, Iglesia, terratenientes y militares y que ejerce su labor en defensa de los intereses de estas clases privilegiadas, bajo un aura engañosa de populismo y acercamiento al principal partido de la izquierda oficial.

      Toda una farsa para que el pueblo olvide a sus líderes y ensalce a sus traidores y verdugos.

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